Entradas

Padres separados en Navidad

Si éste es uno de tus primeros años dividiendo la Navidad, no te desesperes. Aunque te resulte extraño hacerlo por primera vez, adereza tus fiestas navideñas con dosis de naturalidad, humor, generosidad y buen rollo. Con este coctel, te asegurarás un ambiente relajado y agradable para tus hijos. En definitiva, una Navidad feliz que, como me decía una amiga el otro día, es lo que interesa.

¿Qué hacemos con los niños? ¿Con quién pasarán la Navidad y el día de Reyes? ¿Cómo les afectarán estos cambios? Periodo de reuniones familiares por excelencia, la Navidad complica un poco las relaciones de las familias de padres separados o divorciados y convierte en una lucha competitiva la compañía de los hijos en estas fechas señaladas. Te decimos cómo mejorar la relación de padres separados en Navidad.

Cómo llegar al cuerdo entre padres separados en Navidad

Dónde comer o cenar los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes con o sin los niños es el dilema al que se enfrentan los padres separados en Navidad cada año.

Es normal que estas fechas se conviertan en una época especialmente difícil para ellos, pues la separación supone muchos cambios en la estructura familiar. Sin embargo, hay que normalizar.

Es cierto que los niños ahora tienen dos hogares y que deben repartir sus vacaciones en distintas casas e incluso en distintos lugares o destinos. Por este motivo, los expertos aconsejan que conviene huir de complicaciones, evitar separar a los hermanos, respetar las tradiciones, si las hay, respecto a dónde pasar las fiestas, con una familia o con otra, para que los niños puedan relacionar la Navidad con los abuelos maternos y la Nochevieja con los paternos, por ejemplo

También hay que evitar comparaciones y comentarios sobre con quién se lo pasan mejor o críticas sobre las costumbres navideñas del cónyuge y su familia.

El asunto de los regalos a los niños es otro de los asuntos espinosos en las Navidades de las familias de padres separados. La tendencia a competir por el afecto de los niños con el regalo más caro o a montar expectativas por la elección de aquel que más ilusión les haga es uno de los errores más comunes y nocivos para la familia en general.

No te compliques, llegar a un acuerdo es lo que mejor funciona. Conviene hacer un esfuerzo por acercar posturas y criterios. Piensa que la desintegración de su unidad familiar preocupa a tus hijos y en Navidad notan más que el mundo en el que vivían se ha roto. Esfuérzate por crear un ambiente seguro y agradable para ellos.

Los que hacemos tristes o alegres la Navidad para los niños somos los padres. Siendo realistas con la situación y con un poco de esfuerzo para evitar discursiones, aunque no se tenga el cuerpo para celebraciones, podemos contribuir a crear un ambiente relajado que repercuta positivamente en la estabilidad emocional de los niños.

Marisol Nuevo. Guiainfantil.com

Conoce el Síndrome del juego inacabado y cómo afecta a los niños

El juego es parte esencial en el crecimiento infantil, pero el exceso de estímulos puede provocar lo contrario.

Todos los niños adoran recibir juguetes y jugar, pero cuando esto ya es un exceso, lo que es muy común actualmente, ya no resulta tan provechoso. Cada vez más niños reciben regalos, los abren, juegan un rato y después terminan junto con muchos juguetes más ¡arrumbados!

El síndrome del juego inacabado se da cuando los niños son incapaces de disfrutar y jugar con un juguete o centrarse en una sóla tarea. Demasiados juguetes pone en peligro la capacidad de asombro e ilusión que tanto necesitan los niños para aprender.

Este síndrome se da por varias razones como tener demasiados juguetes, tener juguetes que lo hacen todo y no tener un área de juegos.

Para evitarlo los expertos recomiendan no comprarles todo lo que nos pidan,organizar el lugar de juegos, jugar más con nuestros hijos, guardar los juguetes que sobran, seleccionar los mejores según su edad.

Fuente: padresehijos.com.mx

Cómo explicar a los niños los desastres naturales

Tras el sismo ocurrido en México,  muchos niños podrían no entender y asustarse mucho. Como padres, podemos explicarles y procurar su tranquilidad.

El 19 de septiembre de 2017 los mexicanos vivieron uno de los sismos más fuertes y con mayor magnitud registrados, exactamente 32 años después del sismo ocurrido en 1985. Los niños estuvieron en contacto con muchas emociones fuertes, imágenes impactantes y caos.

