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5 tips para darle a tus hijos unas navidades que nunca olvidarán

La navidad es una temporada especial para millones de seres humanos alrededor del mundo, y en especial para los niños. Pero, ¿es posible hacerla aún más especial para tus hijos? Si Santa es capaz de traerle regalos a todos los niños del mundo desde el Polo Norte en una sola noche, entonces todo es posible. Solo tienes que adornar esta hermosa época con detalles e ideas que hagan la diferencia como por ejemplo… Ya te cuento a continuación.

1. Disfruta el espíritu navideño fuera de casa

La experiencia navideña puede calar más hondo en la memoria de los más pequeños si trasciende más allá del arbolito de navidad y las paredes del hogar. Una buena forma de hacer esto es aprovechando los descuentos y llevarlos a eventos relacionados con esta festividad como el espectáculo de Disney On Ice o cualquier otra celebración de ese tipo.

2. Extiende la decoración navideña de tu casa

Haz algo diferente con respecto a la decoración de tu casa para esta fecha. Atrévete a extender la decoración más allá de la guirnalda y el tradicional. Puedes forrar las puertas de la casa con papel de regalo temático de navidad, incluso puedes hacer lo mismo con el interior de tu auto, esto ayudará a que tus chicos se sumerjan 100% en la navidad.

3. Sorpréndelos

En vez de recibir los juguetes en el arbolito de navidad como es tradición, podrían recibir una agradable sorpresa al despertar y encontrar todos los regalos al pie de su cama. Esto les hará sentirse especiales, ya que Santa se tomó el trabajo de llevarles los regalos hasta su cama, sobre todo si entre los regalos se encuentra algún juguete especial que han estado esperando por mucho tiempo.

4. Santa les escribe de vuelta

Muchos niños le escriben una carta a Santa con antelación para pedirle los juguetes y regalos que desean. Pero una carta de respuesta de puño y letra del mismísimo Santa Claus explicando por qué trajo (o no pudo traer) este o aquel regalo puede convertirse en una sorpresa inolvidable. Y si esto llegase a ocurrir, puedes sugerirle a tu hijo que le escriba una segunda carta a Santa agradeciéndole personalmente.

5. Navidad con sabor latino

Todo lo que tienes que hacer es incorporar una piñata el día de la fiesta y tus niños estarán más que felices de hacer algo diferente para esta celebración.

6. Practica la solidaridad

Es bueno recibir regalos y compartir en familia, pero la navidad también puede ser la oportunidad perfecta para enseñarle a tus hijos la empatía y la caridad hacia los demás. Compra algunos juguetes extra y junto a tu hijo dáselo a algún pariente o vecino con menos facilidades económicas. No tiene que ser algo caro o sofisticado, puede ser algún juguete comprado en un mercado local e incluso una manualidad o algo hecho por ustedes mismos. Lo importante es el acto de dar a los demás durante esta temporada festiva.

Fuente: vix.com

8 consejos para ayudar a los niños con dificultades sociales a lidiar con la temporada de fiestas

Los eventos decembrinos se supone que son divertidos. Pero para los niños que tienen dificultades con las habilidades sociales pueden significar un reto y crear estrés. Utilice estos 8 consejos simples para ayudar a su hija a superar exitosamente esta temporada de socialización.

1- Practique los saludos y las despedidas

Mientras más practique con su hijo, más sencillo será para él decir las palabras correctas cuando las necesite. No tiene que decir demasiado: “Hola, ¡me da gusto verlo!” y “gracias por invitarme, la pasé muy bien”, por lo general son suficiente. Recuérdele que vea a las personas a los ojos y que si extienden su brazo, significa que desean estrechar su mano.

2- Diga a su hijo qué podría pasar

Hágale saber a su hijo cómo transcurrirá el día (si no está seguro, pregunte a sus invitados con anticipación). Usted podría decir algo como: “Cuando lleguemos allá, los niños estarán mirando el juego de fútbol o jugando en el piso de abajo. Después de una hora, cenaremos. Los niños se sentarán en su propia mesa. Después comeremos el postre y luego regresaremos a casa”. Su hijo se sentirá más relajado si sabe lo que sucederá. Además, podrían proponer maneras para manejar ciertas situaciones.

3- Escriba algunas frases para iniciar conversaciones

Ayude a su hijo a desarrollar algunas preguntas generales para comenzar a hablar con otros niños. Él podría preguntar: “¿Practicas algún deporte?” o “¿qué programas de TV te gusta ver?”. Con niños mayores, proponga hablar de noticias de deportes o celebridades acerca de las que pueda hablar.

4- Ayude a su hijo a integrarse al grupo

Antes de que usted comience a socializar con los adultos, ayude a su hijo a integrarse al grupo. Si los niños están jugando fútbol y a su hijo no le gusta ese juego, pregunte si necesitan una persona que anote el puntaje. O si es un juego que a él le agrada, ayúdelo a que participe diciendo algo como: “A Juan también le gustaría jugar. ¿Hay espacio para otro jugador?”.

