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¿Es cierto que los países tienen “personalidades”? ¿O se trata sólo de estereotipos?

Christian Jarrett BBC Future

Un inglés introvertido, un estadounidense descarado y un japonés trabajador. Los estereotipos nacionales son fáciles de hacer.

Pero ¿realmente existen personalidades diferentes para cada país?

Cuando los psicólogos hacen el mismo test de personalidad a cientos o miles de personas de países diferentes, encuentran puntuaciones diferentes según cada cultura.

En otras palabras, la personalidad promedio de un país a menudo suele ser diferente a la de otro.

Pero estas diferencias entre naciones no corresponden a los estereotipos que muchos tenemos.

Aunque solemos estar de acuerdo en lo que define la personalidad típica de un país, incluido el nuestro, las investigaciones sugieren que nuestros supuestos muchas veces son erróneos.

Brasileños, suizos y malteses: los más extrovertidos

Varios estudios internacionales han documentado las diferencias culturales respecto a la personalidad.

Uno de los más completos fue publicado en 2005 por Robert McCrae y 79 colaboradores en todo el mundo que analizaron a más de 12.000 estudiantes universitarios de 51 culturas.

GETTY IMAGES. Image caption. Algunos estudios sugieren que las personas que viven en islas pueden ser más introvertidos.

Basándose en diferentes perfiles de personalidad, los investigadores presentaron una puntuación de rasgos “colectivos” para cada cultura.

Quienes acumularon una mayor puntuación en extroversión fueron los brasileños, los suizos franceses y los malteses, mientras que los menos sociables resultaron ser los nigerianos, marroquíes e indonesios.

Los que tuvieron más puntos en apertura fueron los suizos alemanes, los daneses y los alemanes, mientras que los menos abiertos, según este estudio, son los chinos de Hong Kong, los irlandeses del Norte y los kuwaitíes.

Por supuesto, es importante recordar que estos son sólo promedios.

Hay muchas coincidencias entre países y controversias sobre cómo interpretar los resultados.

Los expertos también dicen que es un problema saber cuántos ciudadanos de cada país están dispuestos a marcar la casilla de los rasgos más extremos en un test psicológico.

Pero, a pesar de los retos metodológicos, varios estudios han analizado la cuestión de manera global. Y los resultados son bastante consistentes.

Los neuróticos: Japón y Argentina

Investigaciones internacionales sobre la personalidad también mostraron que, aunque los rasgos varían entre culturas, la estructura básica de la personalidad, organizada en cinco aspectos fundamentales, suele ser universal.

David Schmitt, de la Universidad Bradley en EE.UU., dirigió un estudio en 2007 en el que analizó a más de 17.000 personas de 56 países en todo el mundo.

GETTY IMAGES. Image caption. Ni los expertos ni las personas comunes y corrientes que han participado en estudios sobre estereotipos nacionales han acertado.

Los países más neuróticos, según este estudio, resultaron ser Japón y Argentina, mientras que los menos, República del Congo y Eslovenia.

Por otra parte, las puntuaciones más altas para amabilidad se las llevaron los jordanos y los congoleses, mientras que los japoneses y lituanos obtuvieron las más bajas.

Este estudio también reflejó las similitudes entre países de una misma región y descubrió que, por ejemplo, en África la gente suele obtener más puntos en responsabilidad que personas de otros continentes, como Asia.

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Estereotipos errados

Pero si bien es cierto que existen diferencias de personalidad entre culturas y naciones, no suelen coincidir con los estereotipos.

Probablemente tengas una idea en tu cabeza de la personalidad promedio de la gente de distintas culturas.

Sin embargo, raramente se corresponden con la realidad.

A principios este siglo, en una de las primeras comparaciones de estereotipos nacionales con las diferencias de personalidad, el psicólogo Robert McCrae puso a prueba las asunciones sostenidas por expertos en psicología cultural.

GETTY IMAGES Image caption.  Estudios ponen a los argentinos a la par con los japoneses como los más neuróticos.

McCrae presentó a un panel de ocho de esos expertos una lista de 26 culturas diferentes del mundo sobre las que existían datos promedio relativos a la personalidad.

Luego, McCrae le pidió a los expertos que organizaran las culturas en listas con puntuación de mayor a menor (siendo 7 el máximo) para cada uno de los principales cinco rasgos de personalidad,

Su desempeño fue lamentable. En comparación con los datos reales, apenas llegaron a adivinar alguno.Pero el resto de nosotros no lo hacemos mucho mejor.

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En 2005, Antonio Terracciano y sus colegas analizaron a cerca de 4.000 participantes de 49 culturas en seis continentes.

Y, de nuevo, la idea de los participantes sobre la “personalidad típica” de cada paísno se correspondió con el perfil real.

Un estudio más reciente publicado en 2013 incluyó a más de 3.000 participantes de 26 naciones. La conclusión fue la misma.

Genética e historia
Pero ¿qué podría explicar las diferencias nacionales en la personalidad?

Probablemente, las razones son en parte genéticas, relacionadas con patrones históricos de migración.

GETTY IMAGES Image caption.  En los países más neuróticos, los ciudadanos suelen ser más vulnerables a enfermedades de salud física y mental.

Por ejemplo, quienes tienen rasgos relacionados con la toma de riesgos y con la apertura suelen ser más proclives a migrar, por lo que representan regiones en las que ha habido más migraciones.

Y, contrariamente, es probable una población aislada sea más introvertida y cerrada a través de generaciones.

Una serie de estudios recientes con isleños residentes en varios archipiélagos italianos puso a prueba estos principios.

Andrea Ciani, de la Universidad de Padua y sus colegas encontraron que los isleños son menos sociables y abiertos, pero más responsables y emocionalmente estables que sus vecinos peninsulares.

Esto se debe a que, con el tiempo, los individuos más atrevidos decidieron emigrar y abandonar las islas.

Sin duda, los factores ambientales también juegan un papel importante.