Como padres, quisiéramos que ellos estuvieran exentos de este tipo de tragedias. Por lo menos, quisiéramos que estuvieran con nosotros en el momento en que estos desastres ocurrieran. Pero como lo vivieron ayer, muchos de los niños se encontraban todavía en la escuela, y sus padres se encontraban trabajando o en el hogar. Esto nos pone a reflexionar y a pensar que no siempre vamos a estar con ellos, incluso en fenómenos naturales tan fuertes como un sismo o un terremoto.

Nuestros niños nos han hecho muchas preguntas, unos con curiosidad y otros con miedo, pues es normal que los niños se contagien el temor y pánico entre sí. Por ello, es importante procurar permanecer con ellos después de estos siniestros.

Para explicarles a tus hijos qué ha ocurrido sin que pierdan la calma, te damos las siguientes recomendaciones:

  1. Que tus peques queden al margen de la situación: con las nuevas tecnologías, es normal que los niños tomen una tablet o celular y entren en contacto con los videos e imágenes que están circulando en las redes. Por el momento, procura que no miren los testigos de todo lo acontecido.
  2. Háblales con calma de lo acontecido: explícales con palabras sencillas qué es lo que provoca un sismo o temblor, y que los movimientos terrestres son normales (como si fuera un cuento, explícales cómo las placas tectónicas de la Tierra se mueven. La Tierra es un ser vivo que, al igual que nosotros, se mueve por dentro y necesita cambiar de posición).
  3. El pánico es normal: diles que la gente se asusta por naturaleza, pues no está acostumbrada a este tipo de acontecimientos.
  4. Deja que tu peque te haga las preguntas: evita explicaciones de más y deja que él se exprese y te haga las preguntas que le surjan, y respóndele siempre con actitud afable, y nunca muestres desesperación si te insiste.
  5. Cuéntale sobre la ayuda humanitaria: dile sobre cómo la gente se une para ayudar a otros a levantarse de esta situación. De ser posible, sé un ejemplo de ello.

Fuente: Revista Padres e Hijos

Cómo reforzar a los alumnos de forma positiva

Al igual que con sus padres en casa, los niños tienen a sus profesores como referente dentro del aula. Los pequeños perciben de sus maestros lo que hacen y lo que dicen. De esta manera, tienden a imitarlos en todos los aspectos. Por ejemplo, la manera de relacionarse, la actitud hacia la vida, el sistema de valores, etc.

Por ello, es importante que a la hora de enseñar, los profesores muestren coherencia entre lo que exigen a los niños y lo que hacen ellos mismos para que los pequeños puedan aprender. Es decir, los maestros han de tener en cuenta que debe de haber una correspondencia entre lo que enseñan y cómo se comportan.

Los profesores han de encontrar un modelo educativo adecuado en el que se pueda favorecer la autoestima de sus alumnos donde el niño se sienta respetado, aceptado y en el que aprecie su capacidad de resolver problemas de manera independiente. Te contamos cómo pueden reforzar a los niños de forma positiva.

Cuando un profesor busca reforzar a los alumnos de forma positiva es recomendable que en vez de limitarse a destacar sus errores, castigar o regañar al niño por aquello que hace mal, se debe resaltar y valorar las conductas y acciones positivas que realiza el niño para perpetuarlas y que se repitan en el futuro.

Gracias a este refuerzo positivo se consigue que los alumnos afiancen conocimientos, estimular su esfuerzo, sean más receptivos, estén más motivados y aumente su autoestima.

Para ello el profesor puede estimular con eficacia las conductas positivas de los alumnos:

– Diferentes estímulos para alumnos diferentes. Es importante que a la hora de preparar las clases se tenga en cuenta la teoría de las inteligencias múltiples. Cada niño es diferente y su manera de aprender difiere con respecto al tipo de inteligencia que tenga más desarrollada.

– Trabajar de manera conjunta con la familia. Gracias ello la calidad de la educación que se le ofrece al niño mejora ostensiblemente.

– Dar respuestas inmediatas. Cuando los niños consigan ciertos logros o actúen de manera positiva los profesores han de alentar sus esfuerzos durante el proceso o inmediatamente después. Si pasa un periodo de tiempo largo desde la acción positiva del niño se puede perder eficacia en la estimulación. Esto se puede hacer con frases como: ¿Qué bien estas trabajando?

