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7 Recomendaciones para dar un consejo que funcione

Ya sea con la familia, con los amigos, o con los compañeros de clase o de trabajo,dar un consejo siempre es algo difícil. Requiere mucha sensibilidad, sobre todo si estamos hablando de la vida, de decisiones o problemas de otras personas.

Además, puede ser algo frustrante cuando no sabemos qué decir o nos equivocamos o, simplemente, la otra persona no sigue nuestro consejo. Es fácil soltar frases de ánimo enlatadas que sirven prácticamente para cualquier situación. Son fórmulas que llegan al corazón, pero nublan la mente.

Dar un consejo consiste en compartir una experiencia, en ofrecer una directriz o una guía que se pide y se da de forma voluntaria. En ningún caso es una orden, ni hay obligación de darlos o de exigirlos. ¿Hay alguna fórmula para ser un buen consejero? Todo se basa en nuestros propios conocimientos, nuestra experiencia y en nuestra sensibilidad. Si quieres mejorar tu capacidad para dar consejos y, con ella, tu capacidad de escucha y sensibilidad, aquí tienes algunos consejos:

 

Vamos a librarnos de ciertos malos hábitos

Dar consejos no consiste en ser un dispensador de información. Implica ser comunicativo. Saber captar las necesidades de la gente y dar lo que se necesita. Es una tarea difícil, pero se facilita si tenemos una buena actitud:

1. Para empezar, no juzgues, ni sesgues

Cuando una persona te esté hablando de algún problema o una situación, escucha. Nada de juzgar, y mucho menos a la cara. Y tampoco nos dejemos llevar por nuestras opiniones sobre el tema. Resumiendo, no juzgues. Evalúa.

2. Sé honesto

Pongamos que siempre tenemos las mejores intenciones si queremos dar un buen consejo. Pero, a veces, hay que admitir que no sabemos nada sobre el tema y no tenemos tiempo para investigar sobre él. Sé humilde y no vayas de “sobrado”.

3. Espera al mejor momento para dar el consejo

Es casi un impulso incontrolable el que nos salga nuestra vena de mamá regañona, y tal y como la persona empiece a hablar, ya estemos: “Pues deberías hacer esto, deberías hacer lo otro…”. Quizás todavía no ha llegado el momento de decir nada. Deja primero que la otra persona se exprese. Recopila toda la información que puedas y cuando ya lo hayas hecho, entonces puedes empezar a aconsejar.

4. Y última actitud: no impongas

A no ser que estéis en un cuartel y seas un oficial superior, un consejo no es una orden. En ningún momento estás obligado a darlo. Y, por supuesto, en ningún momento están obligados a seguirlos. Sé asertivo. La última decisión siempre será de la otra persona.

Bien, a estas alturas presupongo que tenéis buena actitud comunicativa. Imaginaros que ha llegado un amigo para hablaros de una situación personal comprometida. Seguramente nos pregunte nuestra opinión sobre el tema. ¿Cómo ser más efectivo en esta situación? Vayamos paso por paso.

7 recomendaciones para ser mejor consejero
1. Escucha

Dibuja su historia en tu mente. Quédate con cuantos más detalles mejor. Acuérdate de las “6 W” de cualquier suceso: Qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Pregunta todo lo que necesites saber.

2. Ponte en su lugar

Ten un poco de empatía. Capta cómo se siente la otra persona con lo que te está contando, imagínate en esa misma situación y comprende cómo te sentirías en ese caso. Que cuando esa persona termine de hablar tu expresión sea: “comprendo tu situación”.

3. Invita a que esa persona vea su situación desde el exterior

Las emociones están muy bien, pero un problema se resuelve mejor con la cabeza fría. Tranquiliza a tu amigo y que empiece a hablar de los recursos que tiene para resolver el problema. ¿Cómo? Pues una vez se haya desahogado, pregúntale: “¿Qué quieres hacer?”.

4. Pregunta si quiere un consejo

En caso de que lo acepte, no empieces con un imperativo. Mejor aplica la fórmula del “Yo que tú…” o “Si estuviera en tu situación…”. No hables de una, sino de todas las posibilidades que tiene. Dale toda la información que puedas dar en ese momento. Estarás poniendo más recursos sobre la mesa.

5. Evalúa los riesgos

Y, continuando lo anterior, si puedes indica también los riesgos que podrían llevar esos consejos. Si los tienen, claro.

6. Ante todo, y sobre todo, es la otra persona la que toma la última decisión

Recuerda. No impongas. Termina siempre tu consejo acentuando esto que “esto es lo que yo pienso, ahora eres tú quien decide”. Recuerda también que estamos hablando del problema del otro, no del tuyo. Es él y no tú quien debe resolverlo.

7. Haz un seguimiento

Preocúpate por cómo le ha ido. Cuando pase un tiempo, pregúntale por el suceso y veamos si realmente consiguió una solución.

Y listo, ya has podido hacer todo lo que podías por esa persona. El resto dependerá de ella. Ser consejero pude ser algo muy gratificante. Sobre todo cuando las cosas salen bien, pero aprende a dosificar bien tu información. Recuerda, con un consejo compartes experiencia. No es obligatorio darlo, ni tampoco recibirlo. Tú decides al final quién merece tu experiencia y quién no.

