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El buen trato

Carolina Jiménez
carolina.jimenez@listindiario.com
Santo Domingo

Los valores humanos conducen hacia una mejor sociedad sin distinción de raza o cultura. Permiten una libre convivencia en el mundo con las demás personas.

La clave para un ser humano sentirse bien con sí mismo y con los demás, no está en la abundancia económica o material que pueda tener, ni siquiera en su belleza física. Sino más bien, en los buenos valores que conserva dentro de su corazón y transmite a quienes están a su alrededor.

Cuando se experimenta un buen trato hacia los demás, podemos asegurar que en la mayoría de casos seremos tratados de la misma forma. Ese bienestar nos puede cambiar el día, mejorar nuestro ánimo y nuestras decisiones e impulsarnos a extender a otros ese mismo estado.

El buen trato es un hábito que produce paz y es contagioso, tiene el poder de “desarmar corazones”; en otras palabras, la cortesía tiene la capacidad de liberar las emociones negativas, pues ante un gesto gentil, la otra persona se puede tranquilizar. Es la amabilidad una fórmula para conseguir la calma en un momento hostil, evitando así una posible conducta negativa. En su efecto multiplicador, se convierte en un valor fundamental de la cohesión social al crear sociedades más justas, pacíficas, solidarias, respetuosas y educadas.

El buen trato significa ser amable con los demás; aceptarlos como son, sin juzgarlos y comprendiéndolos tratando de ponerse en su lugar.

Educar en el buen trato

Expertos afirman que “ofrecerles a los niños, independientemente de la situación social de cada familia, el afecto, el apoyo y la seguridad necesaria para su perfecto desarrollo, puede conseguir seres humanos equilibrados, tolerantes y capaces de comprender y desarrollar su sentimiento de empatía con el resto de sus compañeros”.

  • Un gesto de amor: es uno de los actos más sublimes y epeciales del buen trato.
  • Una sonrisa: alegra el alma y puede cambiar el día de una persona positivamente.
¿Cómo mostrar buen trato a los demás?

Ofreciéndoles una sonrisa, un trato cálido, una atención, un saludo y siendo cortés. Según Andrés Ocádiz: “Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo, porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad que merecen. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días»”.

De acuerdo a la Fundación Humanismo y Ciencia, el decálogo de la amabilidad es el siguiente:

1-Procura reconocer y respetar los derechos y los méritos de los demás, y aceptar sus formas de pensar, aunque sean distintas de las tuyas.

2-Trata a los demás con el mismo respeto y cariño con el que te gustaría que te trataran a ti.

3-Procura ser complaciente con los que te rodean cuando te piden un favor o solicitan tu ayuda.

4-Utiliza palabras como gracias, perdón, por favor, que te facilitarán y harán más agradable tu relación con los demás.

5-Intenta ver en cada persona lo mejor de ella. Seguro que lo encontrarás y te sorprenderá.

6-Acostúmbrate a expresar tus mejores sentimientos, no los reprimas. Trata a los demás con toda la naturalidad, la alegría y el afecto que espontáneamente salgan de ti.

7-Acostúmbrate a sonreír. Muéstrate solidario, optimista y colaborador con las personas con las que convives.

8-Piensa que si todos tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos todos seremos mucho más felices.

9-Trata de analizarte y observa si, cuando eres amable o afectuoso con los demás, te sientes más a gusto contigo mismo.

10-Comprueba cuántas horas al día estás de buen humor. Si son muchas, alégrate porque estás construyendo un mundo más amable.

¿Estamos preparados para convivir con la inteligencia artificial?

Que los robots ocupen gran número de puestos de trabajo nos plantea un debate no solo económico, sino de supervivencia como especie. Pronto tendremos que decidir si confiaríamos a un algoritmo nuestros sistemas de salud o de defensa.

¿Deberían pagar impuestos los robots? Según Bill Gates, la respuesta es “sí”. Al sustituir a seres humanos en puestos de trabajo por los cuales las empresas pagan impuestos, estas deberían tributar la parte correspondiente. Si no es así, la prestación de servicios públicos será pronto insostenible debido al previsible crecimiento en el número de robots en el mercado laboral.

Desde luego es preocupante que una nueva ola de robots ocupe un gran número de puestos de trabajo, pero se podría decir que la automatización de la producción industrial es algo que lleva ocurriendo de manera masiva desde el final de la segunda guerra mundial. ¿Por qué la situación es más alarmante en estos momentos? Veamos uno de los casos más repetidos en los últimos años, el de los coches y camiones sin conductor. Lo que empezó como uno de los experimentos de Google, el desarrollo de vehículos autónomos, es algo que ahora están haciendo casi todas las grandes marcas y que ha puesto de moda Tesla con sus primeros modelos. El mejor argumento para la automatización de la conducción es el de la seguridad: es más seguro que conduzca un conjunto de algoritmos, que no se cansan ni conducen bebidos o drogados, que un ser humano, cuyas capacidades cognitivas se resienten en muchas circunstancias.

Cuando la conducción automatizada se combina con la llamada «economía Uber» aparece también el problema del trabajo. ¿Cuántos puestos de trabajo desaparecerán en todo el mundo si la inteligencia artificial (IA) se impone en los sectores del transporte por carretera de personas y mercancías? ¿Cuántos millones de taxistas, conductores de autobuses y camiones hay en todo el mundo que perderían sus trabajos? ¿Qué haremos con ellos? Uber ya está colaborando con las universidades de Arizona y Carnegie Mellon (de la que fichó a 40 investigadores en inteligencia artificial) en asuntos de seguridad y autonomía mientras que Tesla ya ha anunciado la construcción del modelo «Semi», un camión totalmente eléctrico que probablemente tendría la misma capacidad de conducción autónoma que los coches. Es decir, el horizonte de cambios que nos traerá la economía de la inteligencia artificial se mueve en el rango de las décadas, si no de unos pocos años.

Para mi generación, la educación era un instrumento de ascenso económico, de pertenencia social y, de rebote, una forma de evitar aquellos puestos de trabajo que podrían desaparecer gracias a mejoras en la productividad. Es decir, estudiar para hacerse abogado, médico o funcionario no solo proporcionaba estabilidad económica y cierta visibilidad social, sino que las garantizaba durante toda la vida profesional. Lo más probable es que, gracias a la inteligencia artificial, este planteamiento ya no sea válido ni para las mejores profesiones.

