Santo Domingo

La experta en Inteligencia Emocional, Inteligencias Múltiples y Musicoterapia, así como autora de la colección “Cuentos para sentir” y coautora de dos programas de inteligencia emocional, Begoña Ibarrola López, estará en el país como disertante magistral en el seminario internacional “Emociones Inteligentes desde la perspectiva Empresa, Escuela, Familia” a celebrarse el jueves 26 de noviembre 2015 de 9:00 a.m. a 4:00 p.m. en un hotel de esta capital.

La escritora Ibarrola accedió a darnos un avance especial, para la página LEA, de lo que será su disertación con el tema central “La Educación de las emociones en los espacios de aprendizaje”: Toda familia pretende educar a los hijos para que sean felices, eso nadie lo duda, pero el modo de conseguirlo varía considerablemente de unas familias a otras.

Uno de los factores que facilita conseguir ese objetivo está precisamente en cómo se maneja el mundo emocional de todos los miembros de la familia, tanto de la pareja como el de los hijos.

Existen tantos estudios sobre la felicidad que sería imposible nombrarlos, pero sí quiero destacar que los principales obstáculos para conseguir ese estado son tres: El miedo, sobre todo al fracaso o al rechazo de los demás, no asumir la resposabilidad (o responder con habilidad) y las emociones llamadas negativas. Por lo tanto una parte importante de nuestra felicidad y la de nuestros hijos tiene que ver con el manejo de las emociones y sentimientos.

Como padres es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. Por eso podemos aprender y enseñar a nuestros hijos desde bien pequeños, a reconocer lo que sentimos, saber expresarlo de forma adecuada, saber lo que sienten los demás, asumir las responsabilidades de cada momento, saber tomar decisiones, son algunas de las habilidades que se pueden aprender en familia y que son necesarias para nuestro bienestar, saber aceptarlas. Pero es importante reconocer que los padres dedican una gran parte de su tiempo a enseñarles reglas de expresión emocional que están de acuerdo con las normas de su familia de origen y su cultura. Por eso es importante reflexionar sobre las reglas que nosotros recibimos cuando éramos niños.

Si pensamos en nuestra infancia, seguro que nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas.

Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionaban una confianza y sentimientos especiales. Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tenían lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio, se convertían en un reto para la familia. Al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación emocional entre personas.

Y al convertirnos en padres, tomamos además conciencia de la dificultad de educar y enseñar a nuestros hijos cómo navegar en el mar de las emociones.

PUNTO DE VISTA: Estoy de acuerdo con Maturana cuando dice que el modo de vivir de un adulto está más determinado por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños. Y también me gusta su definición de educar, – guiar a los niños en el camino de llegar a ser seres humanos que se respetan a sí mismos y a los otros mediante la generación continua de espacios de convivencia que originen colaboración, alegría y libertad responsable-, expresa Begoña Ibarrola.