Por ejemplo, existen pruebas de que los rasgos asociados a la sociabilidad y a la apertura abundan menos en regiones donde el riesgo de infección es mayor.

Los expertos también han especulado sobre cómo las diferencias climáticas podrían definir la personalidad y la estabilidad emocional.

Incluso se ha tenido en cuenta la densidad de población.

Hay datos recientes que sugieren que vivir en un lugar sobrepoblado nos hace adoptar una mentalidad más orientada al futuro y que invertimos más en relaciones a larga distancia, tal vez como una manera de lidiar con una mayor competencia con otras personas.

Además, una vez que se establecen diferencias regionales en la personalidad, pueden llegar a perpetuarse.

Construcciones sociales

Los rasgos de la personalidad son importantes en nuestro día a día y nos afectan en cosas como el bienestar o el éxito profesional.

Pueden contribuir o, al menos reflejar, diferencias internacionales en aspectos como la salud, la felicidad, la corrupción, la innovación o la riqueza

Por ejemplo, en los países más neuróticos, los ciudadanos suelen ser más vulnerables a enfermedades de salud física y mental.

Las diferencias de personalidad también afectan el surgimiento de nuevos sistemas políticos.

El año pasado, un estudio de Joan Barceló, de la Universidad de Washington en San Luis, EE.UU., encontró una correlación: los países en los que destaca el rasgo de apertura a la experiencia suelen tener más instituciones democráticas.

Estos hallazgos sobre las diferencias internacionales en la personalidad podrían ser otra razón para cuestionar nuestras asunciones sobre las actitudes y comportamientos de personas de otros países.

Tal y como dijo el psicólogo Richard Robins, “en contraste con los rasgos de la personalidad -los cuales reflejan diferencias reales en la forma de pensar, sentir y comportarse- los estereotipos sobre el carácter nacional parecen ser construcciones sociales diseñadas para servir propósitos específicos de la sociedad”.

En otras palabras, tus percepciones sobre otras culturas pueden decir más sobre ti mismo y tu propia sociedad que sobre el conjunto de personalidades que existe realmente en todo el mundo.

Fuente: bbc.com

Recursos y juegos para aprender a jugar al ajedrez

por Pablo Espeso

El ajedrez es un exquisito recurso pedagógico cuyo uso es muy alabado en edades tempranas, y cuyos beneficios son innumerables. Es por ello por lo que muchos centros lo usan ya en sus aulas como una actividad que potencia el desarrollo de las inteligencias múltiples, los valores y afianza el seguimiento de las normas y las reglas. ¿Cómo introducir el ajedrez en clase? Os proponemos esta selección de recursos para aprender a jugar al ajedrez, tanto en clase como en casa.

The Zugzwang blog

Este blog está especializado en el ajedrez tanto como deporte y juego desde una perspectiva general, como siendo una herramienta para su uso en menores y estudiantes de todas las edades. The Zugzwang blog dispone de multitud de artículos publicados sobre el uso en niños, por ejemplo explicaciones de las reglas, 10 consejos para enseñar a niños o esta sección específica sobre ajedrez educativo. Una referencia muy interesante de tener a mano si quieres poner en marcha una actividad de ajedrez en tu clase.

Ocachess

Un híbrido entre el juego de la oca más tradicional reconvertido a juego de mesa para explicar las reglas del ajedrez de una forma divertida a través de la gamificación. Ocachess ha sido desarrollado por un equipo de expertos españoles para mucho más que sólo aprender las reglas y normas del juego: también permite educar en valores, enseñar creatividad y reforzar el proceso del aprendizaje en el aula.

ChessKid

Una plataforma específica para su uso en niños y jóvenes que estén interesados en aprender los fundamentos y las reglas, tanto básicas como intermedias o avanzadas. ChessKid dispone de una amplia variedad de recursos, guías, manuales e incluso pequeños juegos interactivos que tienen como objetivo enseñar conceptos a todos los niveles, desde cero hasta infinito. Una interfaz muy amigable y dirigida para que los niños aprendan ajedrez, tanto en clase como en casa, también tienen apps para iOS y para Android para poder aprender a través del tablet o smartphone.

CapaKhine

Otra comunidad sobre que aprovecha este juego de mesa como recurso educativo es el blogCapaKhine, y que también tiene revista en papel e información de torneos y otras actividades. Tiene mucho material para aprender a jugar, para todas las edades pero con especial énfasis en su uso educativo en Infantil y Primaria, sobre todo.

Ajedrez y psicología

El uso del ajedrez va más allá del simple juego o deporte, y su influencia en aspectos psicológicos y pedagógicos ha sido estudiada por numerosos estudios científicos. Ajedrez y psicología es un recurso web en formato blog que aporta la parte más ‘mental’ de este juego, y en el que encontraremos textos y material sobre cómo enseñar a niños, experiencias en su uso en las escuelas o cómo ayudar a superar una derrota, todas ellas orientadas a servir como ayuda a adultos que enseñan a niños o alumnos.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

¿Por qué todos opinan sobre cómo criar a los hijos de los demás?

Catherine L’Ecuyer

Hace 12 años. Eran las dos de la mañana y llevaba apenas unas horas estrenando, con sentimientos encontrados, esa maravilla que llamamos maternidad. Asombro, euforia, pero también culpabilidad, dolor y miedo.

Nadie me había dicho que la lactancia iba a ser un calvario. Mientras luchaba en la penumbra, se me acercó una señora vestida con bata y, con un trato muy poco delicado, empezó a aleccionarme sobre la lactancia, introduciéndose en la recién estrenada intimidad madre-hija, sin que le hubiese pedido su ayuda.

Me dijo que lo estaba haciendo muy mal y me hundió de consejos para ser una madre aceptable. “Muchas gracias”, le dije, esperando que nos dejara a solas. Qué sorpresa me llevé al verla dar media vuelta para seguir con su trabajo, cogiendo el suape. Pertenecía al turno nocturno del equipo de limpieza del hospital.