Fuente: muhimu.es

 

7 habilidades esenciales para la vida que no enseñan en la escuela

Sócrates enseñaba que la felicidad es el objeto y el fin último de las acciones y de la vida. Muchos siglos han pasado desde entonces, y la escuela moderna ha olvidado esa enseñanza, llegando a convertirse fundamentalmente en un lugar donde se transmiten conocimientos, más o menos científicos, que pretenden prepararnos para la vida.

Sin duda, los conocimientos y habilidades que adquirimos en la escuela nos ayudan a construir una profesión, pero no suelen ser la mejor vía para desarrollar el pensamiento autónomo y la autogestión emocional. Cuando la escuela se limita a transmitir una serie de verdades inamovibles que debemos memorizar, a veces incluso sin comprenderlas bien, corremos el riesgo de que algunas de nuestras capacidades más valiosas se atrofien, precisamente esas que nos ayudan a vivir de forma más plena y con menos conflictos.

Por supuesto, toda la responsabilidad no es de la escuela, la familia también desempeña un papel protagónico en la formación de la personalidad y el desarrollo de las potencialidades de sus miembros. Sin embargo, no debemos olvidar que es importante que exista una sintonía entre los mensajes que transmiten la familia, la escuela y la sociedad. Si queremos que los niños de hoy se conviertan en adultos que saben pensar y gestionar sus emociones, es necesario que nos esforcemos por enseñarles esas habilidades en todos los niveles.

Las habilidades olvidadas por la escuela que nos harían más felices y plenos 
1. Seguir una pasión

Cuando entramos al colegio aprendemos el significado del “deber”. Nos enseñan que “las cosas que valen la pena requieren sacrificios”. Sin embargo, lo cierto es que cuando algo nos apasiona de verdad, no solo brillaremos en ello sino que no necesitamos movernos por el deber, porque tenemos un motivo impulsor mucho más poderoso: la pasión. Como resultado de esa educación basada en el deber, hay millones de persona realizando trabajos que no les gustan y viviendo vidas que no les satisfacen. Nadie les enseñó que el secreto está en seguir su pasión.

2. Aprovechar los errores

La escuela se encarga de castigar duramente los errores. Las calificaciones escolares no consideran el esfuerzo ni la individualidad, tan solo los aciertos y las equivocaciones. Como resultado, no es extraño que nos aterrorice cometer errores, porque creemos que estos disminuyen nuestra valía como personas. Ese miedo a equivocarnos puede llegar a ser tan intenso que aplasta nuestra motivación y nos paraliza. Afortunadamente, métodos como el del bolígrafo verde contribuyen a cambiar esta situación y nos permiten comprender que los errores son oportunidades de aprendizaje.

3. Valorar el tiempo

El tiempo no es dinero, el tiempo es vida. Es la posesión más valiosa que tenemos, aunque no siempre lo valoramos en su justa medida. De hecho, acudir todos los días a una escuela donde nos enseñan contenidos que no despiertan nuestro interés y que no tienen aplicaciones prácticas es una manera de restarle valor a nuestro tiempo. Obviamente, cuando nos olvidamos del dinero y comenzamos a pensar en términos de tiempo nuestra vida da un vuelco radical. Por ejemplo, en vez de preguntarnos cuánto cuesta el nuevo iPhone, podemos preguntarnos cuánto tiempo debemos trabajar para comprarlo. ¿Merece la pena? Solo entonces empezamos a valorar las cosas en su justa medida.

4. Gestionar las emociones

Ahora sabemos que el éxito profesional y el nivel de satisfacción en la vida no dependen directamente del cociente intelectual, sino de la Inteligencia Emocional. Eso significa que, si bien el conocimiento es la base, es probable que no lleguemos demasiado lejos o no seamos muy felices si no somos capaces de gestionar adecuadamente nuestras emociones. Por desgracia, nadie nos enseña a reconocer y gestionar nuestros estados emocionales, por lo que muchas veces nos sentimos culpables cuando experimentamos ciertas emociones o no sabemos cómo expresarlas asertivamente.

5. Ser resiliente

La adversidad nos aguarda a la vuelta de la esquina, por lo que es mejor estar preparados para cuando toque a nuestra puerta. Sin embargo, nadie nos enseña a lidiar con los problemas sin perder el equilibrio emocional. La resiliencia es una habilidad que normalmente se desarrolla de manera espontánea, golpe tras golpe, pero también podría potenciarse a través de una educación que nos enseñe a enfrentar los problemas con sentido del humor, que nos ayude a detectar nuestros puntos débiles, nos muestre cómo pedir ayuda y nos permita desarrollar una visión positiva y equilibrada de la vida.

6. Negociar

Si supiéramos negociar evitaríamos muchísimos conflictos a lo largo de la vida. Sin embargo, desde que entramos en el colegio nos damos cuenta de que no hay margen para la negociación, todo está decidido, desde el plan de clases hasta los minutos de recreo. Así aprendemos a acatar las reglas y asumimos un terrible mensaje: hay ganadores y vencidos. Como resultado, comenzamos a afrontar la vida de esa manera: como una competición en la que queremos ganar, sin darnos cuenta de que el mejor escenario es aquel donde todos ganan.