En muchos de los despachos de abogados más grandes del mundo, la parte de la profesión de la que se encargaban los abogados más jóvenes, lo que se llama la fase de «descubrimiento» en la que las partes pueden obtener pruebas antes del juicio, ya la han comenzado a hacer los algoritmos. Y no solo eso, sino que en la empresa americana DoNotPay es un abogado-robot quien escribe la carta de 500 palabras que hay que enviar al ayuntamiento para quitarte las multas de tráfico. Su porcentaje de éxito es del 60%.

Los futuros médicos no lo tienen más sencillo. Los sistemas de inteligencia artificial para el reconocimiento de imágenes aplicados a la detección de cánceres de piel son más exactos que los especialistas humanos. Y respecto a los funcionarios, confieso que formo parte de un equipo de investigadores de varios países que estudiamos la aplicación desistemas de inteligencia artificial para el desarrollo e implementación de políticas públicas. Todavía es pronto, y el marco de referencia en el que trabajamos es el de un sistema híbrido de algoritmos y humanos que trabajan de manera coordinada. Pero el interés de los gobiernos por crear mejores formas de solucionar los problemas complejos que afectan a la humanidad –desde el cambio climático hasta las epidemias– implica crear sistemas que sean capaces de procesar enormes cantidades de datos, algo que los seres humanos no hacemos bien.

Pero los seres humanos sí podemos hacer algo que, de momento, la inteligencia artificial no sabe hacer. El caso más famoso de los últimos años es el de la máquina DeepMind que Google compró por Google y que se hizo célebre alderrotar sin mayores problemas al campeón mundial de Go, un juego de estrategia muy popular en Asia mucho más complejo que el ajedrez. La buena noticia es que DeepMind solo sabe jugar a Go y que si lo ponemos a conducir un coche, detectar cánceres o evaluar pruebas legales no sabrá ni por dónde empezar. Un niño, por su parte, aprende a aprender de otros contextos como parte normal de su desarrollo. Es decir, los niños, y también los animales, no están circunscritos como los algoritmos a una inteligencia que es específica y eficaz solo en un dominio de la realidad. Los seres humanos ejercen lo que se conoce como inteligencia general, que les permite aprender tanto por imitación como por lo que podemos llamar analogía, aplicando lo aprendido en un dominio a otro completamente distinto. De momento la inteligencia artificial no ha desarrollado ni parece que pueda desarrollar nada parecido en el futuro inmediato.

No hay un consenso sobre la definición de inteligencia artificial, pero todos los expertos están de acuerdo en que dos cosas han cambiado radicalmente en los últimos años en este campo al que hasta hace poco solo la ciencia ficción prestaba atención. La primera tiene que ver con los avances en un subcampo de la inteligencia artificial que se conoce como «aprendizaje automático» (machine learning, en inglés). El aprendizaje automático es la capacidad de un sistema de mejorar su rendimiento en una tarea a medida que la realiza más veces. Casi siempre estas tareas están relacionadas con el reconocimiento de patrones en conjuntos de datos. Y aquí es donde los cambios de comportamiento producidos por la digitalización de la vida humana han proporcionado el segundo elemento para el despegue de la inteligencia artificial: los datos. La eficacia de los sistemas de aprendizaje automático se debe a la disponibilidad de los trillones de datos generados, entre otras cosas, gracias a nuestra participación en Internet, los teléfonos móviles y las redes sociales.

Seis compañías americanas y una china tienen casi todos los conjuntos de datos de los que se alimenta la economía de la inteligencia artificial: Google, Facebook, Apple, Amazon, Microsoft, IBM y Baidu. El resto, es decir, toda la economía mundial, juega de momento un papel secundario en este nuevo ecosistema digital. Como ha explicado el experto americano Ryan Calo, para acceder a una cantidad suficiente de datos las empresas pueden construir sus propias bases de datos, pueden comprarlos o pueden usar los que son de dominio público. Esto significa que estamos muy cerca de una situación monopolística respecto al mercado de datos, que este es ya inmenso (hay un gran mercado negro de compraventa de datos personales), y que el papel de los gobiernos democráticos en la regulación de todo lo que tiene ver con los datos –desde la privacidad hasta lo que debe ser de dominio público y lo que nunca puede ser parte de una transacción comercial– es más importante y decisivo que nunca.

¿Confiaría en el algoritmo?

Desde el punto de vista de la economía, sin empresas nacionales y europeas en la economía de la inteligencia artificial la autonomía de un país o una región así como la capacidad de sus trabajadores y expertos para sobrevivir en este nuevo ambiente se verá muy reducida. Desde el punto de vista de la cultura y la historia, el futuro de una comunidad política depende de que se pueda acceder a los datos del comportamiento pasado de nuestros conciudadanos, de la misma forma que ahora accedemos a los documentos históricos y a los libros guardados en archivos y bibliotecas.

Otro problema que acucia a los expertos en IA y a los que aplican sus sistemas en ámbitos públicos, es que algunos de los algoritmos más efectivos que se han desarrollado últimamente son algoritmos de caja negra. La «caja negra» se refiere a que no sabemos qué es lo que aprende el algoritmo para hacer las cosas tan bien como las hace. Esto se conoce como el problema de la interpretabilidad y tiene consecuencias enormes en casi todos los ámbitos en los que se usa la IA.

Imagínese que el sistema de salud sustituye la parte del diagnóstico que hacen los médicos con un algoritmo que es mucho más eficiente que los doctores de carne y hueso. El único problema es que no sabemos lo que el algoritmo ve en los datos para decidir que, lo que usted tiene, es lo mismo que ha detectado en otros miles de pacientes cuyos datos ya ha examinado. ¿Confiaría en el algoritmo?

Ahora piense que hemos «avanzado» tanto en nuestros sistemas de gobierno que la detección de un ataque militar de una potencia extranjera –también gestionada por algoritmos– queda en las manos de un algoritmo, ¿le confiaríamos que declarara la guerra y organizara la primera ola de contraataques? El Parlamento debería haber aprobado antes una resolución al respecto, pero dada la velocidad a la que ocurre la cíber-guerra no parece muy efectivo esperar a que se cumplan los trámites parlamentarios habituales. O quizás sí sea conveniente que los ritmos de decisión de estos sistemas sigan de alguna manera armonizados con los de la vida humana. Es algo que tendremos que decidir en los próximos años.

