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Los hijos no se “pierden” en la calle, sino dentro de casa

“Sembrad en los niños buenas ideas, aunque hoy no las entiendan el futuro se encargará de hacerlas florecer” (María Montessori)

Los hijos no se “pierden” en la calle. De hecho, esa pérdida se inicia en el propio hogar con ese padre ausente, con esa madre siempre ocupada, con un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas. Un adolescente se desarraiga tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar.

Empezaremos dejando claro que siempre habrá excepciones. Obviamente existen niños con conductas desadaptativas que han crecido en hogares donde hay armonía y adolescentes responsables que han conseguido marcar una distancia de una familia disfuncional. Siempre hay hechos puntuales que se escapan de esa dinámica más clásica donde lo acontecido día a día en una casa marca irremediablemente el comportamiento del niño en el exterior.

En realidad, y por curioso que parezca, un padre o una madre no siempre termina de aceptar este tipo de responsabilidad. De hecho, cuando un niño evidencia conductas agresivas en un centro escolar, y se toma contacto con los padres por parte del tutor, es habitual que la familia culpabilice al sistema, al propio instituto y a la comunidad escolar por “no saber educar”, por no intuir necesidades y aplicar adecuadas estrategias.

Si bien es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, organismos sociales…), es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía.

Los hijos, el legado más importante de nuestro futuro

H. G Wells dijo una vez que la educación del futuro iría de la mano de la propia catástrofe. En su famosa obra “La máquina del tiempo”, visualizó que para el año año 802.701, la humanidad se dividiría en dos tipos de sociedad. Una de ellas, la que vivíría en la superfice, serían los Eloi, una población sin escritura, sin empatía, inteligencia o fuerza física.

Según Wells, el estilo educativo que predominaba en su época ya apuntaba resultados en esta dirección. El inicio de las pruebas estandarizadas, de la competitividad, de las crisis financieras, del escaso tiempo de los padres para educar a sus hijos y de la nula preocupación por incentivar la curiosidad infantil o el deseo inherente por aprender hacían ya que, en aquellos albores del siglo XX, el célebre escritor no augurara nada bueno para las generaciones futuras.

No se trata de alimentar pues tanto pesimismo, pero sí de poner sobre la mesa un estado de alerta y un sentido de responsabilidad. Por ejemplo, algo de lo que se quejan muchos terapeutas, orientadores escolares y pedagogos es de la falta de apoyo familiar que suelen encontrarse a la hora de hacer intervención con ese adolescente problemático, o con ese niño que evidencia problemas emocionales o de aprendizaje.

Cuando no hay una colaboración real o incluso cuando un padre o una madre desautoriza o boicotea al profesional, al maestro o al psicólogo, lo que conseguirá es que el niño, su hijo, continúe perdido. Aún más, ese adolescente se verá con más fuerza para seguir desafiando y buscará en la calle lo que no encuentra en casa o lo que el propio sistema educativo tampoco ha podido darle.

Hay niños difíciles y demandantes que gustan actuar como auténticos tiranos. Hay adolescentes incapaces de asumir responsabilidades, y que adoran sobrepasar los límites que otros les imponen acercándose casi hasta la delincuencia. Todos conocemos más de un caso, sin embargo, hemos de tomar conciencia de algo: nada de esto es nuevo. Nada de esto lo ocasiona Internet, ni los videojuegos ni un sistema educativo permisivo.

Al fin y al cabo estos niños evidencian las mismas necesidades y conductas de siempre contextualizadas en nuevos tiempos. Por ello, lo primero que debemos hacer es no patologizar la infancia ni la adolescencia. Lo segundo, es asumir la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno, bien como educadores, profesionales de la salud, divulgadores o agentes sociales. Lo tercero y no menos importante, es entender que los niños son sin duda el futuro de la Tierra, pero antes que nada, son hijos de sus padres.

Los ingredientes de la auténtica educación

Cuando un profesor llama a una madre o a un padre para advertirles de la mala conducta de un niño, lo primero que siente la familia es que se está poniendo en tela de juicio el amor que sienten por sus hijos. No es cierto. Lo que ocurre, es que a veces ese afecto, ese amor sincero se proyecta de forma errónea.