7. Buscar el equilibrio

En la escuela nos enseñan a esforzarnos y trabajar duro para obtener cada vez mejores resultados. Sin duda, es un buen mensaje, pero si lo llevamos al extremo terminaremos engordando primero el currículo escolar y luego el profesional, olvidándonos del “currículo de la vida”.

Por eso, no es extraño que nuestra sociedad produzca personas adictas al trabajo que no tienen tiempo libre y han olvidado cómo relajarse. Este desequilibrio termina pasando factura a nivel emocional, social y físico porque descansar es tan importante como trabajar y pasar tiempo con los demás es tan importante como pasar tiempo con uno mismo. Si no somos capaces de encontrar ese equilibrio, antes o después algo se romperá en nuestro interior. Y no siempre podremos arreglarlo.

Fuente: muhimu.es

 

 

Los abuelos: un gran tesoro en la familia

Dicen que un abuelo es alguien con plata en su cabello y oro en el corazón. Si tus hijos pueden contar con la presencia de al menos uno de sus abuelos considéralos niños afortunados; las relaciones humanas no son perfectas y los límites son necesarios, pero el legado de vida que ellos transmiten a sus nietos es un tesoro emocional que permanecerá con tus hijos para siempre.

Seguramente has escuchado la frase “cuando mamá y papá digan que no ¡marca 01-800-abuelos!”; el pilar fundamental que los abuelos juegan en la educación de nuestros hijos: les transmiten sabiduría, experiencia, tranquilidad, cariño, estabilidad… Además el beneficio es mutuo, ya que los abuelos también se enriquecen emocionalmente con el contacto con sus nietos.

¿Sabías que diversos estudios han demostrado que cuidar a los nietos es beneficioso para la salud mental de los abuelos? Investigadores del Women’s Health Aging Project, en Australia, descubrieron, que las mujeres post-menopáusicas que pasan tiempo cuidando de sus nietos tienen un menor riesgo de desarrollar Alzheimer u otros desórdenes cognitivos que las mujeres que no lo hicieron. (Aunque todo exceso es malo: el estudio señala que cuidarlos más de 5 días a la semana aumenta los riesgos de padecerlos).

Para los niños los abuelos son la figura representativa de la unidad familiar y ello les hace sentirse seguros y, consecuentemente, estables emocionalmente. Además, a los ojos de sus nietos, el abuelo es un modelo de envejecimiento.

El abuelo tiene una situación privilegiada basada sobre una relación de confianza lo que permite que se conviertan en perfectos transmisores de los valores morales y que sean fácilmente asimilados.

El Papel que juegan los abuelos:

Los lazos que abuelos y nietos construyen con una relación sana son invaluables. Te compartimos algunas de las ventajas que tu familia posee con su presencia:

  • Transmiten recuerdos, historias y memorias familiares: ¿Hay alguien mejor para contar las travesuras que hacías cuando eras chico? Los abuelos son un vínculo fundamental entre generaciones; Las historias de familia les encantan a los niños, y contribuyen en su desarrollo psicológico.
  • Un abuelo es el historiador familiar: es quien habla de las tradiciones familiares, el legado y la experiencia: los niños disfrutan cuando los oyen hablar sobre su juventud y esto los ayuda a llenar el vacío entre pasado y presente.
  • Cuidar de los niños cuando los padres no pueden hacerlo: Eso es beneficioso para los niños y para los abuelos porque se sentirán más útiles, más considerados y más valorados.
  • Apoyan en el equilibrio de tiempo en el hogar de sus hijos: Recogiendo a los niños en el colegio, o quedándose con ellos alguna noche para que los padres puedan salir libremente.
  • Son una figura ecuánime cuando hay problemas familiares:
    Están dispuestos a escuchar al niño cuando tiene algún problema con sus papás sin juzgarlo ni traicionar su confianza, además de que tratan de neutralizar la situación. Cuando los problemas entre padres e hijos (en su mayoría, adolescentes) no se pueden resolver, es más fácil que los abuelos sean los mediadores del conflicto.
  • Aprender con sus nietos: acercándose más a las nuevas generaciones: los abuelos de ahora están descubriendo el uso de las herramientas digitales gracias al cariño y paciencia de los más pequeños de la familia. Es una forma de renovarse personalmente y estar actualizado.
  • Los consienten: los abuelos no pretenden ser estrictos, lo que buscan es divertir, jugar y platicar con sus nietos. Son los consentidores por excelencia y son indulgentes con esas pequeñas cosas que un niño adora como levantarse tarde, ver la tele por horas, comer dulces, etc., pero eso no significa que sean permisivos, pues también marcan límites y no permiten que sus nietos digan groserías, hagan berrinches o se porten mal.
Comunicación saludable entre padres y abuelos:

Para que tus hijos puedan disfrutar siempre de la sabiduría y la alegría que sus abuelos transmiten, la comunicación con los padres también debe fluir positivamente para que sea una relación saludable. Aquí algunas consideraciones que podrán ayudarte a mantener una relación positiva:

  • Recuerda que los abuelos disfrutan y padecen el doble a sus nietos. Los disfrutan en los buenos momentos, sintiendo una doble satisfacción , por ellos y por sus padres, y en los momentos tristes como puede ser una enfermedad , los padecen por partida doble , por un lado la preocupación que les genera el estado de salud de los nietos y por el otro lado ver a sus hijos en situación de stress.
  • También puede ocurrir que algunos abuelos no respetan a sus hijos en el rol de padres y también ocurre que algunos hijos piensan que es obligación de los abuelos abandonar su vida para cuidar a sus nietos cuando los padres tienen otros compromisos.
  • Los buenos abuelos deben tener siempre muy en cuenta que su papel no implica tener una segunda oportunidad para ser padres y que hay que evitar comparaciones en el estilo de crianza: Con amor hay que trasmitir la idea de que las generaciones de padres e hijos son diferentes, por lo tanto lo son también los criterios educativos.
  • Es importante recordar que lo más importante para padres y abuelos es el bienestar de los niños.