5- Juego de roles para abrir los regalos

Si ocurrirá un intercambio de regalos, practique con su hijo abrir regalos y a dar las gracias. Represente diferentes situaciones: no le gusta el regalo, ya lo tiene o a él le encanta. Pueden turnarse para actuar cómo sonar agradecido sin importar lo que reciba.

6- Ayude a su hijo a conversar con adultos

Es natural que, en las reuniones de las festividades, los adultos le pregunten a su hijo qué tal le va. Puede que a los niños con dificultades sociales no les guste hablar sobre la escuela ni les sea fácil hablar sobre sus logros. Proponga a su hijo que diga algo positivo para responder esas preguntas. Por ejemplo, “¿por qué no le cuentas a la tía Emma cómo entrenaste a nuestro nuevo cachorro?”.

7- Explique las funciones de los anfitriones

Tener la reunión en su casa puede ser una ventaja. Puede que su hijo se sienta más cómodo en su propio terreno. Quizás quiera asignarle una tarea, como abrir la puerta y mostrar a los invitados dónde colocar sus abrigos. Recuérdele que permita que los invitados escojan la película o el juego que deseen. Y si es un evento para adultos, considere dejar que se vaya a su habitación después de saludar. Si él ya ha asistido a varios eventos durante las festividades, puede permitirle que se ausente en uno.

8- Señale lo que su hija hizo bien

Si hizo un buen trabajo dando las gracias o actuó apropiadamente durante una conversación con sus primos, hágale saber que usted se dio cuenta. El reconocimiento puede ser muy importante, y le dará más seguridad para cuando asista al siguiente evento de las festividades.

Fuente: understood.org

 

El buen trato

Carolina Jiménez
carolina.jimenez@listindiario.com
Santo Domingo

Los valores humanos conducen hacia una mejor sociedad sin distinción de raza o cultura. Permiten una libre convivencia en el mundo con las demás personas.

La clave para un ser humano sentirse bien con sí mismo y con los demás, no está en la abundancia económica o material que pueda tener, ni siquiera en su belleza física. Sino más bien, en los buenos valores que conserva dentro de su corazón y transmite a quienes están a su alrededor.

Cuando se experimenta un buen trato hacia los demás, podemos asegurar que en la mayoría de casos seremos tratados de la misma forma. Ese bienestar nos puede cambiar el día, mejorar nuestro ánimo y nuestras decisiones e impulsarnos a extender a otros ese mismo estado.

El buen trato es un hábito que produce paz y es contagioso, tiene el poder de “desarmar corazones”; en otras palabras, la cortesía tiene la capacidad de liberar las emociones negativas, pues ante un gesto gentil, la otra persona se puede tranquilizar. Es la amabilidad una fórmula para conseguir la calma en un momento hostil, evitando así una posible conducta negativa. En su efecto multiplicador, se convierte en un valor fundamental de la cohesión social al crear sociedades más justas, pacíficas, solidarias, respetuosas y educadas.

El buen trato significa ser amable con los demás; aceptarlos como son, sin juzgarlos y comprendiéndolos tratando de ponerse en su lugar.

Educar en el buen trato

Expertos afirman que “ofrecerles a los niños, independientemente de la situación social de cada familia, el afecto, el apoyo y la seguridad necesaria para su perfecto desarrollo, puede conseguir seres humanos equilibrados, tolerantes y capaces de comprender y desarrollar su sentimiento de empatía con el resto de sus compañeros”.

  • Un gesto de amor: es uno de los actos más sublimes y epeciales del buen trato.
  • Una sonrisa: alegra el alma y puede cambiar el día de una persona positivamente.
¿Cómo mostrar buen trato a los demás?

Ofreciéndoles una sonrisa, un trato cálido, una atención, un saludo y siendo cortés. Según Andrés Ocádiz: “Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo, porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad que merecen. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días»”.

De acuerdo a la Fundación Humanismo y Ciencia, el decálogo de la amabilidad es el siguiente:

1-Procura reconocer y respetar los derechos y los méritos de los demás, y aceptar sus formas de pensar, aunque sean distintas de las tuyas.

2-Trata a los demás con el mismo respeto y cariño con el que te gustaría que te trataran a ti.

3-Procura ser complaciente con los que te rodean cuando te piden un favor o solicitan tu ayuda.

4-Utiliza palabras como gracias, perdón, por favor, que te facilitarán y harán más agradable tu relación con los demás.

5-Intenta ver en cada persona lo mejor de ella. Seguro que lo encontrarás y te sorprenderá.