• Querer a un hijo no es satisfacer todos sus caprichos, no es abrirle todas las fronteras ni evitar darle negativas. El amor auténtico es el que guía, el que inicia desde bien temprano un sentido real de responsabilidad en el niño, y que sabe gestionar sus frustraciones dando un “NO” a tiempo.

• La educación de calidad sabe de emociones y entiende de paciencia. El niño demandante no detiene sus conductas con un grito o con dos horas de soledad en la propia habitación. Lo que exige y agradece es ser atendido con palabras, con nuevos estímulos, con ejemplos y con respuestas a cada una de sus ávidas preguntas.

Hemos de tomar conciencia también de que en esta época donde muchas mamás y papás están obligados a cumplir jornadas de trabajo poco o nada conciliadoras con la vida familiar, lo que importa no es el tiempo real que compartamos con los hijos. Lo que importa es la CALIDAD de ese tiempo.

Los padres que saben intuir necesidades, emociones, que están presentes para guiar, orientar y para favorecer intereses, sueños e ilusiones, son los que dejan huella y también raíces en sus hijos, evitando así que esos niños las busquen en la calle.

Fuente: lamenteesmaravillosa

Hijos, ustedes también tienen obligaciones con sus padres

Los padres llegan a una edad adulta con condiciones físicas que requieren de cuidados, es necesario que sean los hijos quienes les brinden atención.

Si bien el cuarto mandamiento de la Ley de Dios dice ‘Honrar a padre y madre’, esto es algo que no todos los hijos cumplen.

El motivo por el cual los hijos deben tener alguna obligación con el papá o mamá es, según los expertos, la gratitud.

“No existe ninguna responsabilidad legal, el deber sería de tipo moral, es decir que aunque el estado no me obligue a responder por mis padres, las relaciones parentales crean vínculos que producen obligaciones o responsabilidades”, explicó Carlos Guillermo Mahecha Montaña, Psicólogo con especialidad en Desarrollo Humano.

Es probable que en algunas ocasiones sean los padres los que no quieran recibir las atenciones, pero los hijos deben estar siempre junto a ellos, brindándoles demostraciones de cariño.

Un compromiso con amor

La primera obligación de los hijos con sus padres es cuidarles, ofreciéndoles la seguridad, la atención y el cariño que ellos recibieron de pequeños.

De acuerdo con Mahecha Montaña, son los padres de familia quienes se ganan el respeto de sus hijos y no es algo que esté en el instinto de un ser humano, “todo dependerá de la forma como se estableció la relación parental”.

A medida que se van creciendo los hijos- vivan en la casa paterna o fuera de ella, o tengan formada su propia familia- deben asumir obligaciones morales y familiares con sus padres, “los que les dieron todo lo que necesitaban, para llegar donde han llegado hoy”.

“La responsabilidad familiar es un sentimiento de gratitud. Todo cambia si los papás nunca tuvieron responsabilidades con ellos”, precisó el Psicólogo especialista en Desarrollo Humano.

Preguntas y respuestas

Carlos Guillermo Mahecha Montaña, Psicólogo especialista en Desarrollo Humano

 ¿Deben tener los hijos obligaciones con sus padres de edad adulta?

Legalmente no existe una ley que obligue a los hijos, la responsabilidad sería de tipo moral. Desde esa perspectiva, la obligación de un hijo es velar por el bienestar de sus padres, tratar de que sus padres estén bien.

¿Cuál debe ser la función de los hijos hombres?

-En una familia donde no hay hijas mujeres, los hombres deben generar lo que puedan con el fin de brindarles bienestar, pero deben buscar desde sus posibilidades la manera de ofrecer comodidades a sus padres.

-¿Deben delegarse funciones entre los hijos?

Lo único que se le puede exigir a un adulto es la responsabilidad en términos del vínculo familiar. Entre la familia debemos protegernos y cuidarnos. El sentimiento de gratitud que se le tiene al padre, gracias a que ellos desde bebés se preocuparon por darle cuidado y bienestar, les corresponde responder a estas acciones que hicieron.

Sin límites

La principal obligación moral, familiar y cívica que tienen los hijos es atender a sus padres, de acuerdo con los expertos, sacrificando, incluso, el bienestar de su familia. Aunque esto no siempre se convierte en un problema, ya que algunas familias son incluyentes y no les importa que sus abuelos convivan con ellos. Pero hay otras personas que ignoran las necesidades de los padres desde el mismo momento que abandonan la casa, voluntaria o involuntariamente

Los hijos tienen que mantener las relaciones parentales en el lado afectivo, una comunicación constante, fomentar el apoyo moral, ayuda emocional, y atención, en caso de una enfermedad.