Fuente: anahuacalli.com.mx

Con apoyo de Newsner.com; estimulosadecuados.com.ar y guiainfantil.com

Autor: Jose Angel Mesa

Equidad entre mamá y papá, los dos son importantes

 

Con la evolución de las sociedades los roles dentro del funcionamiento familiar han adquirido nuevos significados. Ya no existen aquellos en los que el padre sólo ha sido visto como un objeto de placer y procreación, a comparación de la mujer que tiene que cargar con la responsabilidad de cuidar al bebé desde que es feto.

La imposición social de los roles sólo ha sido una imagen en la que siempre se le ha dado más peso a la madre, tal es el caso de la importancia de una fecha específica para el Día de la Madre. La creencia popular ha determinado que entre hombre y mujer, el primero no cuenta con las mismas capacidades de crianza para el hijo, por lo que se asegura que la mujer siempre tiene la razón.

Los roles aprendidos como estereotipo en la sociedad no dan buenos resultados en la convivencia familiar y menos hablando de responsabilidades, porque el padre no sólo funge como proveedor material y la madre como proveedora de todo lo demás. Actualmente, los roles impuestos han cambiado al grado de que el padre se convierte en el amo de casa mientras que la madre sale a trabajar para proveer los bienes materiales que son necesarios, en particular, para el hijo.

Estudios recientes han demostrado que los hombres, próximos a ser padres, son capaces de experimentar el llamado Síndrome de Couvade o los famosos síntomas del embarazo de su pareja: náuseas, antojos, mareos, cansancio y hasta dolores abdominales similares a las contracciones uterinas. Esto sucede por lo general en el tercer mes de gestación o en la fecha cercana al parto.

Históricamente al hombre sólo se le ha visto, y así ha sido educado, como el progenitor que solamente fecunda al óvulo y tan pronto cumple se aleja, reduciendo así su papel a un simple proveedor económico y a un ser autoritario, sin embargo, la evolución del pensamiento social ha cambiado las tendencias de crianza en una nueva etapa en la que una vez que el hijo nace, el padre tendrá que cumplir una de las funciones más importantes en la crianza del pequeño y esto implica algo más que ser un simple proveedor de comida, techo o ropa como se le ha visto a lo largo de la historia.

Dentro de los elementos que interfieren en la salud familiar está la dinámica interna del funcionamiento familiar. Cuando es armónico:

  • Hay cohesión familiar
  • Comunicación
  • Flexibilidad
  • Claridad de reglas y roles
  • Un adecuado funcionamiento familiar

A pesar de un establecimiento de reglas y roles específicos, aún se observa que el modelo de padre proveedor, autoritario y distante sigue vigente en nuestra sociedad, y aunque actualmente hay hombres que han tratado de romper con este rol tradicional, existen barreras sociales y culturales que insisten en nulificarlos.

Javier Castellanos, antropólogo social del Instituto Mexicano de Investigación de Familia y Población (IMIFAP) comenta: “Es muy común hablar de instinto materno, es como si ser mujer fuera igual a ser madre, pero esa es una decisión de cada una y no necesariamente tiene que cumplir dicho patrón. Ahora, en el lado paterno casi no se habla del instinto paterno y desde ahí empiezan por descalificar y anular la capacidad del varón para el cuidado de los hijos”.

“Esto lo podemos ver en muchos ámbitos, uno de ellos es el legal donde la mujer tiene preferencia en la custodia de los hijos pequeños con el argumento de que es la más capacitada; o cuando un hijo está en el hospital y un padre va a  visitarlo se le trata como una visita más y no se le da la misma importancia que a la madre” agregó Castellanos.

Así muchos padres que siguen este papel tradicional viven una soledad, donde no pueden expresar su amor, ni compartir sus emociones con ningún integrante de su familia ya que está de por medio su “masculinidad”.

De igual forma encontramos que las mismas mujeres ponen en duda el valor de un padre, cuando dicen “éste es mi hijo yo lo parí, a ti nada te costó” y aquí habría que cuestionarnos ¿acaso el padre no da el esperma, la vida? Él también forma parte de este proceso, sin embargo, otra cara de la moneda es que los mismos hombres se mofan de las actividades que deben tener como integrantes de la familia que también ayudaron a formar. Aunque no de una manera directa, el hecho de que fuera del círculo familiar se den comentarios como “eres un mandón” afectan el razonamiento de él.

