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Cómo influyen los colores en la conducta de los niños

¿Sabes en qué consiste la colorterapia o psicología del color? Se trata de utilizar los colores para cambiar un estado de ánimo o una conducta. Los colores ayudan a conseguir la calma, o por el contrario, nos aportan más energía. Y los colores, sí, también nos ayudan a concentrarnos.

Por ejemplo, según la interiorista Susanna Cots, el blanco es el color más beneficioso para creatividad de los niños. De ahí que la mayoría de los muebles infantiles se presenten en este color. Te parecerá sorprendente, pero los colores tienen un gran poder sobre nosotros. Te explicamos cómo influyen los colores en la conducta y emociones de los niños, así como en su aprendizaje.

Tabla de los colores

La ciencia está de acuerdo en que los colores ejercen un poder sobre el estado de ánimo de las personas. Y que también pueden mejorar la concentración, disminuir o aumentar la agresividad, ayudar a conciliar el sueño o estimular la memoria.  Los colores pueden influir también en la conducta de los niños. Te explicamos de qué forma.

El blanco: Tal vez pienses que el color más ligado al a creatividad sea el amarillo, o el naranja, por eso de que es vital y transmite energía y optimismo. Pues la realidad es que no es ese color el mejor aliado de la creatividad infantil. Según la interiorista Susana Cots (Girona, España), el color blanco es el mejor color para decorar las habitaciones de nuestros hijos, ya que es el que transmite pureza, calma y orden visual, y por tanto, es el mejor para incentivar la creatividad.

El rojo: Aporta energía y vitalidad, pero también puede producir algo de agresividad. Es recomendable para niños más retraídos o tímidos, y debe evitarse sin embargo en el caso de niños muy movidos, niños con hiperactividad o aquellos niños que tienden a exteriorizar su enfado por medio de rabietas.

El amarillo: Es un color ligado al estímulo intelectual. Como el color rojo, es un color muy vital. También es muy beneficioso para estimular la concentración de los niños. También muy útil para niños con depresión, ya que transmite mucho optimismo.

El azul: Se trata de un color relajante que transmite serenidad y paz. Muy indicado para niños con problemas para dormir, ya que beneficia el sueño. Es bueno para niños muy activos, pero no está indicado para niños tranquilos, ya que su exceso puede producir somnolencia.

El verde: Los psicólogos dicen que el verde consigue el equilibrio. Es un color excelente para transmitir armonía y calmar el sistema nervioso. Incluso puede ayudar a mejorar la capacidad lectora, tanto en velocidad como en la comprensión lectora. Ideal para niños más nerviosos o con problemas para manejar sus emociones. También como no, para niños con tendencia a las rabietas. Sin embargo, usar el color verde en exceso puede promover la pereza.

El naranja: Este color es una perfecta combinación de los beneficios del color rojo y el amarillo. Además, estimula la comunicación (perfecto para niños a los que les cuesta más hacer amigos) y algunos psicólogos aseguran que también es bueno para niños con poco apetito.

El morado o Púrpura: Combina la tranquilidad del azul y la energía del rojo, por lo que es un color bastante equilibrado, y muy ligado a potenciar la intuición.

Fuente: guiainfantil.com

Cuando nada funciona para mejorar la mala conducta de los hijos

Los padres solemos utilizar los castigos para sancionar una mala conducta de nuestros hijos. Son frases habituales: “te vas al rincón” o “te quedas sin televisión”.

Sin embargo muchas veces, es más casi siempre, ni piensan, ni vuelven arrepentidos del rincón. Por lo tanto, la conducta vuelve a repetirse una y otra vez: ya sea pegar al hermano, gritar, patalear o no recoger los juguetes. ¿Qué hacer si el castigo o consecuencia educativa no parece afectar al niño?, ¿y si le da igual no ver su programa favorito o jugar un rato con la tablet? James Lehman ha elaborado un método, según dicen, infalible para cambiar la conducta de los niños

10 pautas para cambiar el mal comportamiento de los niños

Hay padres que siguen recurriendo al azote o al cachete, pese a que todos los especialistas insisten en lo negativo de esta sanción. Y otros, se dan contra un muro y se encuentran en una calle sin salida porque no encuentran la manera de lograr que el niño aprenda de un mal comportamiento.