6-Acostúmbrate a expresar tus mejores sentimientos, no los reprimas. Trata a los demás con toda la naturalidad, la alegría y el afecto que espontáneamente salgan de ti.

7-Acostúmbrate a sonreír. Muéstrate solidario, optimista y colaborador con las personas con las que convives.

8-Piensa que si todos tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos todos seremos mucho más felices.

9-Trata de analizarte y observa si, cuando eres amable o afectuoso con los demás, te sientes más a gusto contigo mismo.

10-Comprueba cuántas horas al día estás de buen humor. Si son muchas, alégrate porque estás construyendo un mundo más amable.

Cómo detectar los síntomas de estrés infantil

Tres de cada diez niños con padres trabajadores sufren ansiedad provocada por el ritmo de vida laboral de sus progenitores

En comparación con los datos de hace 20 años, donde la incorporación de la mujer al mercado laboral era muy inferior a la actual, los casos de niños con estrés infantil se han disparado un 60%. Y es que el ritmo de vida de los progenitores, con horarios incompatibles en muchos casos para compatibilizar la vida personal con la profesional, marca de forma importante el de los pequeños de la casa.

Actualmente, son tres de cada diez los niños con padres trabajadores que sufren un aumento de la irritabilidad y cambios constantes en el estado de ánimo, según informa Denken, centro especializado en mindfulness como terapia para combatir problemas de ansiedad o estrés.

El director del centro Denken, Italo Maione, especialista en mindfulness, indica que «cada vez recibimos más niños con problemas de estrés derivados de horarios imposibles en los que los padres se ven desbordados y ellos, a pesar de su corta edad, también sufren estas consecuencias», expone el experto.

Cada vez son más los colegios que incorporan clases de meditación y mindfulness entre sus actividades educativas con el fin de eliminar los elevados niveles de estrés, especialmente en las grandes ciudades. Y no sólo es algo que utilicen los adolescentes, sino también niños de edades más tempranas.

Los horarios rígidos, la lejanía respecto a los colegios y centros de trabajo e incluso el volumen de tareas que los jóvenes llevan a casa se reflejan en constantes cambios de humor e irritabilidad.

Según Maione, «problemas para dormir, terrores nocturnos o hábitos nerviosos son otras de las manifestaciones, además de la irritabilidad y enfermar de forma habitual. Las consecuencias del estrés en los niños además no sólo son de origen físico, sino emocional y cognitivo. Por eso, actividades como el mindfulness son necesarias para recuperar y rehabilitar las funciones cognitivas y controlar el estado emocional a través de la atención plena», afirma el especialista.

Es importante ayudar a los niños para que no se vean afectados por el estrés de los adultos, si bien el estrés normalizado forma parte también del desarrollo. De ahí, que la meditación y el mindfulness sean técnicas que colaboran en la reparación del equilibrio mental y la salud física del niño.

Observar la conducta del menor es fundamental, intentando mantener su vigilia y descanso intacto, regular su alimentación y fomentar vínculos de confianza. Es necesario estar pendientes de ciertos síntomas para detectar estos problemas como:

— Aparición de irritabilidad y mal humor

— Bajo rendimiento en las actividades de su rutina diaria

— Pérdida de concentración

— Desmotivación a la hora de realizar tareas no solamente académicas, sino en las labores de la casa o en sus momentos de diversión

— Contestaciones fuera de lugar

— Cansancio, pereza o dejadez, por ejemplo cuando deja de recoger las cosas o de ordenar su habitación

— Cambios en sus hábitos de estudio o en los resultados de sus calificaciones

— Comportamiento apático o de rechazo

— Modificaciones o problemas en su alimentación o sus horarios

Fuente: abc.es

Los beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan

Hablar solo mejora la comunicación de los niños

Probablemente te has dado cuenta de que muchos niños hablan solos mientras están jugando. A veces incluso decimos que están hablando con su amigo invisible, pues parece que mantengan una conversación muy interesante con alguien que sólo ellos pueden ver.

Esto es algo muy beneficioso para su desarrollo intelectual, ya que en esta situación de juego estará practicando maneras de comunicarse de forma efectiva con los demás.

¿Quieres saber cuáles son los beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan?

10 beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan

No te preocupes si tu hijo habla solo mientras juega, ya que esto puede tener muchas ventajas para su maduración en el futuro.

1- Practica diferentes maneras de comunicarse. Especialmente cuando utiliza diferentes personajes que interactúan entre ellos.

2- Empatiza con estos diferentes personajes y se pone en otros puntos de vista para entender mejor cómo la misma situación afecta de diferentes maneras.

3- Usa diferente roles, entendiendo que tendrá que actuar con más o menos firmeza si representa, por ejemplo, ser un profesor o ser un alumno.

4- Se autocorrige, ya que no hay nadie que le diga si lo dice bien o mal. Además necesita hacerse entender para que los demás personajes con los que interacciona puedan participar también (de no ser así, no tendría ningún sentido continuar hablando en voz alta).