Las capacidades afectivas y sociales de crianza han cambiado junto con la evolución de la sociedad, en la cual los valores también toman un significado diferente para adecuarse a las nuevas necesidades. En una relación familiar, ambos son igualmente importantes, ninguno vale más que el otro, porque tanto la madre como el padre forjan una educación que ayudará para el carácter de su hijo en el desarrollo, además de que la conexión en el triángulo familiar (madre, padre e hijos) será más eficiente con buenos resultados.

Fuente: bbmundo.com

Javier Castellanos, Antropólogo Social del Instituto Mexicano de Investigación de Familia y Población (IMIFAP).

Laura Evelia Torres Velázquez, Doctora en sociología y Maestra en psicología de la UNAM

La importancia de hacer cosas en familia

La familia es aquel grupo social que supone una extensión de uno mismo, ya que nos unen vínculos biológicos, a menudo convivimos y tenemos una historia común.

La familia es el primer grupo social donde se desarrolla el niño, la socialización primaria tiene lugar en la familia. El niño en el seno de la relación con la familia, desarrolla patrones de apego, y de interacción que marcarán sus futuras relaciones y serán la clave para su bienestar personal y su felicidad.

No debemos descuidar la labor de la familia, son muchos los beneficios para los niños y para todos los miembros, debemos tener en cuenta la importancia de hacer cosas en familia.

El tiempo de hacer cosas en familia

En la actualidad no es mucho el tiempo que podemos pasar en familia, los ritmos de cada día, la carga de trabajo, el estrés, etc. dejan poco tiempo para el ocio, o el disfrute y a menudo ese tiempo libre tendemos a dejarlo para el descanso. Con esta situación parece difícil dedicar tiempo a la familia.

A menudo el poco tiempo que tenemos en familia, lo dedicamos a no hacer nada, o hacer cada uno por su cuenta.

Ya no es la falta de tiempo en familia, sino la ausencia de actividades en familia. Esta ausencia es perjudicial para el niño y para toda la familia, sin tiempo para hacer cosas juntas no nos conocemos, no tenemos un clima positivo y de confianza, y es normal que  cada uno vaya a lo suyo y que los conflictos se agudicen.

Por qué es importante hacer cosas en familia

Cuando hacemos cosas en familia, podemos disfrutar de una actividad distendida y de disfrute. Compartir esa experiencia contribuye a hacer crecer los vínculos, y a mejorar el clima.

Todos necesitamos hacer cosas en familia. La familia es el grupo social que forma parte de nosotros, y compartir tiempo nos permite redefinirnos como personas y encontrar nuestro lugar dentro de la familia.

Hacer cosas en familia supone enfrentarnos a diversas situaciones, y fortalece la confianza.

Si todos nos divertimos juntos, todos tenemos emociones positivas juntos y nos sentiremos más cerca de la familia.

El niño necesita hacer cosas en familia, para estrechar vínculos, crear patrones adecuados lejos del estrés y las obligaciones. La familia no solo es un espacio social que nos provee de cuidados y alimentos y nos enseña las normas, sino que también la familia se convierte en una entidad compartida de apoyo.

Ideas para hacer cosas en familia

No importa si no tenemos mucho tiempo, es más importante la calidad del tiempo que la cantidad del mismo.

Cada día dedica tiempo a hablar en familia, quita la tele, deja los móviles y otros aparatos de lado y simplemente comunícate, pregunta, escucha y atiende. No lo conviertas en una obligación, empieza a hacerlo tú y verás como poco a poco los demás lo hacen.

Prepara actividades en familia los fines de semana. Puede ser una salida al parque, comer fuera, ir al cine, jugar a un juego de mesa, o preparar una cena o desayuno especial en casa los fines de semana.

De vez en cuando podemos hacer alguna actividad más especial como un fin de semana fuera, salidas con amigos, etc.

Fuente: escuelaenlanube.com

EL PROFESOR ESTÁ MÁS SOLO QUE NUNCA, EN SU TAREA DE EDUCAR

En el conversatorio “Ser profesor hoy”, el filósofo y educador mencionó tres aspectos preocupantes sobre la tarea docente y dejó claro que el rol del maestro es enseñar la verdad.

El doctor Pablo Pérez, exdecano de la Facultad de Ciencias de la Educación de UDEP, especialista en temas de Filosofía y Psicología, afirmó que el profesor está más solo que nunca, en su tarea de educar, pues antes “también lo hacían la familia y la sociedad.

Sin embargo, hoy, la mayoría de las primeras no educa y la sociedad, engaña. Tenemos que enseñar nosotros solos (los maestros) y, además, compitiendo con lo que se dice fuera. Por ello, debemos estudiar mucho más”, dijo a los más de 150 estudiantes y docentes que asistieron al conversatorio.

Durante su exposición, mencionó otros dos aspectos de su especial preocupación respecto a la tarea que le corresponde cumplir al maestro, actualmente. Dijo que el profesor “debe ponerse en contacto con la verdad, pero esta escasea mucho en el mundo. Por ello, tenemos que dedicarnos a encontrarla o nos quedaremos sin profesión; no tendremos qué enseñar”. Educar, recalcó, es enseñar verdades claves que le sirvan al hombre como guías para siempre.