El test de Turing

En Blade Runneer 2049 parece que todo está ya decidido. O quizás no todo. Hay un elemento clave sobre el que bascula la meditación metafísica sobre el futuro de la especie humana. En la película de Dennis Villeneuve la cacería de replicantes antiguos por parte de la nueva generación de replicantes nos lleva hasta el personaje de Deckard, interpretado por Harrison Ford. Para la inteligencia artificial, el personaje de Deckard representa el problema deltest de Turing, un clásico según el cual un buen sistema de IA debe ser capaz de hacerse pasar por humano sin que los humanos podamos distinguirlo. Esto ocurre ya en muchos ámbitos, desde los bots con los que interactuamos al comprar algo, hasta los que crean noticias falsas cuya falsedad millones de seres humanos no podemos distinguir. Pero si el engaño –desde la mentira hasta la ficción– parece ser un rasgo distintivo de la humanidad cada vez más alcance de la IA, el personaje de Harrison Ford nos plantea a la vez la cuestión de si tiene no solo la capacidad sino también la voluntad de engañar, de hacerse pasar por humano. Si es así, entonces sí que habría pasado el test y ya no habría posibilidad de distinguir entre humanos y androides.

Seiscientos años antes de Blade Runneer 2049, en 1550, el emperador Carlos V convocó en la Junta de Valladolid a algunos de los más ilustres pensadores de la época para que discutieran, decidieran y aconsejaran acerca de si «los indios» de América tenían naturaleza humana. En realidad, ese debate en el que prevaleció la argumentación jurídica de Francisco de Vitoria en favor de la humanidad de los americanos constituye el primer gran test de Turing de nuestra vida moderna, pero aplicado a seres humanos. Entonces la capacidad para la religión fue uno de los criterios fundamentales para llegar a esa solución. Camino de la tercera década del siglo XXI no parece claro que haya un consenso global sobre lo que los seres humanos tenemos en común y muchos grupos se empeñan en subrayar lo que nos diferencia a unos de otros.

¿Es usted un ser humano?¿Qué le distingue de nuestros antecesores, de las otras especies y de los nuevos robots? En realidad estas son las cuestiones fundamentales que nos ha arrojado a la cara el mundo de la inteligencia artificial y que, ahora sí, parece que no podemos aplazar.

Fuente: abc.es

 

Ocultar las emociones negativas a los niños es una pésima idea

Durante años los padres han seguido un claro mandato cultural: hay que contener las emociones negativas delante de los niños y mantener la compostura. Es necesario ocultar la tristeza o frustración y mostrar la mejor cara. Así, garantizan a sus hijos una infancia feliz y equilibrada. Sin embargo, según los últimos estudios psicológicos, podríamos equivocarnos al ocultar las emociones negativas a los más pequeños.

Sintonía emocional: la brújula de los niños en la relación con sus padres

Desde muy pequeños, los niños son capaces de captar el estado emocional de sus padres, sobre todo el miedo, la tristeza y el estrés. Un bebé de un año no comprenderá por qué sus padres están tensos o estresados, pero podrá notarlo a partir de pequeñas señales como el tono de la voz, el olor corporal y sutiles expresiones faciales. Y mientras más estresados estén los padres, más estresados se mostrarán los bebés, según reveló un estudio realizado en la Universidad de California.

Esa sintonía emocional es un mecanismo natural de los bebés que les permite detectar si algo anda mal en su entorno, para lo cual deben confiar en las pistas emocionales que les brindan sus padres. A medida que crecen, esa sintonía emocional es clave para desarrollar un apego seguro y aprender a reaccionar ante los diferentes estímulos del medio. Es decir, los niños también aprenden de sus padres las reacciones emocionales.

“Las emociones son una fuente crítica de información para aprender”. —Joseph LeDoux

Desde esta perspectiva podemos pensar que si reprimimos las emociones negativas y amplificamos las positivas les estaremos enseñando a reaccionar de manera equilibrada. Sin embargo, el verdadero modelaje emocional no consiste en reprimir ciertas emociones y falsear otras, sino en gestionarlas asertivamente.

Es tan malo reprimir las emociones negativas como exagerar las positivas

Un estudio realizado recientemente en laUniversidad de Toronto sugiere que esconder o disfrazar los sentimientos negativos puede afectar tanto al bienestar de los padres como a la relación con sus hijos.

Estos psicólogos les dieron seguimiento durante diez días a más de 100 familias para descubrir qué estrategias de gestión emocional usaban los padres delante de sus hijos y cómo estas impactaban en su relación y bienestar. Descubrieron que, cuando los padres experimentaban emociones negativas, como el enojo, la frustración y el resentimiento, e intentaban ocultárselas a sus hijos, la calidad de la relación se resentía y disminuía su capacidad de respuesta ante las necesidades infantiles, en comparación con los padres que no reprimían esas emociones negativas.

De hecho, reprimir las emociones y sentimientos es una tarea muy exigente desde el punto de vista cognitivo y emocional que termina desgastando a los padres y puede hacer que se “desconecten” de sus hijos. Como resultado, los niños pierden la sintonía emocional con sus progenitores y pueden interpretar ese comportamiento como distracción, desinterés o incluso rechazo.

“La persona inteligente emocionalmente tiene habilidades en cuatro áreas: identificar emociones, usar emociones, entender emociones y regular emociones”. —John Mayer

Exagerar las emociones positivas, con el objetivo de transmitir tranquilidad, apoyar o elogiar, tampoco es una buena estrategia porque los niños son capaces de notar la incongruencia y la falta de autenticidad, y se sienten mal por ello. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Utrecht descubrió que exagerar los cumplidos no ayuda a los niños con una baja autoestima a superar la sensación de inadecuación, más bien la acentúa.

Reprimir las emociones negativas y exagerar las positivas también puede tener consecuencias a largo plazo ya que, si los niños notan que sus padres no son auténticos, pueden perder la confianza ellos. Tampoco aprenderán a gestionar asertivamente sus estados emocionales, el mensaje que les llegará es que las emociones negativas son “malas” y deben reprimirlas, lo cual les impedirá desarrollar la Inteligencia Emocional.

El camino hacia una educación más auténtica y emocional

“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”. —Howard G. Hendricks

Para muchas personas, la idea de expresar las emociones abiertamente supone un reto al modelo jerárquico de crianza que exige que los padres actúen de manera directiva, siempre imparciales, imperturbables y controlados. En realidad, todos ganamos si cedemos un poco de ese férreo control a favor de la autenticidad. Eso no significa cargar sobre los hombros de los niños nuestras preocupaciones, ni generar un entorno inestable emocionalmente, sino tan solo ser más transparentes y convertirnos realmente en un modelo de gestión emocional.

