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Los adolescentes son los grandes olvidados de esta sociedad

Rebeldía, retos, enfados, cambios de humor… La adolescencia es probablemente la etapa más temida por los padres a la hora de afrontar la educación de sus hijos. Se trata, sin embargo, de una fase crucial en la vida de las personas, en la que se fijan muchos de los rasgos, recursos emocionales e intereses que tendrá el adulto del mañana. Si a ello se une un sistema educativo muy alejado de los intereses e inquietudes de los chavales el resultado puede ser explosivo. Porque, ¿cómo encaja esta revolución personal en la escuela? ¿Responde el sistema a las necesidades de estos años tan cruciales?

“La adolescencia es un periodo fascinante. En esta etapa los chicos están llenos de creatividad, ganas de aportar, de hacer del mundo un lugar más justo… Y sin embargo nuestra sociedad los ha apartado y se ha consolidado la idea de que la adolescencia son unos años a olvidar, que hay que pasar rápido. Pero nada más lejos de la realidad. Es una fase rebosante de potencial”. Quien responde es Sara Cardelús, directora del colegio City County School, uno de los pocos de Madrid que sigue la pedagogía Montessori -el término “Montessori” no está patentado, por lo que muchas escuelas lo añaden a sus nombres como reclamo aunque no siguen los principios de esta pedagogía- y el primero de España en lanzar un programa para adolescentes, que ha arrancado este año su primera promoción.

La historia de Cardelús es tan poco convencional como el colegio que dirige. Nació en Madrid, de madre americana y padre español. Su familia fue saltando de país en país por motivos laborales hasta que, a sus trece años, se asentó definitivamente en Estados Unidos. “Dejé el colegio temprano porque no me gustaba, me aburría. En la universidad todo cambió y me di cuenta de que las cosas no tenían por qué estudiarse como yo las había estudiado”. Ingresó en la Columbia University para estudiar literatura comparada e historia antigua, luego realizó varios máster y se formó en Montessori para niños de seis a doce años y adolescentes.

“Hay expertos que aseguran que buena parte de los grandes logros de la humanidad debieron de emprenderlos adolescentes. ¿Quién si no se lanzaría a explorar nuevos territorios o mares? ¿Quién se atrevería a hacer este tipo de locuras sino un adolescente?”, prosigue Cardelús. Lo que ocurre es que, en su opinión, actualmente tanto la sociedad como el sistema educativo se han convertido en un entorno muy hostil para los chicos de esta edad. “En general para toda la infancia pero en particular para la adolescencia. A los niños más pequeños se les recibe con una sonrisa, no a los adolescentes. Además, los chicos de estas edades tienen necesidades concretas que son muy difíciles de cubrir con nuestro ritmo de vida actual. En concreto, podrían resumirse en tres: una tribu a la que pertenecer, un adulto de referencia distinto a sus padres y que sirva de guía y trabajar en cosas que para ellos tengan sentido”.

Es cierto que la tribu, los amigos, siguen estando allí, pero las redes sociales está haciendo que las relaciones se estén despersonalizando a pasos agigantados. El adulto de referencia solía ser un tío o un abuelo, que acompañaba al niño pero sin ser una figura de autoridad tan fuerte como los padres. “Ahora, por desgracia, los adultos están demasiado ocupados y normalmente pendientes del “ring” de un whatsapp”. Por último, el sistema educativo está muy alejado de los intereses de los chicos. “¿Qué padre de chavales de esta edad no le ha oído quejarse de que no sabe para qué le va a servir aprender a hacer matrices?”