5- Organiza y estructura mejor las frases, ya que no hay prisa en dar una respuesta y se concede el tiempo que necesita para elaborar el discurso.

6- Utiliza el turno de palabra. La imposibilidad de que los personajes se interrumpan mientras hablan crea la necesidad de que el niño establezca unos tiempos marcados para que cada uno de los hablantes pueda expresarse y ser escuchado.

7- Es más flexible y encuentra fácilmente soluciones para que sus personajes favoritos se pongan de acuerdo.

8- Estimula su creatividad a través de la invención de diversos conflictos y soluciones, necesarios para que el juego tenga sentido y se alargue tanto como desee.

9- Se escucha a sí mismo, siendo más consciente de lo que está diciendo. Este punto es básico para comprendernos y deberíamos hacerlo todos, niños y adultos, así que cuanto más practique, más facilidades tendrá para defender sus ideas en un futuro.

10- Aprende más vocabulario, ya que cuando prueba nuevas fórmulas de comunicación surgen maneras distintas de decir lo mismo pero desde diferentes perspectivas. Y en el momento en que no sepa cómo explicar algo, le aparecerá una duda que deberá resolver, con lo que estará muy atento, después del juego, a lo que se diga a su alrededor para encontrar la solución, memorizando más fácilmente las palabras nuevas que utilizará otro día cuando se encuentre jugando nuevamente con sus personajes favoritos.

Como ves, hay muchos beneficios en que los niños hablen en voz alta mientras juegan. Por eso, si le encuentras hablando a solas te recomiendo que evites interrumpirle en la medida de lo posible y que respetes su espacio para que se pueda expresar libremente.

Fuente: Guiainfantil.com

La clave para aprender a leer y a escribir en los niños

Qué es la conciencia fonológica y por qué es importante en el aprendizaje

Algunos niños, al iniciarse en el aprendizaje de la lectoescritura (momento que, por otro lado, empieza a ser cada vez más precoz en el ámbito educativo), encuentran dificultades para denominar las letras, comenzar a hacer las primeras uniones entre ellas, etc.

Estos pequeños demuestran, casi desde las primeras clases, que no consiguen ir al ritmo de los demás. Pero si se detectan dichos problemas tempranamente y se ponen medidas al respecto, en la mayoría de los casos, los niños podrán ‘subirse al carro’ sin demasiados problemas.

Qué es la conciencia fonológica en los niños

Estas dificultades de las que hablamos vienen marcadas, en muchas ocasiones, por una deficiente conciencia fonológica, base para la adquisición de la lectura y la escritura.

La conciencia fonológica consiste en la habilidad para asociar un sonido del lenguaje oral (fonema) a su representación gráfica o escrita (grafema) y comprender, además, que la combinación de estos signos gráficos genera unidades (sílabas) que, a su vez, pueden formar otras más complejas con un significado pleno (palabras). La capacidad para tener este manejo es, como decíamos, clave para el aprendizaje de la lectoescritura.

8 actividades para favorecer la conciencia fonológica en los niños

Las siguientes tareas están dirigidas a que los niños sean capaces de manipular las estructuras modificándolas, sustituyéndolas, omitiéndolas, etc. Todas las propuestas son de modalidad oral y en ellas resultarán útiles también los recursos visuales o manipulables que se quieran emplear.

  1. Listas de palabras: ‘vamos a decir todas las palabras que se nos ocurran que comiencen por la sílaba pa, como por ejemplo: pato’. Esta actividad se puede plantear desde formatos muy diferentes, como el conocido ‘De la Habana ha venido un barco cargado de…’. Esta frase se usa para introducir elementos que empiezan por la sílaba o sonido que el adulto elija.
  2. Calculadora humana: contar cuántas sílabas tiene una palabra o qué número de palabras componen una frase sencilla.
  3. Zampasílabas: descubrir la sílaba que hemos omitido en las palabras que se emiten oralmente, por ejemplo: esca__ras.
  4. Ladrón de sílabas: ahora es el niño quien debe eliminar la sílaba que le pedimos. Ej.: ¿cómo sonaría la palabra ‘ventana’ si quitamos la segunda sílaba?
  5. Deletreo: pedimos al pequeño que adivine a qué palabra corresponden los fonemas que estamos nombrando. Por ejemplo: /s/, /a/, /p/, /o/.
  6. Box de sílabas: al igual que los mecánicos cambian las ruedas a los coches de carreras, el niño deberá sustituir una determinada sílaba en una palabra por otra que ofrezcamos. Ej.: ¿cómo queda la palabra bolsillo si cambiamos la sílaba si por mi?
  7. Fonema/sílaba reincidente: identificar el fonema o la sílaba común a dos palabras distintas. Ejemplo: ¿qué sonido comparten lata y lobo? o ¿qué sílaba hay igual en las palabras completar y cumpleaños?
  8. Palabras encadenadas o Veo-veo: dos clásicos ideales para viajes largos en coche, paseos por la calle, de camino al colegio,…

Estas tareas son divertidas para nuestros peques y, más aún, cuando se les presentan como auténticos juegos. Por ello,  animamos a ponerles títulos atractivos y a mostrar una actitud dinámica que invite a participar. Del mismo modo, no olvides que el refuerzo positivo será fundamental para que los niños se animen y deseen seguir trabajando, pues una palabra cariñosa o de ánimo será la mejor recompensa.