Las emociones “negativas” no son nuestras enemigas. Es peor que el niño note que estamos tristes e intentamos esconderlo, porque no sabrá qué sucede y se sentirá inseguro, a que le expliquemos por qué nos sentimos así. Esa transparencia validará las emociones “negativas” y sentará las bases para una relación de confianza mutuaque durará toda la vida.

Fuente: muhimu.es

Los 20 retos de la educación del siglo XXI que todo docente debe conocer

¿Sabes qué recursos necesitará tu estudiante para adaptarse a los cambios del futuro?

Hoy día ya no sirve la escuela ni los modelos de aprendizaje de hace cien años. La sociedad 2.0, nuestro presente, dará pie a la futura sociedad 3.0 que demanda individuos creativos, emprendedores, críticos, competentes en las TIC, autónomos, con altos dotes sociales, que se adapten fácilmente a los ambientes laborales, capaces de trabajar con cualquier persona, en cualquier lugar y momento. Los niños de hoy no sabemos qué serán en el futuro, pero deberán tener los recursos necesarios para adaptarse a lo que venga.

Algunos expertos intuyen los caminos por donde avanzar. Por ejemplo, en creatividad, que genera oportunidades para que se desarrolle el talento, como defiende Richard Gerver. Y sin embargo, la escuela de hoy condena esa creatividad, en opinión de este experto en educación. «Se nace siendo creativo —afirma—, es parte de nuestra inteligencia natural y es lo que diferencia a los seres humanos de las demás especies. El 80% de los aprendizajes se producen antes de los cinco años, después de esta edad a los niños se les empieza a dirigir ordenándoles qué deben hacer, cómo hacerlo y en qué plazos. Esto termina por obstruir las vías de creatividad que estos jóvenes poseen».

Dieciocho meses de trabajo

Hay otros muchos ámbitos nuevos que explorar y desarrollar desde la escuela. La educación emocional en edades tempranas, propone Jannet Patti, otra educadora reconocida internacionalmente. «Ésta debe comenzar en la educación infantil y transcurrir a lo largo de toda la vida, permite al individuo afrontar mejor los retos de la vida y tiene como finalidad el desarrollo del bienestar personal y social. No debemos olvidar que las emociones tienen un valor adaptativo porque nos protegen de peligros, son valiosos recursos de información porque nos pueden hacer ver qué sienten otros y, finalmente, las emociones no pueden estar separadas de la cognición y las habilidades sociales».

Gran parte de la comunidad educativa aboga por un revolucionario cambio en la forma de enseñar, de aprender… en la escuela para formar a los ciudadanos del futuro. La Fundación Telefónica ha abierto un espacio para dar cabida a todas estas opiniones críticas y nuevos modelos de pensamiento. Durante 18 meses, ha preguntado a diversos expertos internacionales y a toda la comunidad educativa cómo debería ser la educación del siglo XXI. Gurús y expertos como Richard Gerver, Alejandro Piscitelli, Judi Harris, Jannet Patti, David Alburu, Fernando Savater, Geroge Siemens… han participado en este debate a través de actividades en la red y eventos presenciales en nueve países diferentes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Perú y Venezuela).

Estos son los retos que todos ellos plantean para la educación del futuro:
  1. Hay que formar al ciudadano del siglo XXI:la sociedad del siglo XXI requiere individuos creativos, emprendedores, críticos, competentes con el mundo digital, con altos dotes sociales y que se adapten a ambientes laborales diversos.
  2. La inclusión social como eje:es trascendental el establecimiento de políticas públicas regionales para el desarrollo sostenible en el que uno de los pilares sea la inclusión social.
  3. Se requiere liderazgo institucional:la cultura digital lleva años instaurada en la sociedad. Las instituciones educativas no pueden permanecer ajenas, por lo que se torna fundamental un liderazgo institucional basado en la construcción de un sentimiento de comunidad sólido, unido a un uso de las TIC desde y para la pedagogía y el currículo del centro.
  4. Extraer la inteligencia colectiva:en una sociedad cada vez más compleja sobrevivir en ella depende cada vez más de una inteligencia colectiva. El ser humano es social por naturaleza, por lo que ha de aprovechar las posibilidades abiertas de la sociedad digital.
  5. Contenidos + Pedagogía + Tecnología:la intersección entre tres factores fundamentales son claves para la introducción de las TIC en los procesos educativos: sólidos conocimientos de los contenidos, dominio de competencias pedagógicas y manejo de herramientas tecnológicas y sus posibles aplicaciones. La tecnología no reinventa a la pedagogía, sólo amplía sus posibilidades.
  6. Las TIC implican nuevos métodos de evaluación:aprender utilizando las TIC requiere un planteamiento metodológico distinto al de adquisición de meros contenidos. Evaluar este tipo de aprendizajes no debe centrarse, por tanto, en determinar el éxito en adquisición de contenidos sino en el dominio de las competencias del siglo XXI.
  7. Hay que romper el mito de los nativos digitales,es decir, la consideración de que todos los jóvenes son nativos digitales y dominan las TIC para usos de provecho en el siglo XXI.
  8. Fomento de la creatividad:existe una inminente necesidad de repensar los sistemas educativos para evitar ahogar la creatividad de los aprendices. Es decir, enterrar un sistema educativo basado en el control e instaurar uno de empoderamiento. El alumno nace siendo creativo y el sistema educativo ha de generar las condiciones para que pueda seguir desarrollando esa creatividad.
  9. Importancia de la educación emocional:la finalidad principal de la Educación es que cada sujeto pueda alcanzar un grado óptimo de bienestar social y emocional, por lo que la educación emocional debe ocupar un lugar privilegiado en los sistemas educativos. Para ello los programas de formación docente deben dedicar una mayor atención a tales competencias.
  10. Cooperación necesaria entre familia, escuela y comunidad:la educación no es exclusiva de las instituciones educativas: es posible aprender en cualquier lugar de la sociedad. Para ello debe existir conexión y cooperación entre familia, escuela y comunidad. La educación es una cuestión de toda la sociedad.
  11. Liderazgo sin burocracia: el liderazgo en una institución educativa debe tener como finalidad principal la mejora educativa de los discentes, con un liderazgo centrado en la pedagogía y alejado de la pura burocracia. Todos los agentes de la comunidad educativa deben estar implicados en la consecución de las metas del centro.
  12. Objetivo: desarrollo de competencias. Los cambios de sistema educativo deben orientarse hacia la mejora competencial de los estudiantes. La sociedad digital requiere de competencias que los sistemas educativos han de desarrollar (autonomía, adaptación, tratamiento de la información, etc.), reformando el currículo. Se requerirá de unidades didácticas más simples basadas en tales competencias útiles para la inserción social, aprendiendo de forma conectada en red.
  13. Foco en los intereses del aprendiz: el aprendizaje debe producirse de forma natural, partiendo de los intereses del aprendiz, teniendo en cuenta lo que ya sabe, desde la práctica y de cometer errores para ser reorientado por el docente.
  14. Un nuevo rol del profesor y su formación:desde la transmisión de contenidos a la orientación y apoyo del alumno, generando las condiciones para que sea éste el que, de manera activa y experimental, construya su propio conocimiento. Ello comporta que la formación docente se reconfigure, contemplando de forma más sólida el uso pedagógico de los entornos digitales para la sociedad del siglo XXI.
  15. Nueva ecología del aprendizaje:existe una nueva ecología del aprendizaje que está reconfigurando la educación. Volvemos a entenderla en su sentido amplio, más allá de su simple consideración como escolarización.
  16. El reto de considerar todos los ámbitos educativos posibles: existe una necesidad de disrupción en el sistema educativo planteado como ente aislado de la sociedad. Los aprendizajes producidos en ambientes no formales e informales crecen a un ritmo vertiginoso y no quedará más remedio que considerar los beneficios de todos estos ámbitos educativos.
  17. Interactuación sobre los contenidos:el aprendizaje no está en los contenidos sino en las interacciones que se producen alrededor de ellos. El aprendizaje en red a través de interacciones debe consistir en agregar, remezclar y poner en práctica los conocimientos.
  18. Una formación adaptada a las demandas:la construcción del currículo que deberá configurar los nuevos perfiles que demanda la sociedad tendrá que hacerse entre todos los agentes involucrados en su desarrollo. La sociedad y las escuelas deben colaborar para adaptar la formación a las demandas sociales del siglo XXI.
  19. Se trata de formar a ciudadanos, no solo a profesionales eficientes:un sistema educativo abierto a la comunidad y basado en aprendizajes colaborativos que implican a toda la sociedad. La labor de este sistema no es formar a ciudadanos únicamente para ser útiles a un mercado, sino formar a ciudadanos capaces de desenvolverse en todos los niveles sociales.
  20. Evitar la ansiedad tecnológica:la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, es imposible predecir qué tipo de tecnología habrá en un futuro próximo. Lo que sí tendrá que hacer la sociedad, es diseñar cómo quiere que sea la educación del siglo XXI, la tecnología que acompañará será la que esté disponible llegado el momento de la implantación.