Es curiosa la alegría, el desparpajo con que la gente opina. ¿Por qué existirá esa especie de inercia irresistible en el ámbito educativo y de la crianza para opinar de todo lo que uno piensa, y a veces ni sabe? Las suegras, las cuñadas, las amigas, los expertos educativos, las redes, las empresas que venden productos, las revistas educativas. Todos opinan con una alegría, una contundencia y una seguridad que dan miedo. Menos mal que sabemos que la veracidad de un juicio no depende de la fuerza con la que se emite. Pero cuando uno va sin experiencia, cuánto se traga…

¿Qué mueve a dar consejos a todos y a todas horas? Sin duda, está el bienintencionado, el que por empatía auténtica quiere ayudar a toda costa, pero que no mide su propia fuerza. Prefiere soltar cualquier cosa que quedarse callado ante un problema. Intuyo que fue el caso de la señora que hace 12 años se me acercó en la penumbra mientras limpiaba.

Luego está el resabido, el que lo sabe todo porque se conoce de memoria lo que predica la industria del consejo empaquetado y siempre tiene la respuesta a punto a todos los problemas. El resabido no es consciente de lo pesado que es, sobre todo cuando alecciona en público. Pero sin duda, la peor clase de consejo que podemos recibir, es la del oportunista. El mercado está repleto de consejos oportunistas, ajenos a la mentalidad científica, basados en modas educativas de turno y que intentan sintonizar con un sentimiento general afín para crear simpatía entre sus lectores.

Me atrevo a decir que los consejos oportunistas son los primeros enemigos de la educación con sentido. ¿Por qué? Si nos fijamos bien, usan un lenguaje tan general que, además de no decir nada concreto, acaban sembrando una confusión absoluta. Por ejemplo, ahora se ha puesto de moda advertir de la sobreprotección. Se leen artículos en numerosas revistas educativas “prohibiendo” tener una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestro hijo y prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento”.

Para darnos cuenta del sinsentido del consejo oportunista, un ejercicio interesante puede consistir en analizar esa cita, procurando interpretarla.

¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el calmarles con la tableta para dormirles o el comprarles chucherías cuando nos las reclaman con una pataleta con 3 años?

¿Se consideran las tabletas y las chucherías “necesidades”? ¿Se considera una “preocupación excesiva por satisfacer al momento las necesidades de nuestros hijos” el dar el pecho a demanda, o el tener seis cámaras pendientes de sus movimientos nocturnos? ¿Y el tomar la temperatura del baño con 6 meses? ¿Y con 10 años? ¿Y el atenderlos cuando tienen frío al día de nacer, o cuando piden brazos llorando porque les duele el estómago o porque les asusta la vista de un extraño con 6 meses, o cuando lloran desconsolados al entrar al colegio con 18 meses?

¿Se considera una “preocupación excesiva por prevenirles o evitarles cualquier mal o sufrimiento” el impedir que abran el cajón de cuchillos con 4 años, el llevarles al cole el bocadillo que se olvidaron en casa con 15 años o el impedirles que suban un árbol de cuatro metros de altura? ¿Y de 40 metros?

Con esos consejos genéricos, la confusión está servida. Quizás por eso, algunas madres llaman “histéricas” a otras que no se atreven a dejar a sus bebés en manos de canguros desconocidos. Consideran hacerlo una proeza para inculcar “madurez” y autonomía cuanto antes al retoño. Y llaman “enmadrados” a niños que lloran al entrar por primera vez en el colegio.

Es curioso que exista una palabra en castellano, “mamitis”, que haga sonar a trastorno la natural y sana manifestación de la necesidad afectiva de un niño. No sorprende, dada la facilidad que tenemos en ponerle etiquetas de trastorno a absolutamente todo lo que consideramos fuera de la “normalidad”. Una vez definida la normalidad como lo que se sale de la norma, habría que ver quién marca la norma, si es la naturaleza misma, la dictadura de la mayoría, o un oportunista y seudocientífico interés en ella.

Lo que dice la literatura científica, que se ubica en las antípodas de la industria del consejo empaquetado, es que el vínculo del apego es clave para un buen desarrollo de la persona. Coinciden miles de estudios en que el vínculo del apego seguro se establece a base de atender a tiempo las necesidades básicas (biológicas, afectivas) del niño durante sus primeros dos años de vida. Y la literatura científica nos da pautas concretas de lo que significa eso. Sin embargo, hoy por hoy, suena bien decir que “no hay que tener una preocupación excesiva por satisfacer las necesidades de nuestros hijos”, sin matizar ni siquiera por edad. Porque es lo que se lleva. Y se considera que lo que se lleva manda. Es curioso eso. Las modas están sujetas a gustos y cambian, pero curiosamente, obligan.

Y nosotros, por buscar lo mejor para nuestros hijos, porque andamos sin experiencia y no quisiéramos equivocarnos, aceptamos con resignación la dictadura de las modas. En la educación, si no sabemos y no tenemos medios de saber lo que conviene hacer, es mejor seguir la intuición y equivocarse cien veces para finalmente encontrar el punto, que seguir ciegamente un consejo oportunista y seudocientífico.

Lo que no va a ser nunca objeto de moda es lo que reclama la naturaleza de nuestros hijos, en función de cada edad. La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos. Esa capacidad de discernir nos la facilita la literatura académica. Pero no nos engañemos. Al fin y al cabo, lo hace una piel fina, y esa piel fina es la sensibilidad que desarrolla un padre, una madre, a base de estar tiempo con su hijo observándolo. Es “sentir con”, que se resume en una palabra: la empatía. No es casualidad que la literatura científica haya encontrado que el principal indicador para el buen desarrollo de un niño sea la sensibilidad de su principal cuidador, y que los niños con apego seguro sean más empáticos.

Y si alguien vuelve a hundirnos con consejos, bienintencionados o no, y a asegurarnos que lo estamos haciendo muy mal, deberíamos recordarle que antes de opinar sobre el estilo de crianza de otro, es mejor esperar a que nuestros hijos tengan por lo menos 90 años.

Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y Educar en la realidad.

Fuente: elpais.com/

 

Procrastinar se asocia con peor salud psicológica

Como definición podemos decir que  procrastinar es el acto de posponer tareas o situaciones que es necesario realizar y sustituirlas por otras más agradables o placenteras.  Pero, ¿quiénes procrastinan más? ¿son más felices los que más posponen sus tareas?

Un estudio llevado a cabo por investigadores de diferentes entidades alemanas ha pretendido dar algunas respuestas a estas cuestiones. El trabajo contó con la colaboración de 1350 mujeres y 1177 hombres, de edades comprendidas entre los 14 y los 95 años. Se les aplicó un cuestionario sobre procrastinación y también otras escalas de estrés, depresión, ansiedad, fatiga y satisfacción con la vida, con el objetivo de analizar las relaciones entre el hábito de posponer las obligaciones y el bienestar general a través de todas las variables anteriores.

Los resultados han sido publicados recientemente en la revista PLoS ONE (2016) y han mostrado que de forma general, no parece que los procrastinadores disfruten de un mayor bienestar en comparación con los que demoran menos sus tareas y actividades. De forma concreta, los autores encontraron que los individuos más jóvenes son los que más procrastinan, encontrándose las tasas más altas entre los 14 y 29 años. Además, parece que en general hombres y mujeres tienen esta tendencia por igual, salvo cuando son más jóvenes, momento en el que los chicos superan a las chicas.

En cuanto a la relación con las variables clínicas, se comprobó que una mayor tendencia a la procrastinación se relacionaba con mayor estrés, más problemas de ansiedad y depresión, y mayor fatiga. Además, en contra de lo que podría parecer más natural, la procrastinación se relacionó con una menor satisfacción con la vida, concretamente con aspectos como el trabajo y el salario. También se observó que no tener pareja o estar en paro también se asoció con el hecho de procrastinar.

Los autores plantean la necesidad de realizar más investigaciones para poder estudiar por qué se posponen las actividades, fundamentalmente en poblaciones jóvenes y desempleados, de forma que pueda comprenderse mejor este fenómeno. Además, parece que una consecuencia lógica de este tipo de estudios sería el poder proporcionar las ayudas necesarias a los que lo necesiten y así mejorar su estado de ánimo y su satisfacción vital.

Fuente: muyinteresante.es

Los hijos únicos: ni tan egoístas ni tan solos

Isabel Serrano Rosa

Los hijos únicos son únicos hasta para presentarse. Después de un rato de narración de su problema, Pablo, aclara la causa (“soy hijo único”) y pone la mirada lánguida del que está acostumbrado a lidiar con lo que no tiene remedio y espera la misma respuesta de siempre: ¡será un malcriado o un rarito nacido en una familia incompleta!.

Debe ser arduo vivir etiquetado con el ‘Síndrome del pobre hijo único’. Las creencias estereotipadas les presuponen egoístas y aislados en su mundo de fantasía con dificultades para relacionarse con los demás cuando sean adultos.

Los más agoreros aseguran que son narcisistas y mimados que retan a sus propios padres o con tendencias depresivas por su soledad. Cuando tengan pareja querrán tener el segundo hijo, convertido en redentor del mayor, para que el pobre no sufra la triste infancia de los padres. El tópico dibuja a los padres de hijos únicos como ansiosos, sobreprotectores o exigentes. Según esto, los hermanos son necesarios para el desarrollo de una personalidad sana. ¿Es inevitable asociar al hijo único y a sus padres con desajustes psicológicos?

Hoy las parejas con tres vástagos son sólo el 4% y las que tienen uno, el 30%. Las españolas han retrasado la edad de maternidad a los 31 años, junto con italianas y holandesas, convirtiéndose en las mujeres de la UE que más tarde tienen descendencia. Desde los años 50, cuando empieza a planear en el horizonte la idea de una sociedad de hijos únicos, abundan los estudios empíricos, sobre todo con adolescentes, para valorar en el tiempo lo que significa ser unigénito.

Según los datos, todos los adolescentes ¡son inmaduros por igual! Parece que las posibles dificultades que los hijos únicos pueden tener a su paso por la escuela primaria se resuelven en la adolescencia en la medida en la que se socializan escolarmente y fuera de su casa.

Fortalezas y debilidades

A día de hoy, el modelo de familia perfecta sigue siendo el compuesto por dos hijos, a ser posible de diferente sexo, por lo que muchos hijos únicos idealizan a las familias con hermanos, ignorando aspectos como la rivalidad, los conflictos que enturbian el paisaje o que la mayoría de los hermanos cultivan amistades diferentes. Según los datos, no sólo no presentan más trastornos que sus coetáneos sino que ser hijo único también tiene ventajas si no son relegados entre los muros domésticos y disponen de contactos variados con coetáneos y adultos externos a la familia.

Son más cooperativos y menos competitivos porque han crecido fuera de los celos de la rivalidad entre hermanos. Más extrovertidos y seguros de sí mismos porque compensan su soledad con una mayor capacidad para hacer amigos y suelen trabajar bien en equipo ya que no temen verse desplazados. Son responsables, un aspecto positivo de pasar más tiempo con adultos. Tienen madera de líderes, la gente suele confiar en ellos. Valorados y queridos, desarrollan menos carencias afectivas. Son creativos porque están acostumbrados a jugar con su fantasía.

Desde el punto de vista de la pareja, propician matrimonios felices porque el mayor tiempo que pasan con sus padres les hace más adaptables; de hecho, la serenidad en casa disminuye con el número de hijos, es obvio. Pueden tener mayor capacidad intelectual y lingüística por la mayor interacción con adultos y, desde luego, disponen de más recursos económicos que les permiten acceder a estudios, pueden disfrutar de un tipo de ocio inalcanzable en el caso de tener más hermanos y son ¡herederos únicos!