Fuente: Guía Infantil

Cómo despertar el interés y la curiosidad en los niños

Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.

También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niños, educadores y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.

Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La neuroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.

Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.

Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.

Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.

Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y  aprenderá.

Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Claves para que los niños salgan del estado de pereza

Sacar a los niños del estado de pereza no es muy complicado si se logra determinar la razón de su comportamiento.  Se trata de poner rutinas para que aprendan a ganarse las cosas, además de motivarles y reconocer sus esfuerzos cuando hacen las cosas solas. Se les debe enseñar a los niños a esforzarse, a ser responsables y a obtener una satisfacción por ello.

Explica la psicóloga Catina Furlan que “un niño con pereza lo que muestra es falta de interés, de energía o de voluntad para hacer las actividades. Este desinterés se puede trasladar al momento de jugar, hacer tareas en el hogar. Esto se puede deber a falta de interés, autonomía, motivación, ausencia de una rutina estructurada o falta de autoestima. También puede ser producto de los padres que tendemos a hacerles todo y los niños no requieren de esforzarse en conseguir las cosas”

La psicóloga presenta 7 claves para motivar a los niños perezosos:

  1. Invitarlos a que ayuden a poner la mesa, recoger platos, arreglar cama.
  2. Motivarlos y hacerles ver que valoramos lo que hacen.
  3. Elogiar esfuerzos.
  4. Asignar responsabilidades: darle comida a mascota, botar la basura, regar plantas.
  5. Marcarle los tiempos para las actividades.
  6. Ser constantes en estas exigencias.
  7. Se les puede hacer horario visible de lo que deben hacer y recompensarlos al final.

Fuente: ojodeltiempo.com

La resiliencia ofrece a los niños las herramientas para afrontar los retos de la adolescencia

Según la autora Ana Roa, no es posible proteger a los hijos de todos sus altibajos, pero sí criarles con la capacidad de hacer frente a las adversidades y transformarlas en experiencias positivas.

Cada vez más, la palabra resiliencia ocupa un lugar importante en muchas conversaciones de empresarios, docentes, padres… Se trata de la capacidad que tiene el ser humano para afrontar las dificultades, los problemas y adversidades que le plantea la vida.

En su último libro, «Educación, ¿talla única?», Ana Roa, pedagoga, profesora y especialista en Educación Infantil, asegura que no es posible proteger a los niños de los altibajos que puedan surgir en cualquier momento, pero sí criarles con esta capacidad de hacer frente a las adversidades para transformarlas en experiencias positivas. «La resiliencia le proporcionará a los pequeños las herramientas necesarias para responder a los retos de la adolescencia y del inicio de la etapa adulta y así vivir de manera satisfactoria y plena a lo largo de la vida adulta».

Añade que «la fortaleza emocional o del corazón implica generar emociones positivas, niveles altos de optimismo y gestionar las emociones negativas. Un componente básico de la resiliencia es “creer en uno mismo”, confiar en nuestras fortalezas para afrontar los desafíos. Es muy importante porque potencia la motivación, calma la ansiedad y regula el estrés. Además, ayuda a los niños a darse cuenta de cómo se sienten y expresarlo de forma adecuada, les enseña a conectarse con sus emociones, sus capacidades, sus intereses, sus posibilidades y sus recursos y, sobre todo, a mantener el ánimo y el optimismo frente a la adversidad».

Para lograr este objetivo, la autora ofrece una serie de consejos que, siguiendo las pautas de la Asociación Americana de Psicología, ayudarán a reforzar la resiliencia dentro de la familia:

—Establecer relaciones: enseñar a los hijos a hacer amigos, la capacidad de sentir empatía o el dolor del otro. Se debe desarrollar una red familiar fuerte para respaldar a los hijos ante las desilusiones y heridas inevitables.

—Ayudar a los hijos inculcando que ayuden a otros. Se debe animarles a realizar trabajos voluntarios apropiados a su edad, o pedirles ayuda con alguna tarea que ellos puedan realizar.

—Mantener una rutina diaria. Respetar una rutina puede ser reconfortante para los niños. Hay que motivarles a que desarrollen las suyas propias.

