Los Reyes no traen sólo juguetes

Beatriz G. Portalatín

Llegó el Día de Reyes, el más esperado por los pequeños de la casa y, por qué no decirlo, también para los que ya no son tan niños. Hoy, esos locos bajitos, que cantaba Serrat, abren sus regalos. Algunos ni siquiera pegaron ojo y otros se despertaron antes del amanecer gritando a sus padres que se levanten porque han venido los Reyes Magos: “¡Que ya han llegado los Reyes!”

La ilusión no se concentra en el número de regalos. Los pequeños anhelan más si cabe el instante de abrir los paquetes. No hace falta que el salón esté repleto de ellos para hacerles felices, basta con tener los justos y necesarios para que realmente disfruten; basta con regalarles algo que realmente deseen con todas sus fuerzas, como tiempo para jugar en familia. Aunque suene extraño, los niños disfrutan más jugando con sus padres y hermanos que solos con sus maquinitas otabletas. ¿Cuál será el mejor regalo que pueden traerles sus majestades, Melchor,Gaspar y Baltasar?

“Si tú le preguntas a un niño qué es para él un día agradable, no te dirá que un día jugando con su tableta o con su videojuego favorito”, afirma a EL MUNDO el psicólogo Javier Urra, director de UrraPsicólogos, UrraInfancia y director clínico del programa RecURRA-Ginso.

“Te dirá que lo que realmente le hace feliz es salir al campo a disfrutar de la naturaleza o ir a la ciudad para conocer algo nuevo con sus padres, familiares y amigos. Hacer excursiones para ver cosas nuevas o reunirse en casa de amigos de sus padres que tengan hijos de su edad y poder pasar el día todos juntos. También les gusta mucho interactuar con distintas generaciones, es decir, juegos de mesa donde puedan participar todos, padres, tíos, abuelos…”.

Los niños reclaman más tiempo libre al día con sus progenitores y diferentes estudios dan muestra de ello. Una investigación dirigida por Urra en 2015, Estudio TriNa de la Diversión en Familia -para el que se hicieron 5.000 entrevistas-, señaló que un 63% de los niños (entre seis y 12 años) quería pasar más tiempo de ocio con sus padres, sobre todo aquellos que tenían entre seis y nueve años. Pero la cuestión no es estar más tiempo, sino la calidad de esos momentos. Es decir, “no se trata de estar por estar, compartiendo un espacio, sino de interactuar con ellos, de hacer juntos alguna actividad, de jugar. Quieren que los padres sean participativos con ellos”, explica este psicólogo.

Pero el ritmo de vida actual, en el que la prisa, las obligaciones y los deberes son el pan nuestro de cada día, hace casi imposible pasar más tiempo con los hijos. De media, según aseguran algunas publicaciones, el tiempo de ocio que pasan los padres con sus hijos es de entre un 10% y un 20% . “Tenemos un problema grave con el tiempo familiar, y la solución pasa, ante todo, por la conciliación. Esto requiere voluntad política y empresarial. Sin conciliación y sin unos horarios racionales mantener una vida personal y familiar satisfactoria es imposible”, asegura Mariola Lorente Arroyo, investigadora de la Fundación Universidad de Padres.

“Es imprescindible dedicar tiempo cada día a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Un rato de desconexión de puertas para afuera para centrarnos en la familia: jugar, una cena tranquila, una charla sobre cómo ha ido el día…”, añade.

A modo de consejo y para que los padres puedan hacer más cosas junto a sus hijos, Lorente señala que “una idea estupenda y que a los niños les encanta es regalarles una libreta de cupones”. “Se puede hacer a mano o buscar algún modelo en internet, y es tan sencillo como elaborar vales canjeables que el niño usa cuando le apetece: escoger una actividad para hacer en familia, una película para ver todos juntos, leer un cuento, elegir un juego de mesa, visitar un museo, preparar su cena favorita o asistir a un concierto o a un evento deportivo”.

Dedicar tiempo a jugar con los hijos es clave y uno de los objetivos es conocerse más entre todos los miembros de la familia, no sólo que los padres conozcan más a sus hijos sino también al revés. En el tiempo de juego, sostiene Urra, se aprovecha el momento para hablar de las cosas que han pasado, para saber cómo se comporta uno u otro y, en definitiva, para conocerse.

“Es muy importante que los niños fomenten su creatividad”, afirma. Para ello, no hace falta jugar con nada material, se puede por ejemplo jugar a las películas, a los disfraces o al juego de los personajes: “No se precisa nada económico, pero sí ganas e ilusión”, cree.

