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Rebelión Adolescente. 10 Consejos para manejar la rebeldía.

 La adolescencia es una etapa de grandes cambios, supone el paso de la niñez a la vida adulta. Es una etapa complicada y muy especial, llena de cambios físicos, hormonales, cognitivos y madurativos que requiere un proceso de  ajuste psicosocial por parte de los adolescentes. Tienen que adaptarse a los cambios y lo que éstos suponen.

Los cambios y el proceso de ajuste, van a provocar reacciones importantes, la más común y extendida es la rebeldía característica los adolescentes.

¿Por qué se rebelan los adolescentes?

  • Esta etapa supone el paso de la niñez a la vida adulta. Durante la adolescencia, estamos en medio de este proceso, ya no son niños pero tampoco son adultos. Esto hace que se sientan fuera de lugar, y no saben cómo responder ante situaciones que son nuevas para ellos. Esto hace que en determinados momentos reaccionen rebelándose.
  • Es un periodo de búsqueda de identidad personal, esto les lleva a rebelarse porque quieren ser ellos mismos. Al mismo tiempo aparece la necesidad de pertenencia. Pertenecer a un grupo les aporta una seña de identidad con la que pueden identificarse y les aporta seguridad.
  • Los padres y madres hacen referencia a la rebeldía de los adolescentes. Y éstos cuando se les preguntan mencionan incomprensión por parte de los adultos. Se sienten incomprendidos y esto hace que reacciones con una actitud rebelde.

rebeldía adolescentes

¿Cómo podemos manejar la rebeldía adolescente?

Educar a un adolescente no siempre es fácil, manejar los estallidos de rebeldía puede parecer un desafío. No vamos a poder evitar estas actuaciones rebeldes, es importante entender que es natural y es sano para su desarrollo. Si actuamos con paciencia, comprensión y cariño, involucrándonos, siendo firmes con los límites haremos este proceso menos conflictivo.

  1. Escucha al adolescente. Trata de entenderle y saber que es importante para él. Es importante que perciba que le escuchas, que valoras su opinión y punto de vista, y no sólo le impones el tuyo.
  2. Establece unas normas claras que puedes y es conveniente consensuar con ellos. Si decidís entre todos, lo tomaran como un acuerdo y no una norma impuesta desde fuera. Hazle elegir entre varias opciones, para que sientan que están decidiendo.
  3. Hazle cumplir las reglas. Es importante que sepan que es lo que se espera de ellos y que tengan una disciplina.
  4. Dialoga con ellos sobre moral y valores. De esta forma les ayudas a distinguir entre los comportamientos correctos y los inadecuados. Aprenderán a manejar su conducta y ajustar su forma de actuar en determinadas situaciones.
  5. Fomenta el desarrollo del respeto. Para ello sirve de ejemplo, no puedes pedirles respeto y no respetar sus cosas y no tolerar ninguna falta de respeto, ni hacía ti, ni hacía nadie.
  6. Déjale su espacio y sus tiempos para sí mismo. No intentes invadir todo su terreno o tenerle controlado en todo momento. Están haciéndose adultos y necesitan espacio y tiempo.
  7. Fomenta su autonomía y responsabilidad. Para ello déjale hacer las cosas por sí solo. Puedes vigilar pero déjale que asuma sus responsabilidades.
  8. Ante un estallido de rebeldía, mantén la calma y no entres en una lucha directa. Espera a que se relaje y trata de razonar con él en ese momento.
  9. Evita la crítica constante, lo tomara como un ataque. Intenta decirle las cosas buenas.
  10. Establece una comunicación fluida y un clima de confianza. Que se sienta seguro para expresarse y para ser él mismo.

Fuente: educayaprende.com

7 Recomendaciones para dar un consejo que funcione

Ya sea con la familia, con los amigos, o con los compañeros de clase o de trabajo,dar un consejo siempre es algo difícil. Requiere mucha sensibilidad, sobre todo si estamos hablando de la vida, de decisiones o problemas de otras personas.

Además, puede ser algo frustrante cuando no sabemos qué decir o nos equivocamos o, simplemente, la otra persona no sigue nuestro consejo. Es fácil soltar frases de ánimo enlatadas que sirven prácticamente para cualquier situación. Son fórmulas que llegan al corazón, pero nublan la mente.