Fuente: abc.es

Cómo despertar el interés y la curiosidad en los niños

Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.

También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niños, educadores y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.

Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La neuroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.

Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.

Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.

Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.

Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y  aprenderá.

Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Claves para que los niños salgan del estado de pereza

Sacar a los niños del estado de pereza no es muy complicado si se logra determinar la razón de su comportamiento.  Se trata de poner rutinas para que aprendan a ganarse las cosas, además de motivarles y reconocer sus esfuerzos cuando hacen las cosas solas. Se les debe enseñar a los niños a esforzarse, a ser responsables y a obtener una satisfacción por ello.

Explica la psicóloga Catina Furlan que “un niño con pereza lo que muestra es falta de interés, de energía o de voluntad para hacer las actividades. Este desinterés se puede trasladar al momento de jugar, hacer tareas en el hogar. Esto se puede deber a falta de interés, autonomía, motivación, ausencia de una rutina estructurada o falta de autoestima. También puede ser producto de los padres que tendemos a hacerles todo y los niños no requieren de esforzarse en conseguir las cosas”

La psicóloga presenta 7 claves para motivar a los niños perezosos:

  1. Invitarlos a que ayuden a poner la mesa, recoger platos, arreglar cama.
  2. Motivarlos y hacerles ver que valoramos lo que hacen.
  3. Elogiar esfuerzos.
  4. Asignar responsabilidades: darle comida a mascota, botar la basura, regar plantas.
  5. Marcarle los tiempos para las actividades.
  6. Ser constantes en estas exigencias.
  7. Se les puede hacer horario visible de lo que deben hacer y recompensarlos al final.

Fuente: ojodeltiempo.com

«Los niños tienen que saber aprender del fracaso»

¿El fracaso puede ser valioso? ¿Qué importancia tiene para el aprendizaje? ¿Es una herramienta necesaria y útil para el desarrollo de los estudiantes o es algo de lo que debamos protegerles? «Claramente, nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene preguntarse si esto debería ser así», apunta Ignacio Martín Maruri, profesor de Liderazgo y Transformación Organizacional de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Chile, en el marco de las conferencias «La Educación que queremos», organizadas por la Fundación Botín y con las que se busca consolidar un espacio para pensar entre todos en la educación.

Tras una primera cita en 2016, donde se pusieron en valor la figura del profesor, del alumno y de su entorno, y algunos de los contenidos que pueden formar parte de «La Educación que queremos», este año siguen trabajando con otros valiosos ingredientes como el arte, la curiosidad, el silencio y el entusiasmo, entre otros.

— ¿Cuál es su enfoque del fracaso, y la razón por la cual versó sobre este tema la charla que ofreció durante el ciclo de conferencias «La Educación que queremos»?

—Hay dos situaciones que creo que son muy distintas. Cuando estás en un mundo predecible, controlable, cierto, donde hay una serie de mecanismos para hacer las cosas, si fracasas es porque probablemente has hecho algo mal. Es decir, en un mundo conocido, el fracaso es probablemente indicador de algún tipo de incompetencia o de falta de virtud ética. Esto hace que el fracaso se acabe personalizando. Es decir en ese mundo conocido, si uno fracasa, es porque no hizo lo que debía, porque no quiso, no supo, o no pudo. En cualquier caso hay una relación entre fracaso o fallo personal y esa es la estigmatización que surge del fracaso. Que el que fracasa es un fracasado.