En el colegio City Country no hay asignaturas, notas ni exámenes y en las clases conviven niños de distintas edades. Una fórmula con la que cada vez se trabaja más en los primeros años de escolarización, pero que aún es la excepción para los más mayores. El programa para adolescentes del City Country echó a andar en septiembre y por ahora son pocos niños pero Cardelús está muy satisfecha con el resultado. Los adolescentes trabajan en grupo, investigan sobre historia o literatura siguiendo sus intereses personales, recorren el Madrid antiguo y sus museos, ponen en marcha proyectos de microeconomía, practican deporte (en el centro se imparte Aikido, un arte marcial japonés, tres veces a la semana), cocinan, salen al campo y hacen cerámica de la mano de un reputado ceramista. Los profesores acompañan y guían a los chicos “de tú a tú, buscando que la autoridad esté basada en la admiración y el respeto, no en el miedo”. De hecho, el personal está formado en disciplina positiva y comunicación no violenta.

“Podría decirse que hay dos tipos de educación. La educación de preguntas y la de respuestas. En general, el sistema se basa en las respuestas: suele haber sólo una para las preguntas que se plantean y, además, la correcta la tiene el profesor. La pedagogía Montessori trata de que el conocimiento se construya a través de las preguntas que se hacen los alumnos. La función del profesor es acompañar en este proceso”, explica Cardelús.

Pero, ¿cuál es el nivel académico de los chicos que se educan en este tipo de centros frente a los que siguen una educación tradicional? Es, sin duda, la pregunta del millón, aunque no tiene todavía una respuesta basada en evidencias. “Estamos formando a la primera promoción y por lo tanto no podemos comparar con los estudiantes españoles de otros centros. Eso sí, en Estados Unidos o México, donde sí que hay centros de este tipo, los alumnos cursan los bachilleratos más exigentes con resultados muy exitosos. Pero, bajo mi punto de vista, que un alumno tenga que aprenderse de memoria un temario muy extenso no significa que vaya a aprender más. Quién no conoce a algún adolescente que se ha pasado el curso en blanco y que al final ha sacado el curso a empujones”, se pregunta Cardelús.

El objetivo de este centro es que los niños “aprendan a aprender”. En un mundo que cada vez avanza más rápido y donde la información vuela de un teléfono a otro, Cardelús apuesta por la profundidad de conocimiento y la perseverancia. De hecho, los alumnos investigan durante seis años sobre algunos temas tan amplios como pueden ser la arena o las monedas. “Llegan a ser verdaderos expertos lo que, desde mi punto de vista, es algo que marcará la diferencia en el futuro”, concluye orgullosa.

¿Qué es la pedagogía Montessori?

La pedagogía Montessori tiene su origen en las enseñanzas de María Montessori (Italia, 1870). Fue la primera mujer italiana en graduarse como doctora en medicina pero sus inquietudes fueron todavía más amplias. Educadora, pedagoga, científica, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga y humanista, sus propuestas pedagógicas supusieron -y a día de hoy suponen- una auténtica revolución. María Montessori veía la vida como una serie de transformaciones, cada etapa se caracteriza por la aparición y desaparición de potenciales especiales o sensibilidades. Esta serie de transformaciones son un proceso natural y espontáneo a través de los llamados cuatro planos de desarrollo: el primero desde el nacimiento hasta los seis años, el segundo desde el seis hasta doce, el tercero de doce a dieciocho, y el cuarto de dieciocho a veinte años. El progreso de un niño va desde el motor sensorial, para pasar después a la abstracción y desde ahí al desarrollo moral. La metodología propuesta para la primera infancia es muy específica y detallada. Para la etapa de los 12 a los 18 años María Montessori elaboró un programa al que bautizó “Erdkinder”, que sigue los principios de respeto al niño y sus intereses aunque es más flexible en cuanto a metodología.

Fuente: abc.es

Claves que hacen que el método Montessori resurja con fuerza

Dácil Martín Petrini

Con este método, para entrar en clase, los niños se quitan el calzado, prima el trato de respeto entre compañeros, pero también hacia el entorno. Las aulas son ambientes preparados donde los niños pueden moverse con libertad y elegir lo que hacer en todo momento. Además, se trabaja el currículo y destrezas como sociabilidad, creatividad, autosuficiencia, cuidado personal y del entorno… ¿Quieres conocer más sobre el método Montessori?