– Generar expectativas de logro adecuadas y facilitar que el menor se sienta aceptadohará que el niño pueda llegar a tener una imagen positiva de sí mismo.

– Utilizar técnicas como “el bolígrafo verde”. Es una técnica que se hizo muy famosa por internet. Es muy simple y eficaz. Consiste en marcar con el bolígrafo verde los aciertos, en vez de tachar con rojo los fallos en los exámenes o las pruebas. Gracias a esto se evita centrar la atención de los alumnos en los errores, ayudándoles a fijarse en lo que hacen bien para poder repetirlo en el futuro.

Crear buen clima. Los profesores necesitan crear un ambiente cálido y acogedor, en el que los niños se sientan seguros y en el que se atiendan sus necesidades.

Qué reforzadores pueden usar los profesores con los niños

Para llevar a cabo el refuerzo positivo de sus alumnos, los profesores cuentan con diferentes tipos de estímulos y reforzadores que pueden usar. Entre ellos:

Físicos. Estos son: premios, regalos, ser la mejor nota de clase, etc. Todos ellos basados en una motivación extrínseca. No se puede abusar de ellos ya que crean dependencia y pueden desviarse hacia una competición insana entre los alumnos y llegar a crear bullying.

Sociales. Estos se basan en estímulos verbales como las felicitaciones, en el contacto físico como las palmaditas, y en expresiones faciales como gestos y sonrisas.

La retroalimentación. Cuando el niño realiza la actividad es gratificante para él que se elogie cómo la ejecuta.

Utilizar actividades preferidas. Conociendo los gustos de los niños, utilizar las actividades que más les agradas para estimularlos.

Fuente: guiainfantil.com

La vuelta al colegio sin dramas ni perezas

Ya queda muy poco para que los niños vuelvan al colegio y muchos padres se llevan las manos a la cabeza preocupados por cómo va a reaccionar su pequeño cuando tenga que ir o volver al cole, a despertarse más temprano, volver a las obligaciones o a tener que dejar de estar todo el día jugando.

Ha llegado el momento de volver a la rutina, a un cotidiano más organizado y lleno de horarios, y eso, aunque parece sencillo, no es tan fácil de asimilarlo, principalmente para los niños. Por esta razón, semanas antes de que tu hijo vaya o vuelva al colegio, es necesario que tome algunas providencias para que la transición de las vacaciones al colegio no lo atrape de golpe.

Buenos hábitos para la vuelta al cole

1- Los niños deben empezar a irse a la cama y a despertarse más temprano. Los padres deben establecer nuevos horarios para el sueño, para los momentos de alimentación. Eso evitará que el niño se duerma o esté irritado, cansado e incluso malhumorado en el primer día del colegio.

2- Es importante que los niños hagan un repaso de las actividades académicas o revisen las tareas que la profesora les dejó. Eso evitará que él no se sienta tan inseguro y miedoso en los primeros días del cole.

3- Es recomendable que los niños ya tengan organizados y forrados los nuevos libros, el material escolar, el uniforme (si es el caso), la mochila, estuche, calzados, etc., antes del inicio de las clases. Eso evitará que se sientan ansiosos y preocupados.

4- Promover una reunión con los amiguitos del niño. Eso le ayudará a ‘romper el hielo’. Se sentirá más seguro y arropado.

5- Es también importante que los padres tengan una actitud positiva, paciente y firme en cuanto a la vuelta al colegio de sus hijos. Deben resaltar siempre lo positivo del colegio. Eso evitará que el niño esté nervioso y miedoso.

6- Es aconsejable que los padres construyan un canal de comunicación muy abierto con los hijos. Al recogerlos en el cole, busquen saber cómo ha sido su día en el aula y en el patio. El niño se sentirá más positivo y apoyado.

7- Es el momento de establecer nuevos horarios: hora de irse a la cama, de despertarse, de ver la televisión, de jugar, de comer, etc., para que poco a poco el niño se vaya organizando.

8- Es conveniente que los niños crucen el puente de las vacaciones a la vida académica de una forma serena, sin excesos ni agobios. Las actividades extraescolares pueden esperar algunas semanitas.