Pero si vamos a un mundo dinámico, complejo e incierto como el que vivimos hoy en día, hay muchos factores que pueden llevar a que una persona con su mejor actitud y con todo el conocimiento disponible a su alcance, fracase. En este caso, el fracaso no es por un tema personal, sino que tiene que ver con la complejidad, el dinamismo, la incertidumbre.

Es decir, en este nuevo mundo en el que vivimos hoy en día, uno fracasa por muchas causas que no necesariamente son aptitudinales o de competencias de la persona. Y eso abre la posibilidad de preguntarnos qué cosa estamos haciendo aquí que ha generado un resultado inesperado y no deseado. Es decir, qué podemos aprender.

Como estamos cada vez más en un mundo complejo y dinámico, donde la cantidad de factores que inciden en los resultados son múltiples, tenemos que abandonar esa idea de que el fracaso es algo de la persona.

— ¿Cómo trasladamos esto al mundo educativo?

—Entender esta diferencia entre enseñar para un mundo conocido (que es la educación tradicional o de toda la vida), que implica que «ante el problema X aplíquese la solución Y para llegar al resultado conocido Z»… O empezar a abrir la educación a modelos de aprendizaje donde los chicos vayan descubriendo y siendo capaces de sintetizar, analizar, y conectar situaciones dinámicas complejas.

En ese aprendizaje se van a tener necesariamente fracasos, que simplemente serán indicadores de algo nuevo que hay que investigar. Es decir, generar espacios de experimentación y de aprendizaje sobre la experimentación. Porque experimentar y fracasar son dos conceptos que están muy ligados. Hay que entender que la educación en un mundo conocido podría considerarse incluso obsoleta, o no suficiente, cuando los chicos van a vivir en un mundo cada vez más dinámico, incierto y complejo.

—Nuestra cultura penaliza el fracaso en todos los ámbitos, no solo en el educativo, y conviene, como usted señala, preguntarse si esto debería ser así. ¿Podríamos poner de ejemplo la visión norteamericana del fracaso?

—Más que en Estados Unidos, estaríamos hablando de Silicón Valley (California), o de los espacios donde se está generando ese mundo en el que vamos a vivir. En esos espacios sí que hay una conciencia de la importancia del aprendizaje del fracaso. Más que del país, de las industrias o de los sectores pioneros… Ellos ven el fracaso con otra mirada. Casualmente son los que entienden que uno hace camino al andar en el mundo de la innovación. Y al hacer camino al andar también tropiezan, pero lo único que hacen es aprender. Están abriendo nuevos senderos.

— ¿Qué cosas podemos decir que se aprenden del fracaso?

—Por un lado, que hay algo que no se conocía, que no se ha tenido en cuenta y que ha incidido inesperadamente en el resultado. Por tanto, que hay un ámbito de desarrollo de conocimiento y habilidades. Además de eso, uno aprende humildad, donde tiene cada cual sus límites. Eso lleva a una mayor capacidad de empatía y de aceptación por la diversidad. Porque cuanto más humilde y menos poseedor de la verdad me siento, más dispuesto estoy a escuchar la opinión de otros. También aprendo la resiliencia, aprendo a levantarme cuando me caigo. Y a reconocer lo que se tiene. Muchas veces, hasta que no fracasamos, no nos damos cuenta de lo que tenemos. Son muchos otros ámbitos, aparte del aprendizaje del conocimiento o del desarrollo de una habilidad.

—Los niños, los estudiantes, ¿tienen que aprender a perder?

—Por supuesto, hay que aprender a perder y experimentar del fracaso para aprender de este. Un profesor mío me dijo: «Nadie aprende del éxito, solo se aprende del fracaso». Porque el éxito solo demuestra que ya sabes. Por lo tanto, no hay nada que aprender. Una persona que solo busca el éxito, es una persona que no tiene voluntad de aprendizaje.

— ¿Qué entorno posibilita el aprendizaje del fracaso?

—Un entorno donde, primero, el fracaso no sea una estigmatización personal, sino que se entienda que hay múltiples factores que pueden llevar al fracaso. También un espacio donde se ofrezca seguridad psicológica, donde las personas no tengan miedo a equivocarse, a dudar, o a tener perspectivas distintas, porque saben que en su entorno eso será aceptado y no penalizado. Y tercero, es un entorno que exige o motiva a ir más allá del ámbito conocido. Donde tienes ámbitos nuevos, posibilidades de fracasar y aprender porque es nuevo. Esos tres factores son los que hay que promover.

— ¿Y los actores implicados?

—Desde los padres a los profesores, pasando por el ministerio. El debate educativo se divide entre promover la exigencia o promover la seguridad. Es decir, una reforma educativa va por un lado, y la siguiente va por otro. Y esto no es una dicotomía entre uno y otro, los dos son elementos necesarios para el aprendizaje y ninguno de los dos es suficiente por sí mismo. Es decir, si yo me quedo solo en la exigencia genero angustia y ansiedad, si me voy solo a la protección, genero pasotismo. Solo la exigencia en un entorno seguro me lleva a un espacio de aprendizaje.

— ¿Hay algún país donde se haga bien?

—En este sentido hay otros países más avanzados, pero también sé que hay colegios en España que están generando estas nuevas visiones del aprendizaje. Colegios que buscan crear espacios de aprendizaje, más que de profesores que enseñan. Hay muchas iniciativas sobre las que se está experimentando, algunas fracasarán probablemente, pero así aprenderemos cuál es la pedagogía que necesitamos para el siglo XXI, que no es la que tenemos ahora, que es del siglo XX.

Fuente: abc.es

La conversación y sus modales

Carolina Jiménez
Santo Domingo

Al conversar se pone en funcionamiento toda la competencia comunicativa de los seres humanos.

Cuando nos referimos al significado de una conversación entendemos que es un diálogo entre un emisor y un receptor, en algunas ocasiones entre un grupo indeterminado de personas. Existen múltiples motivos para entablar una conversación; intercambiar ideas, plantear opiniones o conocimientos y por supuesto, recibir respuestas a interrogantes, dudas o inquietudes.

Empatía. Para que el ambiente de la conversación sea ameno se debe mostrar buena actitud y caráter ante los demás participantes.

Según la autora Alejandra Meneses, al conversar se pone en funcionamiento toda la competencia comunicativa de los seres humanos. Por otra parte, la conversación se caracteriza por ser, además de un proceso lingüístico, un proceso social, a través del cual se construyen identidades, relaciones y situaciones.

En medio de la conversación en algunas ocasiones desarrollamos inconscientemente tres elementos: verbales, no verbales y paraverbales que dan sentido y significado al proceso de interacción comunicativa.