Voz del experto

Antonio Angarita

Sicólogo

¿Se puede enseñar a los hijos a atender a sus padres?

No, eso hace parte de la voluntad de la persona. Es muy difícil enseñar ese tipo de cosas, si no me nace atender a mis padres con respecto a sus necesidades o compañía. Es algo que se construye desde la infancia; si mi papá me dio afecto, cariño y protección, eso me determina agentes de personalidad que me van a volver afectivo y corresponderé en la adultez.

¿Cómo lograr que exista una reciprocidad de afecto, compañía y protección con los papás?

No necesariamente debe existir reciprocidad porque muchas veces hay ingratitud en el ser humano y aplica para los diferentes vínculos afectivos. Lo primordial es brindarles a los hijos amor desde pequeños, eso fundamenta bases de formación como adulto y de personalidad, sin dejar de ejercer la autoridad. Tener hijos no garantiza que se vaya a estar acompañado en la vejez.

¿Cómo evitar que los hijos abandonen a sus padres?

Una forma de evitar es estrechando los lazos desde la infancia, también sosteniendo un diálogo constante entre la familia. Hay personas que abandonan la casa y se desprenden de todo sentimiento a sus padres.

¿Existe justificación de que los hijos no atiendan a sus padres?

En algunos casos si. Cuando la familia es disfuncional, hay personas que nunca debieron tener hijos, ya que no tienen apego afectivo (…) no tienen esa condición para asumir esa responsabilidad, no pueden pretender que cuando el hijo sea adulto tengan algún compromiso con ellos.

Fuente: vanguardia.com

Cambios en el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano

La llegada de un nuevo bebé supone una inmensa alegría, pero también importantes cambios en la estructura y las rutinas familiares. La llegada de un nuevo hermanito supone que nuestro día a día se altera por completo, nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevas necesidades que atender…

Y, los hermanos mayores, aunque ilusionados y felices por ese nuevo miembro de la familia, son los que más pueden sufrir ese cambio de estructura familiar. Así es cómo puede cambiar el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano.

Cambios en el niño ante la llegada de un hermano

Para los niños, la llegada de un hermano supone un nuevo papel en la familia, un cambio de estructura y de roles en casa. Si es hijo único pasa a ser el mayor, y si es el pequeño pasa a ser el “del medio”.  Además, los papás tenemos que repartir nuestra atención y nuestras muestras de afecto a un nuevo miembro de la familia, y es el bebé el que acapara la atención de los adultos del entorno.

Es de suponer que estos cambios puedan afectar al comportamiento del hermano o hermanos mayores, despertando ciertos “celos” en ellos que conllevan o pueden conllevar cambios en su conducta e incluso tener regresiones, y volver a etapas que parecía que tenía superadas. Todos estos cambios que se dan en el niño son normales y desaparecen con el tiempo, pero es importante que los papás les echemos una mano:

– No es raro que haya niños que con la llegada de un hermano empiecen a hablar como si fueran pequeños.

– Nos reclamen para tareas para los que ellos eran autónomos. Por ejemplo, niños que saben comer solos y de pronto nos piden que les demos de comer porque ellos no saben. O niños que dormían solos y ahora nos reclaman que durmamos con ellos o nos piden que les durmamos. Estas regresiones a una etapa pasada son el resultado del pensamiento del niño que cree que si al bebé le hacen más caso, entonces comportándose como bebés les harán más caso también a ellos.

– Puede ocurrir que el niño presente un carácter más irritable, o se muestre más sensible y llore con facilidad o se enfade sin motivo aparente. Es resultado de la tensión emocional que están viviendo, y que no sabe cómo gestionar, ya que no tiene las herramientas necesarias para ello.

– Hay ocasiones que el niño de pronto empieza a no querer que uno de los progenitores se haga cargo de él. Por ejemplo, no quiero que papá me acueste o me dé de comer y quiero que sea mamá, o al contrario, puede ocurrir que “no quieran ” a mamá y reclamen todo el rato al papá para hacer todo con ellos.