James Lehman, que fue un sin techo y ex convicto, tras sus primeros y oscuros años decidió dar un giro radical a su vida e inició una carrera como trabajador social centrando su labor en niños con problemas. Desarrolló un Programa de Transformación Total (Total Transformation Program) que es seguido por miles de padres norteamericanos. Y es que consigue cambios tremendamente positivos en los niños. Lehman habla de 3 roles fundamentales que han de asumir los padres para enseñar un mejor comportamiento al niño:

  • Rol de entrenador
  • Rol de solucionador de problemas
  • Rol de limitador

Y además, dio una serie de pautas básicas para lograr cambios radicales en la actitud de los niños, pautas que deben acompañar a nuestros hijos en su camino a la adolescencia:

  1. Asumir el control: debemos tomar el mando de manera segura y sin dudas.
  2. Desconectar: ante cualquier mala conducta, detenernos en seco y no prestar atención al niño, no discutir ni argumentar en ese momento.
  3. Guiarlo para la próxima vez: utiliza una mala experiencia para enseñarle cómo debe comportarse la próxima vez.
  4. No des discursos: no hay explicaciones ni razonamientos, cuando hay un mal comportamiento, automáticamente llega una consecuencia.
  5. Centrarse en el mal comportamiento: explica al niño qué comportamiento debe cambiar (golpear al hermano, romper juguetes…)
  6. Parar la sobre estimulación: no discutir ante una multitud, apagar la televisión, enviar al niño a la habitación…
  7. Utilizar el afecto: reforzar al niño positivamente cuando tiene una buena actitud.
  8. Explicar cómo actuaremos ante una mala conducta: “no hablaré contigo cuando estás siendo así de grosero”.
  9. Nunca descomponerse: no mostrar enfado, ni gritar o perder la paciencia.
  10. Aceptar los malos días: ser consciente de que todo el mundo tiene un mal día o un momento de mal humor y decir al niño “empecemos de nuevo, sé que has tenido un mal día pero no me culpes a mí”.

Fuente: guiainfantil.com

 

Los niños no saben mentir ¡lo aprenden!

Mentir es parte del crecimiento y se da por muchas razones pero ¿Por qué mentimos?

La mentira no nace con el ser humano, el niño la va aprendiendo y adquiriendo a través de su entorno, familiar, escolar y social, y es una forma de defensa ante un hecho y siempre esconde un fin, aunque a veces sea inocente, incluso e bondadoso.

Según investigaciones, los pequeños mienten para evitar un castigo, defender su inocencia cuando cometen un error o por vergüenza. No suelen provocar daño en otros a propósito. Y reciben la mentira como una traición, sobre todo por parte de sus progenitores.

La psicóloga Victoria Talwar, de la Universidad McGill analizó el desarrollo de la moralidad en los pequeños y descubrió que la mayoría de los padres les dice a sus hijos que la mentira es mala, pero al mismo tiempo los niños aseguran que sus padres dicen mentiras piadosas para hacer su vida más fácil, lo cual es confuso para ellos.

Según los expertos, los niños comienzan a mentir entre los 3 y 4 años, cuando los padres ya no tienen un control absoluto de ellos y los pequeños son un poco más independientes. El doctor Wenceslao Piñate, catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna, de Tenerife, la mentira siempre es un recurso funcional regulador, “es un aprendizaje para conseguir un bien para sí mismo, evitar herir o ir a hacer daño deliberadamente”. Esta función sería normal, sin embargo “el problema comienza cuando esta actitud se convierte en rutina, convirtiéndonos en personas muy mentirosas y que emplean la mentira, incluso la calumnia como venganza o, simplemente, para dañar a otros.

Fuente: padresehijos.com.mx/

¿Cómo identificar a alumnos con altas capacidades en el aula?

Carmen Sanz Chacón es la presidenta de la Fundación El Mundo del Superdotado, y en el siguiente artículo nos proporciona las pistas necesarias que ayudarán a identificar aquellos niños con altas capacidades en la escuela.

La estadística nos dice que tenemos al menos un 2% de niños superdotados, estudiantes con altas capacidades intelectuales que, según la ley de educación, tienen necesidades educativas especiales. En este sentido, el centro es responsable de la identificación de este tipo de alumnos y, por lo tanto, también de los que presentan altas capacidades.