Dar un consejo consiste en compartir una experiencia, en ofrecer una directriz o una guía que se pide y se da de forma voluntaria. En ningún caso es una orden, ni hay obligación de darlos o de exigirlos. ¿Hay alguna fórmula para ser un buen consejero? Todo se basa en nuestros propios conocimientos, nuestra experiencia y en nuestra sensibilidad. Si quieres mejorar tu capacidad para dar consejos y, con ella, tu capacidad de escucha y sensibilidad, aquí tienes algunos consejos:

 

Vamos a librarnos de ciertos malos hábitos

Dar consejos no consiste en ser un dispensador de información. Implica ser comunicativo. Saber captar las necesidades de la gente y dar lo que se necesita. Es una tarea difícil, pero se facilita si tenemos una buena actitud:

1. Para empezar, no juzgues, ni sesgues

Cuando una persona te esté hablando de algún problema o una situación, escucha. Nada de juzgar, y mucho menos a la cara. Y tampoco nos dejemos llevar por nuestras opiniones sobre el tema. Resumiendo, no juzgues. Evalúa.

2. Sé honesto

Pongamos que siempre tenemos las mejores intenciones si queremos dar un buen consejo. Pero, a veces, hay que admitir que no sabemos nada sobre el tema y no tenemos tiempo para investigar sobre él. Sé humilde y no vayas de “sobrado”.

3. Espera al mejor momento para dar el consejo

Es casi un impulso incontrolable el que nos salga nuestra vena de mamá regañona, y tal y como la persona empiece a hablar, ya estemos: “Pues deberías hacer esto, deberías hacer lo otro…”. Quizás todavía no ha llegado el momento de decir nada. Deja primero que la otra persona se exprese. Recopila toda la información que puedas y cuando ya lo hayas hecho, entonces puedes empezar a aconsejar.

4. Y última actitud: no impongas

A no ser que estéis en un cuartel y seas un oficial superior, un consejo no es una orden. En ningún momento estás obligado a darlo. Y, por supuesto, en ningún momento están obligados a seguirlos. Sé asertivo. La última decisión siempre será de la otra persona.

Bien, a estas alturas presupongo que tenéis buena actitud comunicativa. Imaginaros que ha llegado un amigo para hablaros de una situación personal comprometida. Seguramente nos pregunte nuestra opinión sobre el tema. ¿Cómo ser más efectivo en esta situación? Vayamos paso por paso.

7 recomendaciones para ser mejor consejero
1. Escucha

Dibuja su historia en tu mente. Quédate con cuantos más detalles mejor. Acuérdate de las “6 W” de cualquier suceso: Qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Pregunta todo lo que necesites saber.

2. Ponte en su lugar

Ten un poco de empatía. Capta cómo se siente la otra persona con lo que te está contando, imagínate en esa misma situación y comprende cómo te sentirías en ese caso. Que cuando esa persona termine de hablar tu expresión sea: “comprendo tu situación”.

3. Invita a que esa persona vea su situación desde el exterior

Las emociones están muy bien, pero un problema se resuelve mejor con la cabeza fría. Tranquiliza a tu amigo y que empiece a hablar de los recursos que tiene para resolver el problema. ¿Cómo? Pues una vez se haya desahogado, pregúntale: “¿Qué quieres hacer?”.

4. Pregunta si quiere un consejo

En caso de que lo acepte, no empieces con un imperativo. Mejor aplica la fórmula del “Yo que tú…” o “Si estuviera en tu situación…”. No hables de una, sino de todas las posibilidades que tiene. Dale toda la información que puedas dar en ese momento. Estarás poniendo más recursos sobre la mesa.

5. Evalúa los riesgos

Y, continuando lo anterior, si puedes indica también los riesgos que podrían llevar esos consejos. Si los tienen, claro.

6. Ante todo, y sobre todo, es la otra persona la que toma la última decisión

Recuerda. No impongas. Termina siempre tu consejo acentuando esto que “esto es lo que yo pienso, ahora eres tú quien decide”. Recuerda también que estamos hablando del problema del otro, no del tuyo. Es él y no tú quien debe resolverlo.

7. Haz un seguimiento

Preocúpate por cómo le ha ido. Cuando pase un tiempo, pregúntale por el suceso y veamos si realmente consiguió una solución.

Y listo, ya has podido hacer todo lo que podías por esa persona. El resto dependerá de ella. Ser consejero pude ser algo muy gratificante. Sobre todo cuando las cosas salen bien, pero aprende a dosificar bien tu información. Recuerda, con un consejo compartes experiencia. No es obligatorio darlo, ni tampoco recibirlo. Tú decides al final quién merece tu experiencia y quién no.

Fuente: muhimu.es