– Tampoco es extraño que los niños quieran molestar a sus hermanos pequeños, les quitan el chupete, o les despiertan , o incluso les regañan como si fueran “sus padres”.

Todos estos comportamiento no son más que llamadas de atención, y no debemos alarmarnos. Lo importante es cómo gestionemos estos celos en los hermanos mayores, ya que en gran medida, de la actuación de los padres depende que ese comportamiento se atenúe o se agudice.

Cómo ayudar al niño ante la llegada de un hermano

– Preparar al hermano mayor y hacerle partícipe de la llegada del nuevo hermano.Que participe en la preparación de las cosas del bebé, que elija algún juguete o algo de ropita para su hermanito.

Mantener las rutinas de los mayores en la medida de lo posible. Si le leíamos un cuento antes de dormir, y ahora no lo hacemos porque no tenemos tiempo con el bebé, se sentirá muy desplazado y culpará al hermano de la situación.

– Evitar “idealizar” los beneficios de tener un hermano, (vas a poder jugar con él, y tendrás un amigo, y le ayudarás a un montón de cosas)  ya que  la realidad inmediata es que todas esas cosas estupendas van a tardar en llegar, ya que el bebé al principio, no es buen compañero de juegos.

– Ignorar sus malos comportamientos y reforzar los buenos.

– Recordarle todas las cosas que podemos hacer con él y no con el hermano.

Dedicarle sus momentos en exclusividad, (el baño, llevarle a jugar…) y que papá y mamá se vayan alternando, para que sean momentos con los dos.

– Le podemos involucrar en las tareas de cuidado del bebé y hacerle ver que su ayuda es muy importante.

Nunca comparar a los hermanos, bajo ningún concepto y evitar esa frase tan típica de…”Eres el mayor, cuida de tu hermano, hijo no hagas eso que tu hermano pequeño…cuidado con tu hermano que es pequeño…”

Fuente: guiainfantil.com

Un año nuevo: gran ocasión para motivar a los niños

Pronto empieza un nuevo año y es normal que muchos de nosotros deseemos que nuestros planes y proyectos fructifiquen o, al menos, que estén bien encaminados.

Esta es una buena ocasión para enseñar a nuestros hijos a ponerse pequeños objetivos en los que trabajar durante el Año Nuevo, o ante el comienzo de cualquier etapa importante en sus vidas. La motivación es el motor que nos mueve a lograr los objetivos que nos hemos propuesto.

Propósitos de Año Nuevo para la familia

Si logramos estimular a nuestros hijos a coger las riendas de sus propósitos, es lo mismo que conseguir un niño motivado, con autoestima alta y buena disponibilidad para superar dificultades, e ir mejorando y creciendo en todos los aspectos de la vida.

La profesora de mi hijo, al principio de curso, incitó a todos sus alumnos a escribir aquello que querían conseguir para el nuevo curso, no se trataba de aspectos académicos (de eso se ocuparía ella), sino personales, de actitud ante una nueva etapa.

Mi hijo escribió algo como: Este curso quiero ser un buen amigo. Obedecer a la profe, ser buen alumno, trabajador y buen deportista. Quiero ser feliz y ser un poco más maduro y generoso.

Todos los alumnos, una vez escritos sus propósitos colgaron sus intenciones en el tablón de corcho de la clase para tenerlo presente y ojearlo durante el año escolar.

A mí me pareció una idea excelente; al final del curso todos podrían leer aquello a lo que habían aspirado, y conocer si finalmente lo habían conseguido o no.

Pero lo más importante, en mi opinión, no está tanto en conseguirlo o no, sino en trabajar para lograrlo, en hacerlo presente y en valorar el esfuerzo de nuestros hijos por conseguirlo.

Mover a nuestro hijo a tener pequeños planes y a motivarles en su realización, le ayudará, sin duda, a tratar de mejorar y trabajar su comportamiento, su responsabilidad, su compañerismo, su ilusión…, cosas muy sencillas que le ayudará a crecer. Los niños tienen que aprender a conocerse a sí mismos, a saber que ellos pueden, con su esfuerzo, recoger los frutos de las pequeñas semillas que han sembrado.

Animemos a nuestros hijos a escribir en unas breves líneas sus propósitos para el nuevo año, no condicionados por nosotros, sino desde su propia motivación, desde sus jóvenes mentes, desde su propia reflexión y sinceridad.