Por lo demás, se debe evitar dar muchas vueltas al tema. Los padres debemos entender que es una etapa de transición como muchas otras. Los padres solo deben preocuparse si el niño, pasada una semana, sigue no queriendo irse al colegio y encima empieza a sentir dolor de tripa, de cabeza… Eso podrá ser síntomas del síndrome post vacacional, de alguna enfermedad, o dolencias por otro motivo. En este caso, se debe hablar con el niño e intentar ayudarlo.

Fuente: guiainfantil.com

5 consejos para padres con hijos respondones

Hay niños más pacíficos y obedientes. Otros, tienen una personalidad más fuerte y tienden a rebatirlo todo. Puede ocurrir a partir de los 4-5 años o cuando llega la adolescencia. Algo que no tiene por qué suponer ningún problema siempre y cuando no utilicen palabras hirientes como ‘Eres mala/a’, ‘Hazlo tú’, ‘Me da igual’….

Si tu hijo comienza a contestar de forma inadecuada o por defecto ante todo, no te desesperes. Te damos cinco consejos para superar esta etapa:

  1. Controla tus emociones y no te pongas a su nivel. Es fácil decirlo pero difícil hacerlo, por eso, tienes que recordar que ‘Tú tienes el control de la situación, eres el adulto’. Si pides respeto, tú debes ser el primero. Así que deja de retarle y evita frases como ‘¿Qué has dicho?’, ‘Vamos, repítelo’.  Todo eso va a generar que la situación se agrande y no vas a conseguir que tu hijo deje de decirlo.
  2. Usa la empatía y deja de pensar que te está retando. Pensar que tu hijo/a es malo/a, sólo va a conseguir que enfoques la situación de una manera equivocada y encima te vas a enfadar más.  Así que  para romper ese círculo de malas contestaciones, trata de no darle mucha importancia y deja de pensar que es un ataque personal. En vez de eso, entiende que para él es una frustración, como muchas de las que tienes tú tenías a su edad y hazlo saber. Puedes decirle por ejemplo: ‘Entiendo que no te guste que tu hermano juegue contigo pero no es la forma de decirlo’.
  3. Aprovéchalo como una oportunidad para hablar con tu hijo cuando esté más calmado/a. Transmite la importancia de hablar de lo que uno siente o piensa, pero al mismo tiempo explícale que debe canalizar de una determinada manera ese enfado para no herir a los demás. Por supuesto, deben pensar juntos soluciones. Usa frases como esta:  ‘¿Cómo puedes hacerlo la próxima vez?’.
  4. Habla claro y sin complicaciones. Hay muchos padres y madres que dan demasiadas explicaciones y algunos tratan de utilizar doble sentido o ironías para explicárselo, y en la comunicación con un hijo/a es totalmente inútil. Por un lado, porque puede que no entienda lo que estemos diciendo y por otro, pensará que encima te estas riendo de él o ella y será un obstáculo para la comunicación.
  5. Marca tus límites, de la misma manera que es importante que él/ella exprese, es que lo hagas tú. Puedes explicárselo de esta forma: ‘Cuando me hablas así, me enfado y no me gusta esa como me estás contestando, así que me gustaría que si quieres algo me lo digas sin llamarme malo/a.

Fuente: guiainfantil.com

Qué hacer si tu hijo quiere todo lo que ve

Tu hijo no tiene paciencia, quiere las cosas al instante. Si no lo obtiene en el momento se vuelve insoportable, ¿Qué puedes hacer?”  En esta entrada te ofrezco unas pautas para manejar esta situación.

1. En qué consiste el problema

Tal y como se describe en el ejemplo, el niño o la niña pide algo y lo quiere ya: aquí y ahora. Si no se atiende su demanda la reacción puede ir desde la frustración, la protesta, el llanto o la rabietaa conductas más agresivas, como romper cosas o insultar a los padres.

2. Por qué se produce

Es una conducta aprendida. El niño o la niña ha ido aprendiendo que al pedir las cosas no se aplazaba su petición. Además, ha aprendido con el paso del tiempo que si reacciona negativamente (llorando, enrabietándose o amenazando…) los padres responden con más prontitud y premura.

3. Qué contribuye

El temperamento más fuerte, la impaciencia o la poca capacidad de tolerar frustaciones pueden ser características que los niños tengan asociadas.