Anotó que si la tarea del filósofo es buscar la verdad, la del educador es enseñarla. El hombre, dijo, “está hecho para buscar la verdad; y, al hallarla, alguien tiene que decirla y enseñarla; para lo cual, hay que conocerla muy bien”, concluyó.

En otro momento de su exposición, recomendó a maestros y alumnos no adaptarse a la forma ‘líquida de la sociedad’ (que supone adaptarse a todas las ideologías, al individualismo, al consumismo y las modas, etc.) que es contraria a la búsqueda y enseñanza de la verdad. “Adaptarse a cualquier cosa no es el fin de la Educación”, subrayó.

Asimismo, se refirió a otra cuestión importante: “Es preocupante que la educación se preocupe más por los métodos que por el conocimiento de la verdad. El método no nos dice cuál es la verdad, solo se adapta a lo que la sociedad quiere en un determinado momento. Hay que preocuparse de que el maestro sepa cuál es la verdad; si la conoce bien siempre encuentra la forma de enseñarla”.

Si queremos que el profesor sea cada día mejor ha de ser más sabio, anota el doctor Pérez, “debe darse cuenta de que tiene que saber mucho sobre el hombre y el mundo. Esto le permitirá poder orientar a los educandos en los problemas de su vida diaria”.

Falta humanidad en el mundo

El docente universitario también recomendó a los maestros respetar cada etapa de formación: nido, inicial, primaria, secundaria universitaria. Explicó que cada una tiene su porqué, su objetivo. Son etapas distintas del desarrollo humano en la que los estudiantes deben aprender y desarrollar aspectos imprescindibles para su vida futura que no se pueden dejar para después. Una etapa, expresó, no debe ser la mera preparación para la etapa siguiente, de lo contrario lo que dejaron de aprender no lo aprenderán nunca. ¡No descuiden esto, profesores!, exhortó.

Reiteró que lo fundamental es que sepan sobre sí mismos, pues al mundo le falta humanidad y no técnica, por lo que “debemos hacernos sabios en humanidad”. Y, además, recordar siempre que “el maestro debe ser un maestro de verdad y del amor, pues no hay nada mejor que formar con amor a la gente”, puntualizó.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Universidad de Piura en el siguiente dirección: udep.edu.pe | Por: Elena Belletich.

El juego como estrategia de aprendizaje

Minerva González Germosén
San Pedro de Macorís

Es un entretenimiento al que todo infante tiene derecho, según la Convención sobre los Derechos del Niño. Su práctica puede ser educativa.

El juego es una actividad intrínseca del ser humano. Su práctica involucra cualquier nivel social y a través de él se puede formar la personalidad del niño. En primer lugar, por ser una práctica espontánea, relajada, entre personas con los mismos intereses, casi siempre, es idónea para aprender por medio de ella.

Kathy Hirsh-Pasek, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Temple, Estados Unidos, asegura que el juego a temprana edad es un elemento relevante para el desarrollo cognitivo, ya que según evidencias científicas, cuando se combinan algunas estrategias con el juego como protagonista se acelera el aprendizaje en los niños.

En el juego intervienen elementos que deben ser tomados en cuenta como son la creatividad, las normas que lo regirán y lo divertido que puede resultar para evitar el aburrimiento de los participantes.

Fomenta creatividad

El interés de quienes intervienen no lo determina el instrumento con que se juega, puesto que lo económico no asegura la diversión, sino lo novedosa y entretenida que pueda resultar su práctica. Lo económico no es una barrera que limite a quienes no cuentan con los recursos para adquirir un juego costoso, puesto que la creatividad e imaginación son herramientas para desarrollar destreza y habilidad que faciliten construir juegos con material reciclado, con recursos propios del entorno. El juego podría ser la motivación para fomentar la creatividad y adquirir nuevos aprendizajes.

Explora nuevos saberes

En segundo lugar, la diversión como actividad lúdica facilita la inserción de los niños en contextos socioculturales nuevos, su práctica permite alcanzar sus fantasías e inventar para conocer todo lo que le rodea. Es cierto que jugar no es exclusivo de los infantes, pero su práctica posibilita la exploración de mundos desconocidos, y alcanzar nuevos saberes. Sin embargo, el propósito central del juego es la diversión, también se desarrollan a través de su práctica competencias interpersonales. Pero, ¿es el juego el medio para fomentar emociones que conviertan al niño en una mejor persona? ¿Podrá  moldear la personalidad del niño?

El juego es un entretenimiento al que todo infante tiene derecho según la Convención sobre los Derechos del Niño, su práctica puede ser educativa, aunque sugieren los expertos que se debe regular el tiempo que se dedique a este, ya que existen otras competencias igual de importantes que el juego y que no necesariamente se desarrollan jugando, por lo tanto, los padres o tutores deben velar porque sus vástagos hagan una distribución apropiada de su tiempo y puedan fortalecer todas las competencias requeridas en su entorno y que no se desarrollan a través del juego.

El entretenimiento es una tarea en la que pueden involucrarse todos los miembros de una familia, convertirla en una ocasión propicia para compartir de una manera grata, donde se mezclen en diversas actividades los miembros de las diferentes edades. Para conseguir tal propósito se conjugan varios elementos como: la originalidad, la inventiva y el deseo de compartir en familia.