El lenguaje verbal se caracteriza por ser escrito u oral. Presenta un emisor, receptor, mensaje, contexto, canal y código. El no verbal se evidencia en movimientos de la cabeza, expresiones corporales y faciales, orientación de la mirada, gestos, señas, y otras formas de lenguaje no verbal. El lenguaje paraverbal se compone de una serie de características que complementan al lenguaje verbal como son: el volumen, ritmo, tono de la voz, sonidos y silencios.

¿Siempre el mensaje es claro?

No siempre cuando nos comunicamos con los demás nos damos a entender, lo cual produce que se distorsione el mensaje que emitimos. Puede ocurrir que la conversación se torne a una discusión o malentendido. En la mayoría de casos esto puede ocurrir debido a que no seguimos los buenos modales al momento de expresarnos.

Atención. Los participantes de una conversación deben respetar el turno de quien esté dirigiendo el tema y tomar la palabra en el momento indicado.

Para encontrar el éxito durante una conversación debemos hablar con un tono medio, es decir, no muy bajo para no ser escuchados claramente ni muy alto para no interrumpir a los demás presentes y lucir como imprudentes. Trata de introducir temas que sean del conocimiento de quienes te acompañen a la conversación, para que así estos puedan participar y se generen lluvias de ideas u opiniones. Siempre selecciona las palabras adecuadas para transmitir mensajes, debes estar seguro de que conozcas su significado.

 10 modales que te guían al camino del éxito en una conversación:

  1. Busca un tema para conversar, si te invitan a una reunión averigua quienes asistirán e investiga sus aficiones, hobbies, esto te será más accesible para concordar con estas personas.
  2. Tienes que aprender el arte de escuchar, especialmente con personas cultas y bien informadas.
  3. Trata de no ser el único en una conversación, debe haber constante retroalimentación.
  4. No intentes lucir tu ingenio.
  5. Piensa lo que vas a decir antes de hablar.
  6. No expliques detalladamente un tema de conversación, solo explica lo necesario, en caso de que te pidan que especifiques, hazlo.
  7. Nunca interrumpas a las personas que tienen la palabra. Se hace una excepción cuando no entiendes algún punto clave, puedes usar preguntas como: Disculpe, ¿Me permite una aclaración?
  8. El diálogo admite y hasta requiere la formulación de preguntas para que la conversación sea amena e interesante.
  9. Usa siempre la empatía, esa sensación que consiste en ponerse en el lugar de otra persona y actuar sin ofenderla.
  10. No difundas rumores dudosos referentes a otra persona.

La educación es para siempre

Por: Carolina Jiménez 

Vivimos en una sociedad donde nos abrumamos por las circunstancias que se nos presentan; pérdidas económicas, preocupaciones, conflictos en el trabajo e incluso, en nuestros propios hogares. Sin embargo, más allá de esta serie de problemáticas, nos olvidamos de aquello que realmente tiene valor, como por ejemplo, escuchar a los hijos cuando nos quieren hablar de lo que sienten, de lo que quieren o más simple, de lo que sueñan ser en un futuro.

Inicia un nuevo año escolar, ¿Le has preguntado a tu hijo si tiene nuevas expectativas? ¿Has estado presente en el valioso momento de llevarlo a la escuela en su primer día? Son interrogantes que quizás no han sido planteadas en nuestras mentes, pero es importante saber que así como las escuelas se preparan para recibir a sus estudiantes, estos llegan a las clases con múltiples expectativas que debes conocer para ayudarlo en su rendimiento escolar.

Es el caso de Jefferson, un niño de 11 años de edad que forma parte de un grupo de estudiantes que asiste a la Escuela Basilio Frías, ubicada en el sector Mata de Palma, San Antonio de Guerra.

“Quiero regresar a la escuela, porque en ella me enseñan muchas cosas; cómo aprender a escribir, leer y  multiplicar. Mis padres me dicen que debo estudiar para tener un mejor mañana”. Con timidez y una mirada inevitable de apreciar por el brillo en sus ojos, contestó a la interrogante sobre cuál es su proyección para el nuevo año escolar.

Al igual que maestros y estudiantes, los padres juegan un papel importante para aportar en el buen rendimiento escolar de sus hijos. Son los responsables de que estos cada día asistan a la escuela con el entusiasmo de aprender y de ser en el futuro grandes profesionales.

Altagracia Hidalgo, maestra de primer  grado, afirma que el 50% de los padres se han acercado a la escuela para manifestar su motivación, sin embargo, otros han expresado que aunque no estén preparados económicamente para comprar todos los útiles escolares, mandarán a sus hijos con lo que tengan. En cuanto a la importancia de la educación, Hidalgo agregó que: “la educación rompe todas las barreras, sin ella nada es posible, porque todo lo que se aprende se utiliza a diario en nuestras vidas”.

Es cierto que para la educación no hay límites ni tiempos, sino dedicación e interés. Así lo demuestra un estudiante de la Escuela Basilio Frías, quien sin revelar su nombre expresó que a pesar de estar en séptimo grado con 15 años, no abandonará la escuela.

“Estoy en séptimo grado porque faltaba mucho a clases. Yo les recomiendo a los niños que eviten las faltas, porque se pueden atrasar. Mis padres me dicen que no deje la escuela, que siga adelante”, manifestó el estudiante. Cabe destacar que su esfuerzo lo ha convertido en un estudiante meritorio, destacándose por sus altas calificaciones.

Por su parte, Morelia Ventura, estudiante meritoria de la Escuela Básica Apolinar Concepción de la Comunidad de La Granja, contó que para lograr el éxito en sus estudios realiza las tareas asignadas y que se siente orgullosa de sí misma. “Mis padres me dicen que confían en mí y que aunque no logre ser meritoria todo el tiempo, ellos siempre van a estar orgullosos”.

Un nuevo año escolar inicia y finaliza, pero la educación debe ser continua en todas las etapas de la vida: desde la niñez hasta siempre.

 

Un año escolar basado en la fuerza de la unión

Un año escolar basado en la fuerza de la unión

El inicio del año escolar es un período en el que se manifiesta con más intensidad el interés de los adultos por la educación de los niños. Cada miembro de la comunidad escolar se prepara para asumir su responsabilidad como padre, educador o alumno.

Es importante que los padres muestren una actitud positiva a sus hijos respecto al regreso de las clases, para así contribuir de manera directa en el buen rendimiento académico.