Al otro lado de la moneda, está el hecho de que no tener hermanos significa no disponer de un confidente a mano, alguien de su edad que entienda sus dificultades. Han de aprender a relacionarse antes con sus iguales y hacerlo fuera de casa, lo que obliga a los padres a socializarlos pronto. Algunos pueden madurar demasiado rápido para su edad y tener un tipo de pensamiento excesivamente adulto. Si sus padres les sobreprotegen pueden convertirse en personas tímidas e inseguras. También pueden volverse complacientes por temor a decepcionar a sus amados padres si estos depositan sus expectativas en ellos. En otros casos, acostumbrados a ser príncipes o princesas en sus casas albergan la ilusoria idea de que fuera ha de pasar lo mismo, lo que les lleva a no saberse defender y ser víctimas de los niños más vivos, o bien, a asumir actitudes resentidas si no se les presta atención. A veces no saben manejar el interés de los padres hacia otros niños. Además, hoy en día, un problema puede ser que disfruten de un exceso de cosas materiales y que éstas les sirvan para comprar amigos. Otro punto flaco: de adultos, han de llevar solos el cuidado de los padres cuando estos envejecen.

Pautas para padres

Daniela y Luis, son hijos únicos y padres de Manuel. Ella confesó un día que, cuando tiene delante a mujeres con más hijos, siente su mirada -entre apenada y/o con aires de superioridad- lo que la ha llevado en alguna ocasión a justificar que no ha tenido más hijos por problemas de fertilidad, ¡lo que no es verdad en su caso! Prefiere mentir ante de ser la rara.

Los padres que eligen tener un solo hijo lo hacen por problemas económicos, por las dificultades de conciliación de la vida laboral-personal, por la separación de los progenitores, porque son un matrimonio tardío o por dificultades de fertilidad. Su decisión no afecta al desarrollo emocional de los hijos que viene determinado por la educación, los valores recibidos y el tipo de vínculo que estos establecen, no por el número de hermanos. Como le pasa a Daniela, algunos padres temen ser tachados de egoístas y pueden sentirse culpables por no tener más hijos. Ser unigénito no es negativo si se establecen pautas saludables. Otros padres vuelcan sus ansiedades y temores en su hijo y lo sobreprotegen, creando un mundo burbuja que les hace inseguros, o realizan tareas que deberían hacer por sí mismos. Es importante dar un margen de confianza y ¡aprender a respirar para que pase el agobio!

Hay adultos que prestan mayor atención (y presión) a su hijo porque albergan expectativas, sin escuchar las necesidades y personalidad de su retoño, favoreciendo que el niño se vea obligado a cumplir sus deseos. O bien le tratan como un objeto precioso sin límites: son los niños mimados, tan centrales que entorpecen la relación de sus padres como pareja.

Algunas sencillas pautas son: crearle un mundo infantil de amigos y actividades lo antes posible para que aprenda a tolerar la frustración y a desarrollar la generosidad. Evite involucrarlo en asuntos de los padres o convertirlo en confidente. No trate de resolver sus carencias -como pudo ser el no tener hermanos- a través del hijo. No le haga sentir incompleto por ser único: explíquele que hay familias diferentes y que todas pueden ser positivas si las personas se tratan con cariño y respeto.

La psicología no está para decirle cuántos hijos ha de tener pero sí para asegurarle que ser hijo único no es un defecto congénito y para ayudarle a aliviar la culpa. Los hermanos de sangre no son los únicos que podemos tener a nuestro lado. Están nuestros hermanos de amor, aquellos que elegimos en la vida y que sólo tienen la particularidad de haber nacido en otra casa.

Fuente: elpais.com/

Amigos imaginarios: preguntas y respuestas para padres

Entre los dos y tres años de edad, es común y muy normal que los niños tengan amigos imaginarios, que pueden poseer diferentes características. Superhéroes, hadas, idealizaciones de sí mismos o de alguien más están entre los más frecuentes.

Que tu hijo tenga un amigo imaginario es parte de un proceso natural en donde se adentra en su propia fantasía, creando un mundo fantástico en el que puede jugar y dejarse llevar por su imaginación. Estos amigos suelen cumplir con una función protectora y de compañía, que les permite liberar tensiones. Otros aspectos positivos de esta práctica es que el niño explota su imaginación, con lo que puede llegar a enriquecerse social y emocionalmente. Además, le puede servir para reforzar su autoestima –ya que adquiere confianza al sentirse protegido– para desarrollar habilidades de empatía y para incentivar su creatividad.

Sin embargo, es importante saber distinguir entre un proceso normal y uno que pudiera ser patológico.  En este sentido, es importante poner especial atención en caso de que el niño:

Empiece a hablar consigo mismo, sin dar muestras de ningún tipo de interacción (aunque sea imaginaria).
Utilice a un ser imaginario para tratar de engañar.
Represente vivencias de hechos traumáticos que le generen ansiedad y nerviosismo.

Otro aspecto que es importante cuidar es que la relación del niño con su amigo imaginario no se vuelva tan estrecha que llegue a interferir con sus relaciones no imaginarias, afectando su vida social.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, podemos decir que más allá de las razones por las cuales un niño tiene un amigo imaginario, es bueno que como personas de referencia en sus vidas sepamos colocarnos y acompañarles en esta situación. Enojarse con ellos no es lo más recomendable, ya que se trata de un proceso mental por el que todos (o la mayoría) hemos pasado.

Este amigo imaginario que puede “tomar la forma” de una persona o de un animal, robot, personaje, etc, nos puede dar muchas pistas sobre lo que le gusta o no le agrada a nuestro hijo. Claro, porque los niños depositan en estos amigos imaginarios todas sus frustraciones, sus deseos y sus elecciones.

Puede que, con paso del tiempo, los amigos imaginarios cambien de forma y de nombre o bien se “sumen” nuevos integrantes al equipo.

De la misma forma que llegan, también se van. En el momento en que el pequeño alcanza cierta madurez y el niño se da cuenta de que ya no lo necesita, el amigo toma su maleta invisible y se va por el mismo camino que utilizó para aparecer.