Hace unos cinco años el método Montessori era una elección educativa alternativa y reservada para algunos pocos que buscaban otras maneras de entender las escuelas. Y eso que se trata de algo que viene funcionando en muchísimos países del mundo desde hace más de cien años. A día de hoy, cada vez se están abriendo más centros e incluso los públicos se están interesando por aplicar muchos de sus principios filosóficos.

Pero, ¿en qué consiste esta metodología? La palabra Montessori viene de su creadora María Montessori, una mujer que destacaba por su gran inteligencia e iniciativa. Antes de centrarse en la pedagogía fue médico y basó toda la creación de su sistema educativo en el método científico. Observó a los niños y diseñó materiales y ambientes adaptados tanto a sus necesidades como a sus etapas de desarrollo.

Los principios básicos
  1. Un profundo respeto al niño.Lo que implica un trato personalizado y amable, conocer a cada uno de los niños y buscar fórmulas para cubrir sus necesidades evolutivas, seguir su ritmo y tener en cuenta sus intereses, así como creer en sus capacidades.
  2. Trabajar siempre hacia la independencia.Como decía Montessori: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. La intervención del adulto o guía del aula será siempre la de dar estrategias a los niños para que aprendan a hacer las cosas por sí solos. Esta consigna debe acompañar todas las etapas del desarrollo, desde el bebé que empieza a controlar sus movimientos, hasta el adolescente que investiga para crear sus propios conocimientos según proyectos.
  3. Educar por la paz.En ocasiones, esta metodología se centra en el mero uso de los materiales específicos que su autora creó, pero Montessori lo que quería era construir una sociedad por cohesión. Si desde la infancia se eliminan elementos que promuevan la competitividad y la frustración en los niños, así como la ira y el orgullo del adulto hacia el menor, lo más probable es que esos alumnos se conviertan en adultos armónicos e independientesque cuestionan aspectos injustos.

Esta sociedad por cohesión también se construye en ambientes donde hay mezcla de edades. Por eso, los niños se agrupan en aulas de 0 a 3 años; de 3 a 6; de 6 a 9; y de 9 a 12, de forma que la competitividad se sustituye por la colaboración y las potencialidades florecen para fortalecer las relaciones. Los niños participan activamente en el cuidado y limpieza del aula, las plantas y las mascotas, lo que promueve que crezcan con el sentido de la responsabilidad.

Un material muy estudiado

La guía o docente Montessori actúa como conexión entre el material preparado y los niños. Les muestra, de manera individual o en pequeños grupos, cómo manejar el material para que ellos construyan su propio aprendizaje a través del ensayo y error. Para que este trabajo pueda llevarse a cabo y funcione es importante conocer dos puntos clave en el desarrollo de los niños:

  • Período sensible:son sensibilidades especiales, características de los estados infantiles, son pasajeros y se limitan a la adquisición de un carácter determinado. El aprendizaje en ese momento está lleno de vida y alegría, y el adulto debe ofrecerle cosas que permitan el salto evolutivo—ya que ese periodo, si no se estimula, se pierde para siempre. Una vez perdido el periodo sensible, pueden adquirir esa destreza, pero con muchísimo esfuerzo y desgana—.
  • Mente absorbente:es la manera en la que aprenden los menores de 6 años, sin esfuerzo, absorben todo del ambiente que les rodea. Nadie tiene que darles instrucciones formales, simplemente, cuando los niños llegan a su madurez cerebral y morfológica aprenden a hablar. Esto mismo sucede para adquirir otras destrezas como leer, escribir o calcular. El material Montessori invita a los niños a aprender por sí mismos cuando se encuentran preparados -cuando aparece el periodo sensible-, es por ello que se cuida el diseño del aula.El fenómeno de la mente absorbente es lo que hace también que los niños reproduzcan todo lo que ven.

Al fin y al cabo, las escuelas Montessori son escuelas para la vida, donde no sólo nos acercamos a aspectos curriculares, sino que se aprenden destrezas que usamos día a día en la vida adulta: sociabilidad, creatividad, autosuficiencia, cuidado personal y del entorno, cortesía y respeto, entre otros.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

 

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