Padres con pautas inadecuadas, como responder demasiado pronto a sus demandas o con poca capacidad de decir “no” a sus hijos, también suelen empeorar las situaciones.

4. Qué se puede hacer

En primer lugar, deben estar mentalizados de la importancia de corregir esta conducta. Es claramente inadecuada y si no la corrigen las consecuencias para el chico o la chica serán peores: no se corrige con el tiempo. Hasta que no estén mentalizados y decididos no hagan nada: en la modificación del comportamiento actuar “a medias” es peor que no hacer nada.

La estrategia general sería “deshacer” el camino aprendido y enseñarle a aplazar las cosas y tolerar las pequeñas frustraciones. Algunas pautas que deberían seguir:

1º. No responda inmediatamente

Comience por aplazar un poco de tiempo las demandas que habitualmente le hace su hijo o hija. Si hasta ahora respondía inmediantamente, ahora deje transcurrir un poco más de tiempo, aunque solo sean unos segundos.

2º. Ignorar las conductas inadecuadas

Ignore sus protestas y quejas. Cuando comience a aplazar el tiempo de respuesta, aumentarán las quejas. Hágase fuerte e intente mantener el tiempo que se ha marcado.

3º. No cambie su decisión

No acelere la respuesta si el niño o la niña reacciona negativamente con más fuerza.

4º. Indique cuándo va a cumplir la petición

En algunas peticiones indíquele cuando las va a cumplir. Si su hijo le pide que le prepare un bocadillo, por ejemplo,  puede indicarle cuándo lo va a hacer: “te lo haré cuando termine de arreglarme el pelo“, e ignore sus protestas. No cambie su decisión por la reacción negativa del niño.

5º. Plantearle metas a medio plazo

Poco a poco enséñele a plantearse metas a medio o largo plazo. Por ejemplo, el ahorro puede ser una buena medida para aprender que las cosas necesitan un tiempo.

6º. Reforzar positivamente la colaboración

Toda colaboración y capacidad de espera, se le debe reconocer y elogiar.

5º. Recuerde

No olvide que es un proceso lento: hay que “desaprender” una conducta inadecuada y enseñar una nueva forma de comportarse. Para ello les he propuesto seis pautas:

  1. No responda inmediatamente.
  2. Ignore las conductas inadecuadas.
  3. No cambie su decisión por la reacción negativa
  4. Indíquele cuándo va a cumplir la petición
  5. Plantée metas a medio plazo
  6. Refuerce positivamente la colaboración

Por tanto, no sean impacientes en conseguirlo, la clave puede estar en la constancia y en avanzar en pequeños pasos. ¡MUCHO ÁNIMO!

Fuente: familiaycole.com

5 actitudes que debilitan el vínculo con nuestros hijos

Dar cariño, afecto, seguridad y apoyo a los hijos es fundamental para su desarrollo emocional. Establecer pues un vínculo afectivo desde las primeras etapas es básico para ello.

Hay pequeñas acciones cotidianas que son básicas que fomentan el apego y el vínculo, pero también hay otras actitudes que pueden romperlo, estropearlo o debilitarlo. Esas son las que debemos evitar siempre.

Acciones que rompen el vínculo con los hijos

  1. No escuchar a los hijos: cierto es que los niños pueden hacer cientos de preguntas al día y que someterse a ese interminable cuestionario es agotador, pero no dar respuesta a nuestros hijos impide abrir una vía de comunicación. Hablar con ellos es importante, pero también escucharles, saber cómo les fue el día, si tuvieron algún problema, cuál fue su mejor experiencia o simplemente a qué jugaron, es básico para cuidar el vínculo.
  2. Gritarles: los gritos constantes a la hora de educar a los hijos sólo causan en ellos baja autoestima, minan su confianza, tienden a tener conductas más agresivas y les genera más estrés. Todos los expertos y psicólogos se unen en la misma afirmación: para educar a los hijos no hay que gritarles.
  3. Castigarles: el exceso de autoritarismo, las constantes prohibiciones y la educación asociada al castigo no enseña nada al niño. Los psicólogos prefieren utilizar el refuerzo positivo y no el castigo, ya que el niño obtiene una enseñanza y además reforzamos su autoestima. En vez de sancionar constantemente podemos estimular el buen comportamiento con consecuencias favorables para ellos, por ejemplo: “si haces todas tus taras, puedes elegir hoy el postre”.
  4. No dedicarles tiempo: el día a día nos sume en un sinfín de tareas que parecen no acabar nunca, sin embargo, sacar un poco de tiempo al día, por poco que sea para dedicarlo en exclusiva a nuestros hijos es fundamental. De lo contrario, poco a poco irán distanciándose de nosotros y el vínculo irá debilitándose.
  5. No mostrar afecto: el contacto físico, los abrazos, los besos o simplemente decirles cuánto les queremos son costumbres que estimulan el vínculo entre padres e hijos. Si no realizamos estas pequeñas y simples acciones, nuestros hijos no sólo crecerán sin esa necesidad básica de afecto de todo ser humano sino que además no estaremos estimulando el apego con nuestros hijos.