Amigos imaginarios: preguntas y respuestas para padres

Algunos padres llegan a la consulta con un psicólogo o psicopedagogo de la escuela para preguntar sobre el o los amigos imaginarios de los hijos. Las dudas más habituales son:

¿Es algo patológico? No, nuestros pequeños no están enfermos ni tienen problemas mentales por afirmar que tienen un amigo imaginario. Cerca de la tercera parte de los niños de entre 2 y 6 años de edad han creado al menos uno.

La reacción de los padres suele ser de preocupación y de sorpresa, pero no hay de que preocuparse mientras el niño continúe con sus actividades normales y mantenga amistades reales con otros niños.

¿Por qué pasa esto?

Cuando los peques cumplen dos años tienen la capacidad para desarrollar lo que se conoce como “juego simbólico”. Esto quiere decir que fantasean e imaginan cosas.

Juegan a la comidita, a la mamá, a ser astronauta o súper héroe, llaman por teléfono de juguete a los padres, etc. No hay que asustarse por ello sino disfrutar de que están llevando a cabo sus habilidades imaginarias, que luego se podrán reforzar con la lectura de libros o ciertas clases intelectuales o artísticas.

¿Cómo reconocerlo?

Si tu hijo tiene un amigo invisible te darás cuenta porque él mismo se encargará de describirlo y de hablar de él. Puede tener características de personas o no y probablemente su personalidad sea parecida a la del niño.

¿Qué puedo hacer?

Esta es la pregunta por excelencia en relación a los amigos imaginarios de los niños. Como primera medida, no retar al niño porque ha presentado a un personaje invisible. Quizás los demás familiares y amigos no entiendan por qué se pone otro plato en la mesa para “pepito” o “pirula” o que hay que pensar como si se tuviera un hijo adicional. Pero lo importante es “seguirles el juego”.

La idea es acompañar a los niños en este proceso y que no lo vean o sientan como algo malo. Ahora bien, tampoco hay que irse al otro extremo. Deja que tu hijo saque el tema del amigo imaginario,

no lo instes a pensar en él, síguele la corriente y si no “tomas de la mano” a los dos, dí que estás distraído y no te has dado cuenta. Pídele disculpas a “Pepín” y listo.

¿Cuándo preocuparme?

Un amigo imaginario se puede volver una preocupación cuando el niño se obsesiona con él, de manera tal que no puede realizar ninguna otra actividad, relacionarse con personas de carne y hueso, se retrase con sus tareas, no quiera salir de la habitación, cambie su temperamento, etc.

En esos casos, es bueno que vaya a la consulta con un psicólogo. Si nada de esto ocurre, deja que siga en curso su amistad hasta que el niño sólo se canse o se aburra de ella.

El noticiero de Montse

Fuente: Cg.fasilicimo.com

Lucía se suicidó por acoso escolar: “Mamá, no puedo más”

Lucía, la niña de 13 años que se suicidó el martes de la semana pasada en Murcia, España,  tras sufrir acoso escolar, tenía pánico a salir de casa ante la posibilidad de encontrarse con los compañeros que la hostigaban en clase. Lo cuentan su madre, María Peligros Menárguez, y su padre adoptivo, Joaquín García, que aseguran que los presuntos agresores «son vecinos del barrio».

Joaquín García cuenta emocionado que la niña «no bajaba al jardín a reunirse con los demás chiquillos desde mayo y no podía ir sola por las calles». «Incluso cuando iba con su madre por el pueblo, le agarraba fuerte de la mano por temor a verlos».

Lucía era una adolescente normal, amante de la cultura manga, y no se perdía ningún salón del cómic que se celebrara en Murcia. De mayor quería ser youtuber y trabajar en algo relacionado con las redes sociales. Quedaba con sus amigas en el centro de Murcia, a unos seis kilómetros de su vivienda familiar en la pedanía de Aljucer. La llevaban sus padres en coche. «Las dos chiquillas más cercanas venían siempre a casa, o ella iba a la suya», señala María Peligros Menárguez. La tarde del pasado día 10, llamó a la puerta de la habitación de su hija. Al no obtener respuesta, abrió y se la encontró ahorcada.

Lucía comenzó a sufrir acoso a los 10 años, cuando estaba en Primaria. Los padres no le dieron importancia pensando que era cosa de críos. De adolescente comenzó un tratamiento psicológico en 2015, tras un episodio detectado por la madre. «Un día, al meter el bocadillo en su mochila, vi que tenía los de toda la semana y le dije que, al regresar del colegio, hablaríamos de eso», comenta la madre. Esa misma mañana, María Peligros Menárguez descubrió el relato angustioso del diario de su hija. Lucía había escrito que se encontraba sola, que estaba harta de ser la gorda. Estaba hundida.

La pesadilla del instituto

Cada mañana, el viaje en el autobús al antiguo instituto se convertía para la niña en una pesadilla porque se metían con ella durante todo el trayecto. La insultaban. La empujaban. «Quién se va a sentar con la gorda» era el saludo habitual, según les relató Lucía a sus padres.

Fue un domingo del pasado mes de mayo cuando todo explotó. «’Mamá, no puedo más’, me dijo Lucía entre lágrimas», afirma la madre, denunciando el «maltrato constante» al que le sometían «algunos compañeros» metiéndose con su aspecto, «llamándola gorda, fea, incluso con agresiones y empujones».

A pesar de toda la presión soportada, el rendimiento escolar fue bueno en todo momento. Lucía siempre había tenido un comportamiento ejemplar en clase. «Era una niña estudiosa, con buenas notas, pero tuvo la mala suerte de tener unos compañeros conflictivos que se metieron con ella desde la escuela hasta el instituto, hasta que no pudo más», manifiesta la madre.