En realidad, lo que se requiere para pasar un buen momento de esparcimiento, es el interés de los participantes, ya que algunos juegos resultan más atractivos cuando son practicados de manera grupal, esto así, por la adrenalina que genera vencer al opositor y por las alianzas que se forman dentro del mismo juego. Además, al realizar actividades familiares se tiene la oportunidad de que adultos, jóvenes y niños compartan en un mismo plano y fortalezcan el amor entre los miembros que componen esa familia.

Múltiples propósitos

Una actividad lúdica puede ser planeada por la familia con múltiples propósitos: fortalecer la inteligencia emocional, la honestidad, cuidado del medioambiente, la equidad de género, etc. En definitiva, es una manera agradable de fomentar valores en los más jóvenes.

El juego es una tarea en la que pueden involucrarse todos los miembros de una familia, convertirla en una ocasión propicia para compartir de una manera grata.

En resumidas cuentas

En una época en la que se han invertido los valores, la violencia le gana la batalla a la tolerancia ¿valdrá la pena emplear el juego como estrategia? ¿Jugar podría contribuir a formar mejores seres en todas las esferas socioeconómicas? ¿Retomar los valores desde la familia solucionaría parte de nuestros males sociales?  ¿Es el juego el camino idóneo para educar a través de su práctica?

 

Ideas de regalos para el Día de la Madre

Lo regalos que los niños pueden dar a sus madres sin gastar dinero

Alba Caraballo

No todo depende del dinero. El dinero puede comprar mucho, pero hay regalos que no cuestan nada y que hacen feliz a la persona que lo recibe. El Día de las Madres es un buen momento para hacer un regalo a las madres que no cueste dinero. Es una ocasión ideal para que los niños reconozcan el valor de las madres y al mismo tiempo les puedan devolver un poco del amor y la dedicación que ellas siempre están dispuestas a dar.

El regalo ideal para mamá

 

Si, por el Día de la Madre, queréis hacer un regalo diferente y único para la mamá, porque hay poco dinero o simplemente porque creéis que le va a gustar un obsequio más significativo y simple, te damos algunos consejos:

 

1 – Un delicioso desayuno para mamá

Si el día comienza con dando una sorpresa en la cama a mamá, le hará súper feliz al despertarse rodeada de sus seres queridos. No necesitáis nada demasiado caro o lujoso. Lo importante es el gesto. Los papás pueden orientar y ayudar a los niños a preparar un buen desayuno para las mamás. Te damos una pista: una bandeja, coloca una taza de café con leche o un yogur, un poco de fruta cortada en pequeños cubos en un plato o un zumo de fruta y pan con mantequilla y / o mermelada y tostadas calientes. Una flor o un mensaje en una pequeña tarjeta también pueden dar un toque especial.

 

2 – Un álbum de fotos y dibujos a mamá

Con la ayuda de papá, los niños pueden seleccionar o elegir las imágenes más hermosas que tienen con sus madres y crear un pequeño álbum de fotos de regalo a su madre querida. Para hacer un álbum de fotos para la mamá, sólo es necesario utilizar o reciclar un cuaderno que ya no se use.

Pegue las fotos que su hijo ha seleccionado, haga una breve descripción de la foto para que mamá recuerde el momento en que fue tomada. Para rematar el regalo decora la cubierta con un dibujo del niño o la niña y envuelve el álbum en papel de regalo.

 

3 – Un paseo con picnic para mamá

En el Día de las Madres, en lugar de dejar que la madre lleve a los niños al parque, pueden los hijos que tienen dar un paseo con mamá por el parque, campo, jardín… o en otro lugar. Madre e hijo pueden pasar horas y horas jugando, hablando, riendo y divirtiéndose. Por supuesto, también está invitado papá. ¿Quieres algo mejor que eso? Organizar un picnic no estaría nada mal. Así mamá no tendría que preocuparse de preparar la comida en el día de hoy. Para el día de campo, sólo necesitaréis unos sándwiches, zumos o refrescos… hecho en casa y listo.

4 – Besos, abrazos y mucho amor a la mamá

Sin duda, se trata del regalo preferido de la mamá. ¿A quién no le gusta ser mimado y recibir muchos besos, abrazos y caricias de sus familiares más cercanos? Y no cuesta nada en absoluto. Además, es un regalo que tiene un efecto maravilloso. El cariño es un presente que la mamá recibirá con felicidad. Un regalo sin límites.

Si no habéis tenido tiempo o no tenéis dinero para el regalo, sólo hace falta imaginación para hacer un obsequio a mamá, éste es un don que no se puede perder.

Fuente:  GuiaInfantil.com

¿Por qué no tienen ganas de aprender?

Para que alguien aprenda algo tiene que querer aprender. Este es el primer requisito imprescindible para el aprendizaje. No se puede forzar el aprendizaje, como mucho conseguiremos que memoricen pero en ningún caso que aprendan. Pero ¿cómo conseguimos que tengan ganas de aprender? ¿Cómo podemos lograr que quieran aprender?

Las ganas de aprender

El aprendizaje es algo natural del ser humano. Las personas desde que nacen, están constantemente aprendiendo gran cantidad de cosas. Cuando algo nos interesa queremos saber más, queremos conocerlo, queremos hacerlo y nos dedicamos a explorarlo, a hacerlo a conocerlo. Eso es el aprendizaje.