La falta de identificación puede producir graves problemas de adaptación, tanto en el ámbito emocional como en el educativo, problemas que se pueden prevenir y evitar si se realiza una identificación temprana y se ponen en marcha las medidas educativas necesarias en estos casos: aceleración de curso, enriquecimiento curricular y agrupamiento en actividades especiales para estos niños en las aulas abiertas de altas capacidades que deberían existir en todos los centros escolares.

Los decálogos de la superdotación

Los niños superdotados a menudo muestran las siguientes capacidades y actitudes:

-Aprenden a leer muy pronto y tienen gran facilidad con los números.

-Les gusta estar con niños mayores.

-Están en su mundo, abstraídos en sus cosas y son bastante despistados.

-Son muy sensibles.

-Piensan rápido, aprenden rápido y tienen muy buena memoria.

-Son muy exigentes con ellos mismos y con los demás.

-Son hiperactivos mentales y tienen muchos intereses a la vez.

-Son niños con baja autoestima, retraídos y/o con problemas de conducta, y con poca resistencia a la frustración.

-Tienden a cuestionar las normas y la autoridad.

-Son imaginativos, preguntan mucho y tienen un sentido del humor especial.

Por el contrario, los niños superdotados generalmente no son:

-Niños con alto rendimiento, es frecuente el fracaso escolar.

-Niños motivados, si no reciben educación especial suelen estar aburridos y desmotivados.

-Niños con Trastorno por Déficit de Atención y no necesitan medicación. Sólo se aburren.

-Niños hiperactivos, y no necesitan medicación. Necesitan hacer cosas que les interesen.

-Niños con Trastorno Negativista Desafiante. Se rebelan porque nadie les comprende.

-Niños con Trastorno de Evitación. Evitan a los demás porque les rechazan.

-Niños enfermos. La superdotación no es una enfermedad, es un regalo.

-Niños problemáticos, si dan problemas es porque necesitan ayuda.

-Niños que no necesitan nada, tienen necesidades educativa especiales según la ley.

-Niños imposibles, necesitan cariño, atención y apoyo para ser felices, como todos.

Apuesta por la formación docente

La formación del profesorado es fundamental para identificar a estos alumnos.

Fuente: Educación 3.0

 

Contacto animal: terapia de afecto para autismo y más

 

La terapia asistida busca, a través de los perros y otros animales, que los niños con autismo puedan tener una interacción positiva con personas, aunque no es el único requerimiento. Perros como el Golden Retriever y el Labrador son dos razas más usadas, pero se pueden encontrar mestizos que también logran un trabajo increíble, ya que el secreto es saber seleccionar y entrenar bien los perros.

Nuria Blanco Piñero, terapeuta infantil de la Fundación ATAP comenta que “el perro es una herramienta más del profesional, que seleccionará los rasgos que más le interese para el colectivo con el que va a trabajar. Ayudará en el abordaje de los problemas físicos, sociales, conductuales o emocionales, desde la perspectiva de la rehabilitación, la estimulación, el aprendizaje o la compensación de funciones y recursos”.

Los perros pueden ayudar a redirigir la mirada del niño, captando su atención y sirviendo como vehículo para que el terapeuta realice su trabajo con más facilidad.

Para los niños con problemas de conducta, que se frustran, que no pueden lidiar con respuesta prohibitibas o con un “no”, que desconocen conceptos como turno, esperar o atención, la mascota les motiva para respetar unos tiempos y órdenes hasta lograr resultados.

Para niños que les cuesta empatizar o tiene trastornos mentales o depresivos, un animal le ayudará a liberar más oxitocina (amor) y endorfinas (felicidad), reducirá el nivel de estrés y bajará por tanto la presión arterial y le ayudará a hacer amigos.

Y no sólo los perros funcionan como terapeutas, existen casos de éxito donde un loro llamado Pitágoras juega con niños que tienen problemas para expresarse o entender palabras; la chinchilla Aníbal que se deja tocar delicadamente como forma de controlar la impulsividad; y si en el juego se suman un insecto palo, un cachorro y peces, la sesión multiespecie se convierte en un espacio para habilidades sociales y juegos en equipo.
Los beneficios serán sobre todo en el plano emocional, disminuyendo la sensación de estrés que esconde este problema y creando lazos afectivos, con el mimo y el acompañamiento.

Fuente: www.padresehijos.com.mx/

No soporto a mi hijo

No soporto  a mi hijo,  no soporto lo que hace, no soporto cómo se porta, no soporto lo que dice, no soporto cómo actúa y a veces hasta cómo se mueve.