Fuente: guiainfantil.com

Por qué los niños no deben dormir en la cama de sus padres

El dormir en la misma cama que los niños es una práctica que está rodeada de polémica. Existen opiniones a favor y en contra de ello pero, ¿qué ocurre cuando los niños quieren dormir en la cama de los padres más allá de la etapa infantil?

El sueño en la infancia

Dormir bien es fundamental para disfrutar de un óptimo rendimiento durante el día y de una buena calidad de vida. Si un niño tiene un sueño superficial y con interrupciones se levantará con la sensación de no haber descansado durante la noche, su estado de ánimo se verá afectado, disminuirá su rendimiento y tendrá somnolencia al día siguiente.

Dormir las horas de sueño necesarias y tener un sueño de calidad repercute positivamente en el desarrollo del niño. Por todo ello, es importante favorecer todas aquellas condiciones que permitan a los niños dormir de manera profunda y sin interrupciones durante la noche.

Debemos procurar que la habitación del niño disponga de una temperatura adecuada, que no sea ruidosa, que no haya luces encendidas, que los dispositivos electrónicos (TV, ordenadores, teléfonos móviles, tabletas…) estén apagados durante la noche y que la cama disponga de un colchón confortable.

Dormir en la cama de los padres o el colecho tras la etapa infantil

¿Dormir con los niños en la misma cama es una buena idea? ¡NO! Está práctica es conocida bajo el término “colecho” y no está exenta de polémica, ya que son muchas las personas que se posicionan a favor y muchas otras que se posicionan en contra.

Algunos profesionales afirman que los niños a partir de los 3 meses de vida deben dormir solos, otros señalan que deben dejar de compartir cama con los padres a partir de los 6 meses, otros dicen que lo ideal es a partir de los 3 años y otros incluso afirman que solo a partir de los 5 años es cuando el niño debe empezar a dormir en una cama distinta a la de sus padres. Aunque la polémica sigue vigente, parece que los profesionales se ponen de acuerdo en afirmar que un niño debe dormir solo antes de iniciar la educación primaria, es decir, a los 5 o 6 años.

Muchos padres duermen con sus hijos para que no tengan miedo durante la noche, para sentirse más seguros o simplemente porque desde que nacieron han adquirido el hábito de dormir juntos en la misma cama. Sin embargo:

– Esta práctica interfiere en la calidad del sueño del niño por lo que no es recomendable.

– No potencia la autonomía e independencia del niño sino todo lo contrario. Como padres, tenemos la obligación de criar niños responsables, autosuficientes e independientes y, dormir con nuestros hijos dificulta que lo sean.

– Potencia que los niños adquieran miedos y manifiesten una conducta de dependencia hacia sus padres.

– Si los niños duermen en la cama con sus progenitores es posible que su sueño se vea interrumpido en varias ocasiones durante la noche debido a los movimientos que los padres hacen en la cama, ronquidos, tos, calor, incomodidad, etc. ¡Cuidado!, un sueño superficial y con interrupciones continuado puede conllevar a que el niño desarrolle problemas de sueño como por ejemplo insomnio.

Por qué los niños deben dormir en su cama

Tenemos que procurar que sean autónomos. Igual que le enseñamos a comer, a atarse las cordoneras o cuidar su higiene corporal por sí mismos, es importantísimo enseñarles a dormir solos sin necesitar el acompañamiento o protección de un adulto.