Para que ocurra el aprendizaje tenemos que querer aprender, no se puede aprender si uno no quiere aprender. Las ganas de aprender constituyen el primer y necesario paso para que se produzca el aprendizaje. Sin ganas de aprender no hay aprendizaje.

Las ganas de aprender constituyen el componente actitudinal del proceso de aprendizaje:

  • El interés por aprender.
  • La voluntad de aprender.
  • La motivación por aprender.

Las ganas de aprender constituyen la actitud adecuada para que se produzca el aprendizaje.

¿Por qué no tienen ganas de aprender?

Las ganas de aprender o actitud positiva hacía el proceso de aprendizaje, parten del papel que el que aprende tiene en su proceso de aprendizaje. Cuando no son los protagonistas activos del proceso de aprendizaje los estudiantes difícilmente se implicaran con el mismo y no se esforzarán, ocurre lo siguiente:

  • No les interesa lo que aprenden.
  • Le aburre, no se sienten implicados.
  • No disfrutan aprendiendo.
  • No hay ganas de aprender y no hay aprendizaje.
¿Qué consecuencias conlleva la falta de ganas de aprender?

La falta de ganas de aprender conlleva diversas consecuencias negativas, veamos:

  • No se producen aprendizajes y por lo tanto se obtiene un bajo rendimiento académico.
  • Puede aparecer la baja autoestima académica y la desmotivación.
  • No creen que su esfuerzo les lleve a conseguir sus metas. Ya que se perciben incapaces de lograrlo.
  • Como consecuencia se implican todavía menos con el proceso de aprendizaje y tienen menos ganas de aprender.
 ¿Cómo podemos despertar sus ganas de aprender?

Es labor de familias, educadores y de toda la comunidad educativa despertar las ganas de aprender. Veamos algunas sencillas ideas que nos pueden ayudar a despertar las ganas de aprender.

  • Implícales de manera activa en su proceso de aprendizaje. En lugar de limitar su papel a ser meros receptores pasivos, procura que exploren, que busquen, que indaguen y que se mantengan activos para aprender.
  • Despierta su interés, y trata de buscar actividades que se ajusten a su manera de pensar y de aprender, para ello crea diferentes experiencias que puedan ajustarse a su manera de aprender.
  • Busca temas y motivos que concuerden con sus intereses, preocupaciones, interrogantes.
  • Trata de despertar su curiosidad para ello puedes utilizar las preguntas.
  • Enséñales que su esfuerzo es básico para lograr las metas, que si se implican y se involucran obtendrán los resultados.
  • Hazles responsables de su propio proceso de aprendizaje, se trata de procurar que sean ellos mismos los que se organicen, los que lleven su seguimiento, lo que dirijan su propio proceso.
La autora es psicóloga y pedagoga

Fuente: educayaprende.com

Estos son los pasos para criar a un buen niño, según Harvard

Nadie nos enseña a ser papás, pero según Harvard, estos son los pasos que debes seguir para que tu hijo sea un buen ser humano.

Según un estudio realizado por Rick Weissbourd, psicólogo de la universidad deHarvard, solo uno de cada cinco niños creen que a sus padres les preocupa que sus hijos sean buenas personas, por encima de sus logros académicos o su felicidad.

El proyecto Making Caring Common (“Hacer de la solidaridad algo común”) encuestó a 10.000 alumnos de secundaria y bachillerato sobre los valores que eran más importantes para ellos y el 80 por ciento de ellos consideraron que los logros personales o la felicidad eran lo más importante. Para cambiar este modelo educativo y que los niños aprendan a poner en orden sus prioridades, Weissbourd nos facilita la guía para criar a un buen niño en cinco pasos.

  1.   Que preocuparte por otros sea tu prioridad.

Necesitan oírte decir que ayudar a los demás y ser buenos es la prioridad número uno. Esto les ayudará en sus relaciones con los demás y, por lo tanto, a alcanzar una felicidad plena. dile que lo importante es que sea feliz, que se dirija a los demás con respeto.

  1.   Haz que practiquen la amabilidad y gratitud.

Varios estudios muestran que las personas que habitualmente expresan su gratitud suelen estar más dispuestos a ayudar y son más generosos, compasivos e indulgentes; y también ¡más sanos y felices! No lo recompenses por cada buena acción, hazle saber las diferencias entre buenas o malas acciones,  trabaja con ellos la bondad y que dar gracias se  convierta en un hábito.

  1.   Enséñalos a tener perspectiva.

El objetivo es que nuestro hijo aprenda a preocuparse por alguien de fuera de su círculo, como un niño nuevo en clase, el conserje del colegio, o incluso alguien que viva en otro país.

  1.   Sé un ejemplo de moralidad.

Los niños aprenden valores observando cómo actúan las personas que les rodean. Debes practicar la honestidad, justicia y caridad para que tus hijos puedan aprenderlo de ti.

  1.   Ayúdales a manejar sentimientos negativos o destructivos.

Enseñarles a manejar estos sentimientos negativos para que no les impidan preocuparse por los demás. Debe aprender a trabajar la frustración, el enojo por sí solo, respirando y expresando lo que siente para que su comportamiento no afecte a otros.