No debemos olvidar tampoco que los niños tienen necesidad de jugar, y además, se convierte casi en una obligación para el desarrollo de muchas capacidades que el juego da tales como “la curiosidad, la experimentación, la posesión y utilización del objeto, aprender a dilatar la gratificación, a superar la frustración…”, enumera Petra Mª Pérez Alonso-Geta, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia y miembro del Observatorio Infantil del Juego. “A través del juego, el niño aprende y crea su lugar en el mundo”, afirma.

También es fundamental la interacción con otros niños “porque en esa relación pueden surgir posturas contrarias y, si uno quiere seguir jugando, tiene que saber acatar unas normas y unos límites”, expone la experta.

Pero también es clave un tiempo de juego y ocio con los padres y familiares porque así lo demandan los pequeños. De hecho, en el informe Juego y Familia, elaborado por esta misma profesional y promovido por OJI hace cuatro años, ya se mostraba cómo el 60% de los hijos reclamaba más tiempo de juego con sus progenitores: “Los padres tienen que ser conscientes de la necesidad de jugar que tienen sus hijos y que esa necesidad no se supla con los juegos tecnológicos”.

La aparición de las tabletas y los juegos digitales ha hecho que los niños “se entretengan y los padres puedan seguir haciendo sus cosas, pero eso no es un juego socializado sino un juego panorámico en el que no se experimenta”, aclara Pérez Alonso-Geta.

Además, Javier Urra insiste en que “es un mito que a los niños sólo les gusten los videojuegos”. Es cierto que “tampoco los debemos demonizar [los juegos electrónicos] pues los niños aprenden con ellos ciertas estrategias destrezas”, sostiene Pérez Alonso-Geta.

Tan sólo hay que recordar que no hay que abusar de ellos. “Hemos de tener en cuenta que la edad de juego tiene unas edades muy concretas (desde los tres o cuatro años hasta la preadolescencia) que no se puedan desaprovechar dándole al niño una maquinita para que esté entretenido. Es una etapa maravillosa que fundamentalmente tienen que cubrir con juegos que impliquen relacionarse con otros”, concluye.

A la hora de decidir qué regalar a los niños, se deben seguir ciertos parámetros. Los pediatras miembros de la web Top Doctors sostienen que “los menores de dos años no necesitan apenas juguetes y los que se regalen deben favorecer la estimulación psicomotriz, la maduración del lenguaje y la sociabilidad”. Para niños de dos a cinco años, “se recomiendan juguetes que estimulen la imaginación, la memoria y habilidades manuales”.

En la etapa escolar, “son útiles los juegos que requieren normas y otros jugadores con el fin de desarrollar razonamientos mentales”. Y es muy importante fomentar la lectura en todas las edades. Por último, y con respecto a los juguetes electrónicos, “les pueden aportar habilidades que les van a ser muy útiles en el futuro, pero es importante limitar el tiempo empleado”.

La regla de los cuatro regalos

 

Algo para leer

Fomentar la lectura es una de las mejores opciones y, además, incentiva la imaginación y la creatividad. Es un regalo útil y adecuado para todas las edades porque también engloba los cómics y los álbumes ilustrados. Los requisitos a seguir son que el libro se adapte a los gustos del niño y que, naturalmente, sea una lectura adecuada a su edad y también a su capacidad.

Algo deseado

El juguete que ellos hayan pedido a los Reyes Magos con todas sus fuerzas, aquel que desean ver bajo el árbol, junto a su zapato, mañana temprano. Aquel regalo que llevan meses pidiendo y no paran de soñar con él. Por ejemplo, ese Scalextric que usted sabe que no para de pedir, la bicicleta de la que no para de hablar y que le hará una ilusión loca y sentirse feliz.

Algo necesario

Puede ser algo de material escolar que necesiten porque se les haya quedado viejo o se haya roto. O material deportivo, como una raqueta o un balón de fútbol o baloncesto, según el deporte que les guste. Si les interesa la música, se puede regalar un reproductor musical, o un CD de su grupo favorito, o material para explorar posibles aficiones nuevas, como pintar.

Algo útil

La ropa y el calzado siempre vienen bien y será útil no sólo para los niños sino también para los padres. Se pueden regalar desde zapatillas de deporte hasta ropa para estar en casa o pijamas, sudaderas, jerseys, ropa deportiva si el niño practica algún deporte… Es importante, eso sí, respetar los gustos de los pequeños y, también, que estén acorde a su edad.

Fuente: elmundo.es/

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