—Tomarse un descanso. Preocuparse constantemente puede resultar contraproducente. Se debe enseñar a los niños cómo concentrarse en algo distinto a lo que les preocupa.

—Saber cuidarse de sí mismo. La importancia de darse tiempo para comer como es debido, hacer ejercicio, descansar…

—Avanzar hacia sus metas. Enseñar a nuestros hijos metas razonables y después avanzar para alcanzarlas.

—Alimentar una autoestima positiva. Los desafíos pasados ayudan a desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros. Hay que enseñarles a tomar la vida con humor y la capacidad de reirse de sí mismos.

—Mantener las cosas en perspectiva y con una actitud positiva. De esta forma se darán cuenta de las cosas buenas de la vida, lo que les ayudará a seguir adelante en los momentos más difíciles.

—Buscar oportunidades para el autodescubrimiento. Los peores momentos son en muchas ocasiones los mejores instantes para que aprendan más sobre sí mismos.

—Aceptar que el cambio es parte de la vida. Ayudar a los hijos a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar con nuevas metas.

Fuente: abc.es

«Los niños tienen que saber aprender del fracaso»

¿El fracaso puede ser valioso? ¿Qué importancia tiene para el aprendizaje? ¿Es una herramienta necesaria y útil para el desarrollo de los estudiantes o es algo de lo que debamos protegerles? «Claramente, nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene preguntarse si esto debería ser así», apunta Ignacio Martín Maruri, profesor de Liderazgo y Transformación Organizacional de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Chile, en el marco de las conferencias «La Educación que queremos», organizadas por la Fundación Botín y con las que se busca consolidar un espacio para pensar entre todos en la educación.

Tras una primera cita en 2016, donde se pusieron en valor la figura del profesor, del alumno y de su entorno, y algunos de los contenidos que pueden formar parte de «La Educación que queremos», este año siguen trabajando con otros valiosos ingredientes como el arte, la curiosidad, el silencio y el entusiasmo, entre otros.

— ¿Cuál es su enfoque del fracaso, y la razón por la cual versó sobre este tema la charla que ofreció durante el ciclo de conferencias «La Educación que queremos»?

—Hay dos situaciones que creo que son muy distintas. Cuando estás en un mundo predecible, controlable, cierto, donde hay una serie de mecanismos para hacer las cosas, si fracasas es porque probablemente has hecho algo mal. Es decir, en un mundo conocido, el fracaso es probablemente indicador de algún tipo de incompetencia o de falta de virtud ética. Esto hace que el fracaso se acabe personalizando. Es decir en ese mundo conocido, si uno fracasa, es porque no hizo lo que debía, porque no quiso, no supo, o no pudo. En cualquier caso hay una relación entre fracaso o fallo personal y esa es la estigmatización que surge del fracaso. Que el que fracasa es un fracasado.

Pero si vamos a un mundo dinámico, complejo e incierto como el que vivimos hoy en día, hay muchos factores que pueden llevar a que una persona con su mejor actitud y con todo el conocimiento disponible a su alcance, fracase. En este caso, el fracaso no es por un tema personal, sino que tiene que ver con la complejidad, el dinamismo, la incertidumbre.

Es decir, en este nuevo mundo en el que vivimos hoy en día, uno fracasa por muchas causas que no necesariamente son aptitudinales o de competencias de la persona. Y eso abre la posibilidad de preguntarnos qué cosa estamos haciendo aquí que ha generado un resultado inesperado y no deseado. Es decir, qué podemos aprender.

Como estamos cada vez más en un mundo complejo y dinámico, donde la cantidad de factores que inciden en los resultados son múltiples, tenemos que abandonar esa idea de que el fracaso es algo de la persona.

— ¿Cómo trasladamos esto al mundo educativo?

—Entender esta diferencia entre enseñar para un mundo conocido (que es la educación tradicional o de toda la vida), que implica que «ante el problema X aplíquese la solución Y para llegar al resultado conocido Z»… O empezar a abrir la educación a modelos de aprendizaje donde los chicos vayan descubriendo y siendo capaces de sintetizar, analizar, y conectar situaciones dinámicas complejas.

En ese aprendizaje se van a tener necesariamente fracasos, que simplemente serán indicadores de algo nuevo que hay que investigar. Es decir, generar espacios de experimentación y de aprendizaje sobre la experimentación. Porque experimentar y fracasar son dos conceptos que están muy ligados. Hay que entender que la educación en un mundo conocido podría considerarse incluso obsoleta, o no suficiente, cuando los chicos van a vivir en un mundo cada vez más dinámico, incierto y complejo.

—Nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene, como usted señala, preguntarse si esto debería ser así. ¿Podríamos poner de ejemplo la visión norteamericana del fracaso?