Fuente: guiainfantil.com

 

Padres separados en Navidad

Si éste es uno de tus primeros años dividiendo la Navidad, no te desesperes. Aunque te resulte extraño hacerlo por primera vez, adereza tus fiestas navideñas con dosis de naturalidad, humor, generosidad y buen rollo. Con este coctel, te asegurarás un ambiente relajado y agradable para tus hijos. En definitiva, una Navidad feliz que, como me decía una amiga el otro día, es lo que interesa.

¿Qué hacemos con los niños? ¿Con quién pasarán la Navidad y el día de Reyes? ¿Cómo les afectarán estos cambios? Periodo de reuniones familiares por excelencia, la Navidad complica un poco las relaciones de las familias de padres separados o divorciados y convierte en una lucha competitiva la compañía de los hijos en estas fechas señaladas. Te decimos cómo mejorar la relación de padres separados en Navidad.

Cómo llegar al cuerdo entre padres separados en Navidad

Dónde comer o cenar los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes con o sin los niños es el dilema al que se enfrentan los padres separados en Navidad cada año.

Es normal que estas fechas se conviertan en una época especialmente difícil para ellos, pues la separación supone muchos cambios en la estructura familiar. Sin embargo, hay que normalizar.

Es cierto que los niños ahora tienen dos hogares y que deben repartir sus vacaciones en distintas casas e incluso en distintos lugares o destinos. Por este motivo, los expertos aconsejan que conviene huir de complicaciones, evitar separar a los hermanos, respetar las tradiciones, si las hay, respecto a dónde pasar las fiestas, con una familia o con otra, para que los niños puedan relacionar la Navidad con los abuelos maternos y la Nochevieja con los paternos, por ejemplo

También hay que evitar comparaciones y comentarios sobre con quién se lo pasan mejor o críticas sobre las costumbres navideñas del cónyuge y su familia.

El asunto de los regalos a los niños es otro de los asuntos espinosos en las Navidades de las familias de padres separados. La tendencia a competir por el afecto de los niños con el regalo más caro o a montar expectativas por la elección de aquel que más ilusión les haga es uno de los errores más comunes y nocivos para la familia en general.

No te compliques, llegar a un acuerdo es lo que mejor funciona. Conviene hacer un esfuerzo por acercar posturas y criterios. Piensa que la desintegración de su unidad familiar preocupa a tus hijos y en Navidad notan más que el mundo en el que vivían se ha roto. Esfuérzate por crear un ambiente seguro y agradable para ellos.

Los que hacemos tristes o alegres la Navidad para los niños somos los padres. Siendo realistas con la situación y con un poco de esfuerzo para evitar discursiones, aunque no se tenga el cuerpo para celebraciones, podemos contribuir a crear un ambiente relajado que repercuta positivamente en la estabilidad emocional de los niños.

Marisol Nuevo. Guiainfantil.com

Cómo inculcar valores a tus hijos

Debes enseñar a tu hijo a pensar por sí mismo y decidir sobre su vida de manera constructiva.

En un mundo violento, lleno de delincuencia e injusticias, donde los valores morales están en crisis a diario te preguntas: ¿cómo inculcar valores a tus hijos?

La ética y la crianza con valores sirve para no caer en la indiferencia, en el “todo se vale” y lograr personas capaces de distinguir lo que vale y lo que está bien como base del sentido que le damos a nuestra vida.

Es muy importante que como padres manifiesten un rechazo radical a la violencia y la dominación, y ofrezcas a los niños vías positivas (como el arte, el deporte o el juego) para manifestar sus enojos, frustraciones, su agresividad, fuerza y deseos de éxito. Recuerda que en la vida diaria hay que enseñar con el ejemplo.

Mira cómo inculcar valores a tus hijos:

  • Libertad y autonomía: Debes transmitir a nuestros hijos la necesidad de formar el criterio para que a partir de la reflexión puedan saber qué posibilidades son mejores que otras, sin delegar la decisión a alguien externo como la escuela, la religión o la ley (o no únicamente).
  • El bien común: Es responsabilidad de los papás enseñarle a sus hijos el respeto, la tolerancia, la no discriminación y la posibilidad de armonizar a partir de la empatía.
  • La razón: Es tener la posibilidad de resolver los conflictos personales e interpersonales por la vía racional, con el lenguaje, la comunicación y la negociación. Como padres, esto se traduce en ayudar a nuestros hijos a expresarse, a ponerle nombre a lo que sienten e identificar los momentos de enojo y la necesidad de salir de ellos antes de poder hablar. La posibilidad para el diálogo debe estar siempre abierta y siempre ser conscientes de las consecuencias.

