José Alcántara Almánzar: la importancia de la lectura en los jóvenes

Por: Carolina Jiménez

 

Educador, narrador, ensayista y crítico literario, son parte de los oficios que acompañan a José Alcántara Almánzar, sociólogo y director del Departamento Cultural del Banco Central de la República Dominicana desde 1996.

En sus inicios fue profesor de idiomas, literatura e historia en su ciudad natal, Santo Domingo. Enseñó sociología en varias universidades dominicanas. Entre 1987 y 1988 fue profesor Fulbright en el Stillman College, Tuscaloosa (Alabama), Estados Unidos. Algunas de sus publicaciones más trascendentales son: “Viaje al otro mundo”, “Callejón sin salida”, “Testimonios y profanaciones”, “Las máscaras de la seducción”, “El lector apasionado”, y su más reciente “Cuentos para jóvenes”.

Para Alcántara, la lectura no solo es importante en el aprendizaje y la adquisición de conocimientos de los jóvenes, sino que también es imprescindible para su formación. “Leer es un modo de ampliar nuestra visión de los seres y las cosas, y sobre todo, el método más efectivo para conocernos. Estoy convencido de que la buena lectura nos hace mejores personas”, agrega.

Al conversar sobre el valor que se le debe otorgar a los concursos y proyectos que tengan como objetivo incentivar a los jóvenes a la lectura, afirma que: “Acercan a los jóvenes a un universo nuevo donde la lectura se convierte en cómplice de un viaje interminable, y al mismo tiempo, permite desarrollar destrezas a veces desconocidas por el propio sujeto, como su imaginación y su capacidad creativa”.

Cuatro autores dominicanos que recomienda Alcántara a los jóvenes son: Juan Bosch, autor de unos cuentos estremecedores que siguen encantando a quienes los leen; Franklin Mieses Burgos, un paradigma de la poesía contemporánea que deslumbra por la perfección de sus versos; Pedro Henríquez Ureña, un artífice del ensayo y la crítica; y Manuel Rueda, un renovador de la poesía, maestro de la narrativa, el teatro y el ensayo.

Alcántara considera que los maestros de centros educativos deben motivar a los estudiantes a la lectura. “En lugar de asignar lecturas y poner tareas, recomiendo trabajar la práctica en el aula. Leer en voz alta a cargo de los educadores y también de los alumnos, hacer comentarios sobre lo que leen e intercambios entre condiscípulos acerca de las lecturas. Nada hay mejor que la lectura de viva voz para asimilar y recordar siempre lo enseñado”.

Conocer si cada libro tiene una edad e identificarlo, es  un misterio. La explicación que da Alcántara es que hay libros antiguos que se mantienen lozanos y son leídos generación tras generación, con mirada distinta pero con parecido entusiasmo. Sin embargo, señala que hay libros que se olvidan muy pronto y nadie lee, aunque hayan sido publicados ayer.

“El Quijote es buen ejemplo de lo primero. Tiene cuatrocientos años de edad y sigue apasionando a los lectores de todas las edades y latitudes. Esto se debe a las verdades eternas que proclama su héroe, su sabiduría y su humanidad, así como la belleza de la escritura tallada por un artífice del idioma como Miguel de Cervantes y Saavedra”, argumenta.

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