—Más que en Estados Unidos, estaríamos hablando de Silicón Valley (California), o de los espacios donde se está generando ese mundo en el que vamos a vivir. En esos espacios sí que hay una conciencia de la importancia del aprendizaje del fracaso. Más que del país, de las industrias o de los sectores pioneros… Ellos ven el fracaso con otra mirada. Casualmente son los que entienden que uno hace camino al andar en el mundo de la innovación. Y al hacer camino al andar también tropiezan, pero lo único que hacen es aprender. Están abriendo nuevos senderos.

— ¿Qué cosas podemos decir que se aprenden del fracaso?

—Por un lado, que hay algo que no se conocía, que no se ha tenido en cuenta y que ha incidido inesperadamente en el resultado. Por tanto, que hay un ámbito de desarrollo de conocimiento y habilidades. Además de eso, uno aprende humildad, donde tiene cada cual sus límites. Eso lleva a una mayor capacidad de empatía y de aceptación por la diversidad. Porque cuanto más humilde y menos poseedor de la verdad me siento, más dispuesto estoy a escuchar la opinión de otros. También aprendo la resiliencia, aprendo a levantarme cuando me caigo. Y a reconocer lo que se tiene. Muchas veces, hasta que no fracasamos, no nos damos cuenta de lo que tenemos. Son muchos otros ámbitos, aparte del aprendizaje del conocimiento o del desarrollo de una habilidad.

—Los niños, los estudiantes, ¿tienen que aprender a perder?

—Por supuesto, hay que aprender a perder y experimentar del fracaso para aprender de este. Un profesor mío me dijo: «Nadie aprende del éxito, solo se aprende del fracaso». Porque el éxito solo demuestra que ya sabes. Por lo tanto, no hay nada que aprender. Una persona que solo busca el éxito, es una persona que no tiene voluntad de aprendizaje.

— ¿Qué entorno posibilita el aprendizaje del fracaso?

—Un entorno donde, primero, el fracaso no sea una estigmatización personal, sino que se entienda que hay múltiples factores que pueden llevar al fracaso. También un espacio donde se ofrezca seguridad psicológica, donde las personas no tengan miedo a equivocarse, a dudar, o a tener perspectivas distintas, porque saben que en su entorno eso será aceptado y no penalizado. Y tercero, es un entorno que exige o motiva a ir más allá del ámbito conocido. Donde tienes ámbitos nuevos, posibilidades de fracasar y aprender porque es nuevo. Esos tres factores son los que hay que promover.

— ¿Y los actores implicados?

—Desde los padres a los profesores, pasando por el ministerio. El debate educativo se divide entre promover la exigencia o promover la seguridad. Es decir, una reforma educativa va por un lado, y la siguiente va por otro. Y esto no es una dicotomía entre uno y otro, los dos son elementos necesarios para el aprendizaje y ninguno de los dos es suficiente por sí mismo. Es decir, si yo me quedo solo en la exigencia genero angustia y ansiedad, si me voy solo a la protección, genero pasotismo. Solo la exigencia en un entorno seguro me lleva a un espacio de aprendizaje.

— ¿Hay algún país donde se haga bien?

—En este sentido hay otros países más avanzados, pero también sé que hay colegios en España que están generando estas nuevas visiones del aprendizaje. Colegios que buscan crear espacios de aprendizaje, más que de profesores que enseñan. Hay muchas iniciativas sobre las que se está experimentando, algunas fracasarán probablemente, pero así aprenderemos cuál es la pedagogía que necesitamos para el siglo XXI, que no es la que tenemos ahora, que es del siglo XX.

Fuente: abc.es

Prácticas cuestionables en infantes de 0 a 3 años

Muchas de las prácticas que se realizan en la etapa de los 0 a  3 años de edad, en el primer ciclo de educación infantil, son cuestionables si tenemos en cuenta las necesidades de los niños, el desarrollo de estos, las investigaciones actuales y la ley educativa.

Que “algo se haya hecho siempre” no significa que esté bien hecho, por eso en este artículo voy a analizar diferentes prácticas que se llevan a cabo de forma habitual en algunos centros del primer ciclo de educación infantil y que sería conveniente reflexionar por qué se hacen y analizarlas con un sentido crítico.

Nadie puede negar que los adultos tienen diferentes necesidades, intereses, posibilidades y que no todos son iguales; pero al referirnos a los niños se nos olvida que todos son diferentes, que cada niño tiene unas necesidades únicas, que los ritmos de cada niño son los suyos y que tener una misma edad cronológica no significa que necesite las mismas actividades y en el mismo momento que otros niños que tienen esa edad.

Podríamos llegar a pensar que es la ley del primer ciclo de educación Infantil la que nos dice que hay que llevar a cabo estas prácticas, pero cuando recurrimos a ley descubrimos que esta, habla de tener en cuenta la individualidad de cada niño, de crear rincones con materiales diversos que posibiliten la elección de la actividad por parte del niño, de la utilización de materiales diversos para favorecer el descubrimiento y permitir la observación, la simbolización y la representación y que establece el juego como el principal recurso metodológico.