Habló con uno de los profesores, que le describió la mala suerte de su hija al tocarle en el grupo de la Escuela Secundaria Obligatoria  más conflictivo del instituto. «Se quedó aislada de sus amigas, que iban a otro aula, y fue terrible para ella», lamenta. Varios profesores indicaron entonces a los progenitores que se debía cambiar a la chiquilla de aula, pero no se hizo.

Los padres de Lucía se sintieron desamparados desde el primer instante. «Fuimos a pedir ayuda a su instituto, el Ingeniero de la Cierva, en Patiño, y nos dijeron que ya se había activado el protocolo de protección contra el acoso escolar… Pero no funcionó», denuncia Joaquín García. «Fui yo quien tuvo que solicitar el traslado al instituto Francisco Cascales, situado en el centro de Murcia, a través de la Inspección y con un informe psicológico. Me dijeron que me buscara la vida, que lo hiciera a título particular, que ellos habían hecho lo correcto y que no se contemplaba el cambio de escuela».

La Inspección Educativa no tenía conocimiento de los hechos cuando le trasladaron las quejas en persona, según afirman los padres, pero sí actuó para facilitar el cambio de instituto. Y eso pese a que los presuntos responsables del acoso también se habían metido con otros compañeros de clase, se quejan.

Revisar el protocolo

Los padres de Lucía confían en que la Policía actúe. Que se sepa qué ha fallado. Saben que los presuntos implicados son también menores de edad. Lo que sí piden a la Consejería de Educación es que «revise el protocolo, porque está claro que no funciona». Temen que ocurra un caso similar.

Joaquín García tiene otra hija mayor que reside en Barcelona. Laura y Lucía eran buenas amigas. La pequeña visitó a su hermana hace poco tiempo y quería volver en breve a la capital catalana. Incluso barajaba la posibilidad de iniciar en el futuro una nueva vida allí para alejarse de su realidad.

Sus padres no pudieron imaginarse que la nota encontrada por una limpiadora el 21 de diciembre, cuando comenzaron las vacaciones de Navidad en el nuevo instituto, era una carta desgarradora de despedida que finalizaba diciendo: «Si queréis verme, tendréis que visitar mi tumba».

Fuente: El Mundo

¿Qué es el autosabotaje?

Pablo Klte

Autosabotaje es lo que llamamos a hacer todo tipo de cosas para destruir nuestros propios objetivos. El auto-sabotaje se puede hacer de muchas formas, como por ejemplo:

  • La indecisión y la evitación.
  • Los aplazamientos.
  • Automedicarse, tomar alcohol, drogas, comida, pornografía, etc.
  • Practicar otros hábitos poco saludables, como dormir poco, comer en exceso, etc.
  • Negar los sentimientos.
  • Compararse con otros y sentirse inferior.
  • Tener relaciones que no son compatibles con nuestros objetivos, ya que nos derriban emocional o físicamente, no se ajustan a nuestras necesidades, o nos distraen de nuestros objetivos.

Las personas pueden autosabotearse por varios motivos, 1) porque no saben lo que quieren o 2) porque no saben dar los pasos que les ayudarán a alcanzar sus objetivos y / o 3) se comportan de una manera que en realidad socava sus objetivos.

Silvia siempre está a dieta. Dice que su objetivo es perder 10 kilos. Va a correr todas las mañanas, come un desayuno saludable y hace una comida adecuada para la dieta. Pero Silvia sabotea su pérdida de peso manteniendo un armario lleno de comida basura con patatas fritas y galletas para cuando llega a casa cansada y hambrienta.

A veces, el problema no está en ser honesto con uno mismo acerca de lo que realmente quiere. Es que inconscientemente ni siquiera se permite imaginar tener éxito.

Carlos no está contento con su salario y la falta de avance en su carrera. Está en el mismo puesto desde hace cuatro años. Se siente atrapado, pero no hace nada para seguir adelante. Durante su evaluación de trabajo, su jefe le sugiere que solicite un puesto de categoría superior. Pero Carlos no puede imaginarse a sí mismo trabajando en un nivel tan alto dentro de la empresa. Aunque él es muy capaz y trabajador, no tiene suficiente confianza en sí mismo. Su estancamiento es una forma de auto-sabotaje.

¿Por qué nos autosaboteamos?

Si nos establecemos un objetivo específico, pero saboteamos nuestro propio progreso, el miedo y la autoestima pueden ser el verdadero problema. A menudo hay gente que lucha para aceptar que realmente son “lo suficientemente buenos” y dignos de alcanzar sus objetivos, pues en el fondo no lo creen.

Les preocupa fallar, así que les es más fácil pensar que ni siquiera desean dicho objetivo, así seguro que se frustran por no lograrlo.

Es cierto que estos patrones de pensamiento cuesta mucho trabajo cambiarlos, pero es posible lograrlo, una vez se tengan claros los objetivos, siendo conscientes de nuestra propia conducta de auto-sabotaje, y encontrándonos dispuestos a luchar a través del miedo y tratar de hacer las cosas de una forma diferente.

Cómo superar el auto-sabotaje
  • Permítete soñar a lo grande. No tengas miedo de imaginar un futuro brillante por ti mismo. Ni el fracaso ni el catastrofismo te protegerán de una posible decepción. Sólo te mantendrán atrapado en una mentalidad negativa.
  • Establece metas específicas. Cuando no se reconoce lo que se quiere, no se puede ir tras ello.
  • Visualiza tus metas. Visualiza cómo sería tu futuro si ya hubieras logrado tus metas, esto te ayudará a no desviarte del camino.
  • Sé honesto contigo mismo. La mayoría de nosotros somos realmente buenos para auto-engañarnos. Sé fiel a ti mismo en lo que quieres, recordándote por qué lo quieres y trabajando cada día para lograr tus objetivos. A menudo es más fácil dar excusas o culpar a otros antes que ser honesto.
  • Busca apoyo. Cuando queremos lograr algo por nosotros mismos, a menudo nos podemos quedar a medio camino, abandonando tras encontrar dificultades. Contar con un amigo que nos anime y dé fuerzas, un entrenador, grupo de apoyo o un mentor, puede mejorar dramáticamente nuestros resultados.
  • Presta atención a tu autodiálogo. La mayoría de la gente tiende a centrarse en los aspectos negativos y deja de lado los aspectos positivos. Busca pruebas para desafiar las creencias negativas. Lo más probable es que hayas minimizado tus cualidades y logros. Reconoce tus aspectos positivos y fortalezas, ya que pueden ayudar a combatir el diálogo interno negativo y ver las cosas en perspectiva.
  • Practica la auto-compasión. La autocompasión es como un antídoto para los sentimientos de inadecuación que impulsan el auto-sabotaje. A menudo somos más críticos de nosotros mismos que los demás. Escucha esa pequeña voz en tu cabeza que está diciendo que no eres lo suficientemente bueno y cámbialo por algo positivo. Rendir cuentas y luchar por tus objetivos no significa ser duro con uno mismo. La autocrítica no es motivadora. No hay nada malo en hacer una siesta por la tarde o tomarse una cerveza con tus amigos, mímate de vez en cuando.