Dormir solos repercute positivamente en su autoestima. Por otro lado, si el niño tiene miedo debemos enseñarle a afrontar y gestionar sus miedos pero no animarle a evitarlos durmiendo en nuestra cama. Tenemos que ayudarles a que interioricen el mensaje de “soy capaz de dormir solo” y debilitar el mensaje de “necesito a mi mamá o necesito a mi papá para poder dormir”.

Por tanto, debemos ayudar a nuestro hijo a llevar una adecuada higiene de sueño que le permita tener un sueño de calidad y disfrutar de un gran descanso durante la noche.

Fuente: GuiaInfantil.com

Qué hacer ante las malas contestaciones de nuestros hijos

Hay niños más y menos rebeldes: los hay que desde la primera infancia son respondones y ya quieren imponer su criterio y otros que son más conformistas o pacíficos.

Sin embargo, a medida que crecen, nuestros hijos tienen más argumentos a la hora de discutir, intentan negociar, imponer sus ideas o ganar esas pequeñas batallas del día a día. Es entonces cuando miramos al cielo y suspiramos: “ya está aquí, es la preadolescencia”. Pero, qué debemos hacer si para imponer su criterio nos hablan de forma despectiva, si incluso nos insultan o se pasan de la raya, ¿cómo actuar ante las malas contestaciones de nuestros hijos?

Las malas contestaciones de nuestros hijos… ¿cómo actuar?

Aunque para nosotros sea una especie de castigo que nuestro pequeño angelito esté intentando buscar pelea constantemente, imponer su criterio a toda costa y cada vez que le reñimos, rebate cada una de las cosas que le decimos, hemos de aceptar que, en el fondo está desarrollando su personalidad y ganando habilidades de negociación, en definitiva, está creciendo y hemos de considerar que ya tienen su propia opinión.

Sin embargo, en esta fase lo que no podemos ni debemos aceptar son las malas contestaciones de nuestros hijos, para todo hay un límite. ¿Cómo frenarles si en esa fase nos hablan mal?

– No responder con malas contestaciones: ponernos a su nivel y utilizar los malos modos sólo creará un bucle y una tensión que irá en aumento. Es verdad que es fácil decirlo pero no hacerlo, sin embargo, es esencial que no hagamos lo que precisamente estamos intentando evitar en ellos. Se trata de educarles de forma coherente y, con el ejemplo.

– Ser tajante: que no demos malas contestaciones no significa que las tengamos que permitir en nuestros hijos. Sin gritar, sin insultar y sin violencia verbal, hemos de ser firmes y claros, no vamos a permitirles que nos hablen de esa manera y, mientras lo hagan, no mantendremos una conversación con ellos.

– ¿Qué hay detrás de la mala contestación? Tenemos que intentar averiguar qué le pasa, no achacarlo todo a la preadolescencia y saber qué le molesta, por qué está enfadado con nosotros y si hay algo que podamos mejorar para que no se sienta tan rabioso.

– No critiques el ser, critica el estar: significa que, en un momento de conflicto evites el “eres un contestón”, “eres malo”, “eres un desastre”, en lugar de ponerle etiquetas que, acabará asumiendo con el paso del tiempo, debemos cuestionar lo que hizo, ese momento en que se equivocó.

– No reír la gracia al niño: cuando las malas contestaciones se dan en niños muy pequeños, a veces nos hace gracia, y nos reímos cuando se ponen respondones, sin embargo, desde las primeras manifestaciones, debemos hacerles saber que no es forma de hablar y que, sólo le haremos caso cuando nos hable correctamente.

– No permitir el insulto: en ocasiones no ponemos unas normas claras y ponemos tantas que a los niños les resulta confuso. Es preferible poner pocas normas pero muy claras y una de ellas puede de ser: “no se pega y no se insulta”. Cuando estén tranquilos les explicaremos la importancia de la tolerancia y el respeto en el trato a los demás y, que se puede defender una idea o un criterio, sin necesidad de dar malas contestaciones o insultar.

– Consecuencia ante las malas contestaciones: si los niños llegan a insultarnos o dar una contestación hiriente y dolorosa, les podemos mandar tiempo fuera, en lugar de ponernos a gritar y discutir. Les apartaremos de la situación sin implicarnos en la batalla para que se de cuenta que ha herido nuestros sentimientos y que no queremos estar con él si se comporta así.

Fuente: guiainfantil.com