“No soporto que no me deje ver una película tranquilamente en casa”.

“No soporto  hablarle y que no me haga ningún caso”.

“No soporto  salir a un parque y que llegue a casa como una croqueta rebozado de arena con la ropa toda sucia”.

“No soporto  ver como se pelean entre hermanos”.

“No soporto  tener que escuchar gritos, llantos y risas a todas horas sin poder disfrutar del silencio”.

“No soporto  llevar el coche lleno de trastos suyos, migas de galletas y botellas de agua”.

“No soporto  llegar tarde a los sitios por su culpa”.

“No soporto  tener siempre la casa manga por hombro porque solo saben jugar y ensuciar”.

“No soporto  no poder dormir por las noches porque tienen que despertarse y despertarme para todo”.

“No soporto  no poder ir a un centro comercial de tiendas porque mi hijo no es capaz de estarse quieto y obedecerme”.

“No soporto  no poder hablar por teléfono porque siempre tiene que interrumpirme”.

“No soporto  que me manche la ropa con sus manos sucias”.

“No soporto  tener que repetir mil veces las cosas para que me obedezcan”.

¿Te has identificado con alguna o algunas de estas frases?

¿Tu hijo te escucha decirlas? ¿Siente que piensas así? ¿Qué mensaje le quieres transmitir?

Somos padres además de otras muchas cosas, pero somos padres y que nuestro hijo nos dé un abrazo con las manos sucias y nos manche nuestra camisa, que no podamos ir de compras con la tranquilidad que lo hacíamos antes de tener niños, que nos interrumpan cuando hablamos por teléfono… está incluido en el plan de padres.

“Ser padres es disfrutar de como tu hijo se mueve, juega, salta y grita”.

“Ser padres es disfrutar de ver una película con tus hijos al lado y en familia”.

“Ser padres es disfrutar hablando con tus hijos y mostrando el camino todas las veces que sea necesario hasta que sepan caminar solos”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos cuando están en el parque y regalarles una sonrisa y no un mal gesto cuando vemos su ropa sucia”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos en todo momento y aprender de ellos cuando por sí solos solucionan sus problemas de hermanos sin necesidad de intervenir”.

“Ser padres es disfrutar de la compañía y el sonido de la infancia y no el silencio de la soledad”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos y su compañía en cada viaje mirando en el asiento de atrás y viendo cada huella que dejan de su paso y su crecimiento”.

“Ser padres es disfrutar de esos momentos de prisas y carreras por llegar a la hora en familia, aprendiendo lo que es la vida y colaborando unos con otros”.

“Ser padres es disfrutar de una casa llena de luz y juegos de niños aprovechando todos esos momentos de juguetes tirados para endulzarte el día con sus historias y poder involucrarte en su mundo de juegos”.

“Ser padres es disfrutar de esas noches en las que tu hijo te necesita y solo tú puedes consolarle y borrar sus miedos y malos sueños con un simple abrazo y todo tu amor”.

“Ser padres es disfrutar cuando sales con tu hijo a un centro comercial y la vida ha cambiado de color pasando a ser todo un juego con risas y entusiasmo, no un simple día de compras en el que todo gira en torno a uno mismo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando reclama tu atención mientras hablas por teléfono y te pide a gritos participar de tu mundo  y acompañarte en todo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando con todo su amor viene a darte un abrazo con sus manos sucias para agradecerte lo rica que estaba su merienda”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando colabora, cuando aprende con tu guía y ves su propia autonomía y no una sumisión por tener que obedecerte”.

La infancia de tu hijo no es para siempre, crecerá y dejará de ser un niño del que poder disfrutar.

Aprovecha cada segundo y cada acto que ocurra mientras te deje hacerlo. Llegará un día en el que el silencio volverá, la casa estará de nuevo ordenada, el sofá volverá a ser un lugar en el que poder ver películas en soledad y calma, la noche será eterna y echarás de menos esos abrazos siendo tú quien necesite su compañía.
Llegará todo eso que echas de menos cuando te conviertes en padre, volverá, pero mientras vuelve tienes algo de lo que disfrutar y aprovechar porque cuando quieras darte cuenta se habrá ido.

La vida te  ha dado la grandísima oportunidad de ser padre, disfruta de lo que tienes.

Fuente: Criar en positivo