El juego

El juego es un derecho de la infancia, no es ninguna pérdida de tiempo ni una alternativa para el tiempo que sobra al realizar otras actividades. Los niños aprenden jugando cuando el juego es libre, cuando los niños pueden elegir a qué jugar, cómo y durante cuánto tiempo, cuando se implican emocionalmente. Durante el juego libre, el rol del adulto cambia, ya no dirige el juego, ya no elige a qué jugar, sino que les da la seguridad emocional, los observa mientras juegan para conocerlos y así poder ofrecer la respuesta adecuada a cada uno. Debemos devolver al juego el valor y el respeto que se merece. Vaciar una caja de construcciones en medio de una sala para que todos los niños jueguen a lo mismo y en el mismo momento y de la forma que dice el adulto no es jugar.

 El movimiento

Los niños hasta los 2 años se encuentran en una etapa sensoriomotora esto quiere decir que desarrollan su inteligencia a través del movimiento y de las experiencias sensoriales. El movimiento no debemos de entenderlo como el desarrollo de unos músculos cuyo fin es ponerse de pie y andar, sino que el movimiento va de la mano del desarrollo del cerebro y por lo tanto del aprendizaje. Hoy en día tenemos datos para poder afirmar que muchas dificultades de aprendizaje se deben a no haber experimentado lo suficiente durante la fase del suelo, de ahí, la importancia de no forzar a los niños a adoptar posturas que no llegan por sí mismos, de no adelantar etapas o de no utilizar aparatos que les obliguen a estar en posturas que no lleguen por sí mismos (taca tacas, parques, cojines, saltadores, asientos…)  El movimiento debe de partir del deseo del niño y es lo que le permitirá explorar y por lo tanto aprender.

El apego

Formar un vínculo con un adulto es vital para el bebé, le garantiza su supervivencia y el niño se siente protegido. Hubo una época en la que se creía que si el niño recibía contacto y se satisfacían sus necesidades afectivas, se convertiría en un ser dependiente, por lo que habría que marcarle unas horas rígidas para dormir, unas horas para para las tomas y debería haber el mínimo contacto posible. Hoy en día sabemos lo equivocadas que son esas técnicas y cómo han perjudicado al desarrollo de los bebés; en cambio hay profesionales no actualizados que siguen creyendo que son adecuadas y por lo tanto no cogen a los bebés, no los tocan, recomiendan dejar al bebé llorando para que se “acostumbre” a estar en un centro infantil, incluso la alimentación se ofrece “a distancia” creyendo que de esta forma conseguirán niños independientes. Lo que nos demuestra toda la investigación sobre el desarrollo del niño hasta hoy, es justo lo contrario, que el niño necesita una persona que le ofrezca seguridad, cariño, que responda a todas sus necesidades, necesita que lo toquen… para después ser una persona segura, que pueda explorar, que pueda aprender y que sea autónoma.

Actividades artísticas

El dibujo es un medio de expresión como lo es el lenguaje, el juego… si es un medio de expresión debería de estar disponible para los niños en todo momento y  esta expresión debería de ser libre. Pero suele ser habitual que este tipo de actividades estén dirigidas por el adulto y que persigan unos objetivos y unas necesidades adultas. Cuando el adulto organiza manualidades o murales con los niños ¿de verdad tiene en cuenta las necesidades de los niños o tiene en cuenta las necesidades del adulto?, ¿es una necesidad de los niños hacer un mural?,  ¿se está dando importancia al proceso o al producto?, ¿estamos teniendo en cuenta que los niños disfruten o que el mural quede bien acabado?,  ¿qué le aporta a los niños este tipo de actividades?, ¿se obliga a que todos participen aunque no quieran?…

Las actividades dirigidas

El niño pequeño necesita moverse, la neurociencia ha demostrado que el cerebro aprende lo que le causa emoción. Los niños pequeño no vivencian conceptos a través de una ficha, sino que necesitan estar en contacto con la realidad y con los objetos reales. Al utilizar este tipo de actividades tampoco tenemos en cuenta la individualidad de los niños, los intereses, los ritmos, las necesidades… porque ofrecemos a todos lo mismo y en el mismo momento teniendo como referencia únicamente una edad cronológica.

Que algo “se haya hecho siempre” o que “se haga en casi todos los sitios” no significa que esté bien hecho ni que se ajuste al desarrollo del niño. Los primeros años de vida son unos años básicos en los que se asientan las bases de todos los aprendizajes posteriores. Deberíamos de reflexionar más sobre lo que ofrecemos a los niños en durante esta etapa.

Fuente: educapeques.com