En sus primeros años así puedes inculcarle valores:

De 0 a 6 años: Durante los primeros seis años, los padres van diciendo a sus hijos cuándo sí y cuándo no a lo que quieren o deben hacer, pues los niños no tienen la capacidad para decidirlo por sí solos. Si las reglas son claras, los niños saben a qué atenerse, las respetan y las vuelven “legales” de modo interno.

De 6 a 12 años: En esta etapa desarrollan la empatía y empiezan a ser responsables de sus acciones. Necesitan explicaciones más cuidadosas y pensadas.

A partir de los 12 años: Surgen inquietudes sobre el porqué de las cosas, sentimientos como la compasión o el altruismo y la capacidad de considerar situaciones concretas en la aplicación de las normas.

Fuente: bbmundo.com

¿Por qué en Japón los niños obedecen a sus padres y no suelen tener rabietas?

Japón es un país maravilloso. Todo el mundo admira la determinación de los japoneses, su temperamento reservado y el deseo de vivir en armonía con la naturaleza y con la gente. Y no es la lista completa de las peculiaridades de su carácter que podríamos asimilar. Nosotros respetamos profundamente a esa nación y queremos compartir contigo el enfoque japonés para educar a los hijos.

Lo primero que llama la atención en el país del sol naciente es que las generaciones se entienden de forma extraordinaria. Parece que los hijos jamás tienen rabietas. Una de las razones de tal armonía es una tradición del pasado que consiste en pasar tiempo de calidad con sus hijos.

Desde hace mucho tiempo, las madres combinaban la crianza de sus hijos con el trabajo. Con una tela, la mamá amarraba al bebé a su cuerpo y así siempre permanecían juntos. Al mismo tiempo, la mamá siempre narraba todo lo que hacía y hablaba con su hijo, lo cual le permitía sentirse involucrado en todos los procesos y desarrollarse constantemente. Antes era bastante común que los bebés primero empezaran a hablar y luego a caminar.

Hoy en día, vayan a donde vayan y hagan lo que hagan, las mamás japonesas siempre tienen a sus bebés con ellas usando mochilas portabebé.

Por lo general, la mamá se queda en casa hasta que el bebé cumpla 3 años, después de eso lo empiezan a llevar al kínder. También hay grupos para niños menores de 3 años pero esa opción no les parece tan buena a los japoneses, así como dejar al bebé con los abuelos es totalmente inaceptable.

Desde muy pequeño, al niño se le enseña a prestar atención a los sentimientos, tanto los suyos, como de las demás personas e, incluso, a los objetos. Si un bebé travieso rompe su juguete favorito, su mamá no tomará ninguna medida drástica, solamente le dirá: «Lo lastimaste».

No solo las mujeres se ocupan de los niños. También los hombres los cuidan con gusto. A los niños literalmente no les falta ni la atención ni los abrazos de sus padres. No se acostumbra levantar la voz, dar sermones ni mucho menos castigar físicamente. Los hijos, a su vez, por lo general sienten culpa y remordimiento si les causan a sus padres algunos inconvenientes.

Desde temprana edad se les enseña que deben respetar a los demás, que hay que ser amable con todo el mundo. Los japoneses muestran su inconformidad con la mirada y las entonaciones de la voz. Los hijos saben percibir cuando los padres no aprueban su conducta, e intentan corregir su comportamiento.

Para resumir, podemos decir que en Japón los niños reciben una gran cantidad de amor y cariño de sus padres, y también desde pequeños asimilan los principios de la sociedad. Por supuesto, este sistema de educación es distinto al de algunas familias de occidente, y a algunos incluso les puede parecer parodójico. Sin embargo, ha estado comprobado durante siglos y ayuda a educar cuidadanos disciplinados y respetuosos.

Fuente: logicaecologica.es

Cuando nada funciona para mejorar la mala conducta de los hijos

Los padres solemos utilizar los castigos para sancionar una mala conducta de nuestros hijos. Son frases habituales: “te vas al rincón” o “te quedas sin televisión”.