Conversar sobre la importancia de la educación

La conversación en familia sobre los beneficios de la educación, influye en que los hijos comprendan sus ventajas. Los temas no solo deben tratar sobre el futuro, cuando los hijos se incorporen al mercado laboral, sino a la vida diaria.

Un niño y una niña educada disfrutarán más de los paseos, de las lecturas, del cine, de la conversación con amigos. Tendrán más seguridad en sí mismo; sabrán responder mejor a los conflictos; construirán un mundo interior rico y encontrarán respuestas a muchas de sus inquietudes propias de la niñez.

El entorno del estudiante

Los docentes, como encargados de estructurar el ambiente de aprendizaje, tienen la gran responsabilidad de educar tomando en consideración la edad del estudiante y conociendo en la medida de lo posible, su entorno familiar. Al evaluarlo, observará en él no solo su desempeño, sino cómo va respondiendo a sus retos personales y académicos, cómo avanza y cuáles son sus dificultades.

El profesor puede pedir ayuda a los padres para explorar la realidad del niño o la niña, a fin de que superen algunas barreras que pudieran estar limitándolos. Es posible que en su casa, el estudiante no tenga un ambiente adecuado para estudiar o que haya alcanzado el grado, pero todavía necesite un refuerzo en lectura, escritura o matemáticas.

Recursos educativos asequibles

La comunidad escolar debe proporcionar a docentes, padres y estudiantes, libros de textos que les sirvan de guía para lograr cubrir las demandas del currículo oficial, y otros libros de consulta que amplíen los contenidos.

En ocasiones los libros de texto presentan situaciones o ambientes alejados que rodean al estudiante. Estos compensan la falta de información o experiencia al participar en actividades extracurriculares, como por ejemplo, la visita a un museo, a una ciudad más grande y desarrollada, tener la experiencia de tomar el metro autobús o incluso, ver una película.

Familiarizarse y utilizar recursos como los que ofrece el programa prensa escuela Plan LEA de Listín Diario en su plataforma digital planlea.listindiario.com y también de manera presencial, representa un plus en comunidades de bajos recursos, donde es difícil adquirir materiales educativos. Con un simple ejemplar del periódico y el paquete instructivo del Estuche de Prensa LEA, el profesor puede desarrollar un sinnúmero de actividades académicas para todos los niveles de la enseñanza.

Padres y profesores no deben dar por hecho que los niños entienden los contenidos curriculares simplemente leyendo el texto escolar o escuchando una clase. Hacer los ejercicios, investigar, recibir informaciones de diferentes fuentes, afianzará y ampliará los conocimientos del estudiante. La biblioteca escolar, la familiar y el acceso a Internet, son recursos que niños y niñas pueden aprovechar bastante. Igualmente, sirve de ayuda que padres y docentes fomenten la creación de círculos de estudio, a fin de que los estudiantes compartan recursos y conocimientos.

Los 4 excesos de la educación moderna que trastornan a los niños

Psicología Infantil

Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el invierno. ¡Solo uno! En aquella época de vacas flacas, incluso tener un abrigo se consideraba un lujo. Por eso, los niños lo cuidaban como un bien precioso. En aquellos tiempos se solía tener lo mínimo indispensable. Y los niños eran conscientes del valor y la importancia de sus cosas.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y nos hemos convertido en personas más sofisticadas. Nos gusta tener muchas opciones e intentamos que nuestros hijos tengan todo lo que desean y, si es posible, mucho más. Sin embargo, no nos damos cuenta de que al mimarles excesivamente contribuimos a crear un ambiente en el que pueden proliferar los trastornos mentales.

De hecho, se ha demostrado que un exceso de estrés durante la infancia aumenta las probabilidades de que los niños desarrollen problemas psicológicos. Así, un niño sistemático puede ser empujado a desarrollar un comportamiento obsesivo y un pequeño soñador puede perder su capacidad para concentrarse.

En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno, el Ritalin.

Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, por otra parte, también son ligeramente atemorizantes ya que nos hace preguntarnos si realmente les estamos proporcionando a nuestros hijos un entorno sano desde el punto de vista mental y emocional.

¿Qué estamos haciendo mal y cómo podemos arreglarlo?

¿Cuándo mucho se convierte en demasiado?

A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés postraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.

Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostraban síntomas típicos del estrés postraumático?

Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo.

De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.

Los cuatro pilares del exceso

Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero que obligan a sus hijos a participar en una infinidad de actividades que, supuestamente, les preparan para la vida.

Por si no fuera suficiente, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.

Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:

  1. Demasiadas cosas
  2. Demasiadas opciones
  3. Demasiada información
  4. Demasiada velocidad

Cuando los niños son abrumados de esta forma, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar las tensiones cotidianas. Demasiadas opciones terminan erosionando su libertad y les roban la oportunidad de aburrirse, que es fundamental para estimular la creatividad y el aprendizaje por descubrimiento.

Poco a poco, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre. Incluso los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica.

Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Texas ha desvelado que cuando los niños juegan deportes bien estructurados se convierten en adultos menos creativos, en comparación con los pequeños que han tenido mucho tiempo libre para jugar. De hecho, los psicólogos han notado que la forma de jugar moderna genera ansiedad y depresión. Obviamente, no se trata solo del juego más o menos estructurado sino también de la falta de tiempo.

Simplificar la infancia

La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las pautas que la sociedad pretende imponer. Se trata de dejar que los niños sean simplemente eso, niños. La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:

– No atiborrarles de actividades extraescolares que, a la larga, probablemente no le servirán de mucho.

– Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad, no con juegos estructurados.

– Pasar tiempo de calidad con ellos, es el mejor regalo que pueden hacerles los padres.

– Crear un espacio de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.

– Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.

– Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de la tecnología.

– Simplificar su entorno, apostando por menos juguetes y cerciorándose de que estos estimulan realmente su fantasía.

– Disminuir las expectativas sobre su desempeño, dejándoles que sean simplemente niños.

Recuerda que los niños tienen toda la vida por delante para ser adultos, mientras tanto, deja que sean niños y disfruten de su infancia.

Fuentes:

Bowers, M. T. et. Al. (2014) Assessing the Relationship Between Youth Sport Participation Settings and Creativity in Adulthood. Creativity Research Journal; 26(3): 314-327.

Payne, K.J. (2009). Simplicity Parenting. New York: Ballantine Books.