Neurociencia: Especial para padres

Diana Poveda

Una mañana nuestros estudiantes de sexto de primaria escenificaban, en el patio del colegio y ataviados con túnicas blancas, distintas situaciones. Hace 30 años pensaríamos que los niños estaban en el recreo, pero hoy sabemos que estaban en medio de una clase de Matemáticas, descubriendo y experimentando los entresijos de los números romanos.

Igualmente, hace 30 años, apenas sabíamos cómo funcionaba el cerebro.  Hoy sabemos, gracias al avance de la ciencia, y en particular de la neurociencia, lo que los educadores intuíamos hace tiempo: no necesariamente aprendemos al memorizar, al repetir, sino que lo hacemos cuando experimentamos, y sobre todo, cuando nos emocionamos. Las investigaciones recientes en este campo han dado lugar a una nueva disciplina, la neuroeducación, que consiste en aprovechar mejor los conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro para enseñar y aprender mejor.  Dice el neurólogo Francisco Mora, en su libro “Neuroeducación”  que el cerebro posee códigos propios para aprender y memorizar elementos tan esenciales para la supervivencia como el comer y el beber. Es el conocimiento de estos códigos lo que nos ha permitido demostrar la importancia de la curiosidad y la emoción para adquirir conocimientos.  Captamos la información a través de los sentidos; de ahí es enviada al sistema límbico, en concreto a la amígdala (cerebro emocional), que la hará llegar a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos complejos.  Dada la importancia de estos hallazgos científicos, la familia y la escuela, garantes de la educación de los niños, han de tener presentes algunas estrategias de neuroeducación basadas en el funcionamiento del  cerebro.

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