Sin embargo muchas veces, es más casi siempre, ni piensan, ni vuelven arrepentidos del rincón. Por lo tanto, la conducta vuelve a repetirse una y otra vez: ya sea pegar al hermano, gritar, patalear o no recoger los juguetes. ¿Qué hacer si el castigo o consecuencia educativa no parece afectar al niño?, ¿y si le da igual no ver su programa favorito o jugar un rato con la tablet? James Lehman ha elaborado un método, según dicen, infalible para cambiar la conducta de los niños

10 pautas para cambiar el mal comportamiento de los niños

Hay padres que siguen recurriendo al azote o al cachete, pese a que todos los especialistas insisten en lo negativo de esta sanción. Y otros, se dan contra un muro y se encuentran en una calle sin salida porque no encuentran la manera de lograr que el niño aprenda de un mal comportamiento.

James Lehman, que fue un sin techo y ex convicto, tras sus primeros y oscuros años decidió dar un giro radical a su vida e inició una carrera como trabajador social centrando su labor en niños con problemas. Desarrolló un Programa de Transformación Total (Total Transformation Program) que es seguido por miles de padres norteamericanos. Y es que consigue cambios tremendamente positivos en los niños. Lehman habla de 3 roles fundamentales que han de asumir los padres para enseñar un mejor comportamiento al niño:

  • Rol de entrenador
  • Rol de solucionador de problemas
  • Rol de limitador

Y además, dio una serie de pautas básicas para lograr cambios radicales en la actitud de los niños, pautas que deben acompañar a nuestros hijos en su camino a la adolescencia:

  1. Asumir el control: debemos tomar el mando de manera segura y sin dudas.
  2. Desconectar: ante cualquier mala conducta, detenernos en seco y no prestar atención al niño, no discutir ni argumentar en ese momento.
  3. Guiarlo para la próxima vez: utiliza una mala experiencia para enseñarle cómo debe comportarse la próxima vez.
  4. No des discursos: no hay explicaciones ni razonamientos, cuando hay un mal comportamiento, automáticamente llega una consecuencia.
  5. Centrarse en el mal comportamiento: explica al niño qué comportamiento debe cambiar (golpear al hermano, romper juguetes…)
  6. Parar la sobre estimulación: no discutir ante una multitud, apagar la televisión, enviar al niño a la habitación…
  7. Utilizar el afecto: reforzar al niño positivamente cuando tiene una buena actitud.
  8. Explicar cómo actuaremos ante una mala conducta: “no hablaré contigo cuando estás siendo así de grosero”.
  9. Nunca descomponerse: no mostrar enfado, ni gritar o perder la paciencia.
  10. Aceptar los malos días: ser consciente de que todo el mundo tiene un mal día o un momento de mal humor y decir al niño “empecemos de nuevo, sé que has tenido un mal día pero no me culpes a mí”.

Fuente: guiainfantil.com

 

5 actitudes que debilitan el vínculo con nuestros hijos

Dar cariño, afecto, seguridad y apoyo a los hijos es fundamental para su desarrollo emocional. Establecer pues un vínculo afectivo desde las primeras etapas es básico para ello.

Hay pequeñas acciones cotidianas que son básicas que fomentan el apego y el vínculo, pero también hay otras actitudes que pueden romperlo, estropearlo o debilitarlo. Esas son las que debemos evitar siempre.