Cambiando tu forma de pensar y cambiarás también tu comportamiento, vale la pena intentarlo. No lo demores más, empieza hoy mismo. Busca apoyo. Mantén la esperanza. Todos somos capaces y dignos de lo que nos propongamos.

Fuente: Ojo del tiempo

¿Cuál es el objeto de apego de tu hijo?

El apego es un vínculo que establece el bebé durante sus primeros meses de vida con laspersonas que le rodean y le cuidan cubriendo sus necesidades básicas. Pero no sólo se puede establecer el apego con personas, también con objetos. ¿Qué niño no puede dormir sin su peluche? ¿Qué bebé no sale de casa sin su mantita? Almohadas,  peluches, mantas… Estos objetos se han convertido en en una parte importante de nuestro niño. Le aportan seguridad  y le permiten explorar el entorno cuando lo necesita. El olor, el tacto… les aportan lo que necesitan para estar tranquilos estén dónde estén. La elección del objeto por parte del niño es aleatoria.  Su objeto de apego no va a cambiar a no ser que nuestro pequeño lo elija.

Por eso es muy importante que cuando el peque se vaya a quedar en casa de los abuelos, de los tíos… lleve su objeto de apego para sentirse más cómodo y seguro.

Esto no significa que todos los niños tengan ese vínculo con algún objeto. Podemos encontrar niños que se calman con algunos gestos (meterse el dedo en la boca, tocarse el pelo, hacer el movimiento del chupete…) e incluso niños que no necesitan nada. Como ya sabéis cada niño es diferente en su evolución, así que también lo son en sus gustos.

¿Qué opinas del objeto de apego? ¿Cuál es el de tu hijo?

Fuente: Padres.Facilísimo El blog de Fátima

Autodeterminación: Enséñales cómo pensar, no qué pensar

La autodeterminación es la garantía de que, elijamos lo que elijamos, seremos nosotros los protagonistas de nuestras vidas. Podremos equivocarnos. De hecho, es muy probable que lo hagamos, pero aprenderemos del error y seguiremos adelante, enriqueciendo nuestro kit de herramientas para la vida.

Desde el punto de vista cognitivo, no existe nada más desafiante que los problemas y los errores ya que estos no solo demandan esfuerzo sino también un proceso de cambio o adaptación. Cuando nos enfrentamos a un problema se ponen en marcha todos nuestros recursos cognitivos y, a menudo, esa solución implica una reorganización del esquema mental.

Por eso, si en vez de darles verdades absolutas a los niños les planteamos desafíos para que piensen, estaremos potenciando la capacidad para observar, reflexionar y tomar decisiones. Si enseñamos a los niños a aceptar sin pensar, esa información no será significativa, no producirá un cambio importante en su cerebro sino que simplemente se almacenará en algún lugar de su memoria, donde poco a poco se irá difuminando.

Al contrario, cuando pensamos para solucionar un problema o intentamos comprender en qué nos equivocamos se produce una reestructuración que da lugar al crecimiento. Cuando los niños se acostumbran a pensar, a cuestionar la realidad y a buscar soluciones por sí mismos, comienzan a confiar en sus capacidades y enfrentan la vida con mayor seguridad y menos miedos.

Los niños deben encontrar su propia manera de hacer las cosas, deben conferirle sentido a su mundo e ir formando su núcleo de valores.

 ¿Cómo lograrlo?

Una serie de experimentos desarrollados en la década de 1970 en la Universidad de Rochester nos brinda alguna pistas. Estos psicólogos trabajaron con diferentes grupos de personas y descubrieron que las recompensas pueden mejorar hasta cierto punto la motivación y la eficacia cuando se trata de tareas repetitivas y aburridas pero pueden llegar a ser contraproducentes cuando se trata de lidiar con problemas que demandan la reflexión y el pensamiento creativo.

Curiosamente, las personas que no recibían premios externos obtenían mejores resultados en la resolución de problemas complejos. De hecho, en algunos casos esas recompensas hacían que las personas buscaran atajos y asumieran comportamientos poco éticos ya que el objetivo dejaba de ser solucionar el problema, para convertirse en obtener la recompensa.

Estos resultados llevaron al psicólogo Edward L. Deci a postular su Teoría de la Autodeterminación, según la cual para motivar a las personas y a los niños a que den lo mejor de sí, no es necesario recurrir a recompensas externas sino tan solo brindar un entorno adecuado que cumpla con estos tres requisitos:

  1. Sentir que tenemos cierto grado de competencia, de manera que la tarea no genere una frustración y una ansiedad exageradas.
  2. Disfrutar de cierto grado de autonomía, de manera que podamos buscar nuevas soluciones e implementarlas, sintiendo que tenemos el control.
  3. Mantener una interacción con los demás, para sentirnos apoyados y conectados.

Educar no es crear sino ayudar a los niños a crearse a sí mismos

Gracias  a Jennifer Delgado de Rincón de Psicología

Fuente: Cultura Inquieta