Acciones que rompen el vínculo con los hijos

  1. No escuchar a los hijos: cierto es que los niños pueden hacer cientos de preguntas al día y que someterse a ese interminable cuestionario es agotador, pero no dar respuesta a nuestros hijos impide abrir una vía de comunicación. Hablar con ellos es importante, pero también escucharles, saber cómo les fue el día, si tuvieron algún problema, cuál fue su mejor experiencia o simplemente a qué jugaron, es básico para cuidar el vínculo.
  2. Gritarles: los gritos constantes a la hora de educar a los hijos sólo causan en ellos baja autoestima, minan su confianza, tienden a tener conductas más agresivas y les genera más estrés. Todos los expertos y psicólogos se unen en la misma afirmación: para educar a los hijos no hay que gritarles.
  3. Castigarles: el exceso de autoritarismo, las constantes prohibiciones y la educación asociada al castigo no enseña nada al niño. Los psicólogos prefieren utilizar el refuerzo positivo y no el castigo, ya que el niño obtiene una enseñanza y además reforzamos su autoestima. En vez de sancionar constantemente podemos estimular el buen comportamiento con consecuencias favorables para ellos, por ejemplo: “si haces todas tus taras, puedes elegir hoy el postre”.
  4. No dedicarles tiempo: el día a día nos sume en un sinfín de tareas que parecen no acabar nunca, sin embargo, sacar un poco de tiempo al día, por poco que sea para dedicarlo en exclusiva a nuestros hijos es fundamental. De lo contrario, poco a poco irán distanciándose de nosotros y el vínculo irá debilitándose.
  5. No mostrar afecto: el contacto físico, los abrazos, los besos o simplemente decirles cuánto les queremos son costumbres que estimulan el vínculo entre padres e hijos. Si no realizamos estas pequeñas y simples acciones, nuestros hijos no sólo crecerán sin esa necesidad básica de afecto de todo ser humano sino que además no estaremos estimulando el apego con nuestros hijos.

Fuente: guiainfantil.com

La importancia de hacer cosas en familia

La familia es aquel grupo social que supone una extensión de uno mismo, ya que nos unen vínculos biológicos, a menudo convivimos y tenemos una historia común.

La familia es el primer grupo social donde se desarrolla el niño, la socialización primaria tiene lugar en la familia. El niño en el seno de la relación con la familia, desarrolla patrones de apego, y de interacción que marcarán sus futuras relaciones y serán la clave para su bienestar personal y su felicidad.

No debemos descuidar la labor de la familia, son muchos los beneficios para los niños y para todos los miembros, debemos tener en cuenta la importancia de hacer cosas en familia.

El tiempo de hacer cosas en familia

En la actualidad no es mucho el tiempo que podemos pasar en familia, los ritmos de cada día, la carga de trabajo, el estrés, etc. dejan poco tiempo para el ocio, o el disfrute y a menudo ese tiempo libre tendemos a dejarlo para el descanso. Con esta situación parece difícil dedicar tiempo a la familia.

A menudo el poco tiempo que tenemos en familia, lo dedicamos a no hacer nada, o hacer cada uno por su cuenta.

Ya no es la falta de tiempo en familia, sino la ausencia de actividades en familia. Esta ausencia es perjudicial para el niño y para toda la familia, sin tiempo para hacer cosas juntas no nos conocemos, no tenemos un clima positivo y de confianza, y es normal que  cada uno vaya a lo suyo y que los conflictos se agudicen.

Por qué es importante hacer cosas en familia

Cuando hacemos cosas en familia, podemos disfrutar de una actividad distendida y de disfrute. Compartir esa experiencia contribuye a hacer crecer los vínculos, y a mejorar el clima.

Todos necesitamos hacer cosas en familia. La familia es el grupo social que forma parte de nosotros, y compartir tiempo nos permite redefinirnos como personas y encontrar nuestro lugar dentro de la familia.

Hacer cosas en familia supone enfrentarnos a diversas situaciones, y fortalece la confianza.

Si todos nos divertimos juntos, todos tenemos emociones positivas juntos y nos sentiremos más cerca de la familia.

El niño necesita hacer cosas en familia, para estrechar vínculos, crear patrones adecuados lejos del estrés y las obligaciones. La familia no solo es un espacio social que nos provee de cuidados y alimentos y nos enseña las normas, sino que también la familia se convierte en una entidad compartida de apoyo.

Ideas para hacer cosas en familia

No importa si no tenemos mucho tiempo, es más importante la calidad del tiempo que la cantidad del mismo.

Cada día dedica tiempo a hablar en familia, quita la tele, deja los móviles y otros aparatos de lado y simplemente comunícate, pregunta, escucha y atiende. No lo conviertas en una obligación, empieza a hacerlo tú y verás como poco a poco los demás lo hacen.

Prepara actividades en familia los fines de semana. Puede ser una salida al parque, comer fuera, ir al cine, jugar a un juego de mesa, o preparar una cena o desayuno especial en casa los fines de semana.

De vez en cuando podemos hacer alguna actividad más especial como un fin de semana fuera, salidas con amigos, etc.

Fuente: escuelaenlanube.com